4 de abril de 2008

Pablo Ramos: tan violentamente dulce

(Nota: Una versión reducida de esta nota salió publicada en Revista Guapo Número 4)

Foto: Alejandra López


por Rufián Melancólico

Espero a Pablo Ramos en su bar (Mataron a Kenny) durante un par de horas y no aparece. La respuesta al plantón viene unas cuantas horas más tarde en un e-mail que me manda:

Perdón, loco, pero llegué de Córdoba

con un amigo terminamos en cana

y perdimos el avión

¿cuándo nos vemos?

perdón, perdón, perdón”

Casi una semana después, camino junto al escritor. Me pide que lo acompañe a comprar café para poder invitarme una taza mientras hacemos la entrevista.
Cruzamos a un típico almacén de barrio que persiste sólo porque estamos bien inmersos en un barrio-barrio y porque estamos en La Paternal.
En el camino me cuenta que había ido a acompañar a un amigo a presentar un libro en Córdoba y que éste se emocionó tanto con la presentación que terminó tomando unos cuantos fernets de más, abofeteó al conserje del hotel, usó un extintor de fuego por los pasillos y quiso trompear a un policía cuando fueron a buscarlos.
«Tuve que pagarle $150 al cana para que no molieran a palos a mi amigo en la comisaría. Sólo para eso» dice.
Y así es Ramos: comprometido hasta el tuétano con lo que cree, con los que quiere, con lo que siente y también, claro, con la literatura ajena y la propia.
«Yo estoy tan al servicio del personaje que estoy actuándolo» comenta «estoy viviéndolo, le pongo mi carne al personaje, soy el personaje. Me convierto yo en una expresión autobiográfica del personaje» y esto dice, le trae problemas en su propia vida. Como por ejemplo cuando abandonó 6 años de abstinencia alcohólica porque sintió que no podía defraudar al personaje de su última novela en el momento en que éste mismo abandonaba su propia abstinencia. «Me recriminan, “No hace falta me dicen. Te agarraste un pedo el día que tu personaje recayó”» y él se defiende: «No podía traicionar a mi personaje». Atento a lo que puede llegar a generar lo que dice se apura a aclarar: «Esto no es una postura, porque sigo estando en mi casa en La Paternal, igual que antes, cuando no me conocía nadie.»
Esa misma casa es espaciosa y respira literatura: en sus recovecos oscuros, en la gran biblioteca que completa el espacio donde Ramos dicta sus talleres literarios, en el estudio donde está la máquina de escribir (aclara que todavía no pudo encontrar la forma de escribir en PC) y su pequeña biblioteca de religión y espiritualidad en su estudio y en el cuarto de al lado, donde su mujer repasa el progreso de las ediciones que está encarando Ramos con un nuevo sello editorial que pronto saldrá al mercado.
Así se maneja el escritor, con códigos que son los de antes, con alma de barrio y con gestos de compañerismo que casi obligan a una pronta amistad con él. Al menos una inmensa simpatía.
Entramos al almacén, compra dos tarros de Café, se queja del precio de los tomates con los muchachos que atienden el negocio, compra un racimo de bananas y un poco de mandarinas. Dirá que le gustan las frutas muy dulces, que añora Brasil, donde ya vivió un tiempo, donde hay una variedad inimaginable de bananas. Le suman la cuenta, $12,70 le dice el muchacho. Ramos paga con $14 y para redondear la suma busca un par de sobrecitos de jugo en polvo a $0,70 cada uno.
«Te debo 10 centavos» le dice al verdulero que lo mira con poca simpatía.
Volvemos a su casa y ahora invita un café y un pedazo de torta de mandarina que le quedó de hace un rato, cuando un amigo se la trajo como ofrenda por haber escrito su último libro ( La ley de la ferocidad, Alfaguara 2007) y haberlo conmovido del modo en que lo hizo. «Nunca recibí tantos gracias por La ley de la ferocidad.Me mandaron muchos mails con títulos así: Gracias por La ley de la ferocidad» dice y genera la sensación de estar frente a uno de esos escritores que todavía pueden sentirse orgullosos de conmover a sus lectores. «Yo creo que ese gracias no está dirigido a la estética sino al corazón puesto en esa novela». Continúa con esta idea cuando dice que para él un escritor que cree que «la literatura es una comunicación de un intelecto a otro, no tiene nada de literatura. La literatura es algo mucho más profundo, es la comunicación de un ser íntegro, completo, falente, a otro ser, íntegro, completo y falente. En esa comunicación sucede algo como puede suceder al hacer el amor.»
Pablo Ramos escribe narrativa desde hace unos 6 años (empezó a los 35 y ahora tiene 41). Su primer libro de cuentos (Cuando lo peor haya pasado, Alfaguara 2004) ganó dos premios muy prestigiosos: el Fondo Nacional de las Artes (Argentina) y el Premio Casa de las Américas (Cuba)
En el medio vivió momentos duros: «Hubo 10 años de mi vida en los que me dediqué a tomar. Trabajaba para tener diferentes marcas de Whisky, tomaba cocaína para poder seguir tomando Whisky, todo lo hacía en función de tomar. Cobraba una guita, sacaba lo de mis hijos y después calculaba: con esto me compro 3 botellas de Daniell´s, probaba diferentes marcas y al final terminaba con un tetra-brik tirado en la calle» Su adicción, también es parte de su forma de ser, de su compromiso completo con todo y todos: «Tengo una energía desbordante. Esta novela la escribí en 1 año y la corregí en 4 meses. Cuando me pongo a escribir escribo 15 horas por día, cuando me pongo a tomar, tomo 15 horas por día.» Así con todo dice y lo demuestra: «Pongo tanta energía en todo lo que hago que si esa energía la pongo en consumir alguna droga termino en una sobredosis».
Antes de dedicarse de lleno a la literatura, Ramos se desempeñó en una gama diversa y extravagante de trabajos: «Hice de todo: canillita, repartidor de flores, electricista, tuve una empresa enorme, fui dibujante técnico, ayudante de cocina, cocinero, mozo, vendí libros en la calle, no terminé la secundaria pero hice de todo.»
Aclara que como Roberto Arlt, una de las figuras que más admira del campo literario, el tampoco terminó sus estudios. Y que igual que el anterior, también tiene errores de ortografía en sus originales y que no le da vergüenza mostrarlos, asumirlos y aprender en el camino. «Yo por ejemplo cuando escribo tengo faltas de ortografía, algunas todavía me quedan, no tuve educación y no me da vergüenza mostrárselo a mis alumnos. Sé que no es muy común. Sé que este tipo de cosas se esconden. Mucha gente se muestra ante los pibes que empiezan a escribir como el gran talento al que todo le sale de arriba y eso es muy tremendo cuando a uno le sale un primer borrador muy malo y dice: “¿Cómo habrá hecho éste tipo?”».
La tarde empieza a caer en el caserón que se oscurece con el cielo gris de una lluvia pre-primaveral. La ambientación perfecta para la conversación que ahora nos lleva a las zonas góticas de su narrativa, la oscuridad, los sentimientos duros que inundan sus novelas, pero que él aclara, matiza con mucho sentido del humor.«Me interesa la muerte. Un día cómo hoy, con esta lluvia, yo apenas termino de dar clase me voy a caminar por el Cementerio de la Chacarita. Es mi lugar para pensar.» Luego dice que para él todo eso tiene un aire místico que le fascina, que le acorta los caminos.
Lo veo a Ramos sentado frente mío. Miro sus libros y le hago notar que tiene un par de Bukowski. Me dice que sí, que hay muchos que no lo entienden acá, que para él, es uno de sus pilares. Lo miro de nuevo a Ramos. Se parece un poco a Charles Bukowski. Se parece físicamente (calvo, con pancita, de vez en cuando se calza una gorra de lana parecida a la que inmortalizó el estadounidense en más de una fotografía), se parece en su relación traumática con el alcohol, se parece en el compromiso con su propia literatura y se parece en lo que escribe: violento y dulce al mismo tiempo.
Lo llaman por teléfono. Por lo que escucho que el dice es una futura alumna: una chica que todavía no escribió nada, que quiere aprender.
«¿Qué te gusta leer?» pregunta él y luego acota con humor: «Ah, pero empezaste mal si lo que más te gusta es lo que escribo yo».
Cuando corta busca algunas fotos, recorre un cajón lleno de recuerdos. Me muestra una en la que hay una 4x4 y aclara que es de la época en la que tenía su empresa. Pasan fotos con su padre, fotos con la guitarra (esa otra gran pasión de Ramos que lo llevó a la literatura de la mano de escribir canciones para su banda de rock en la adolescencia), hablamos de fútbol: Racing, Independiente, Arsenal, Sarandí, el barrio. Pasa una foto de Ramos desnudo en un hotel. Su mujer pasa, la ve y le dice que estaba flaco en ese momento, pero que ahora igual es hermoso.
Miro la hora, me tengo que ir.
Me despido de él por hoy y quedamos en vernos otro día, para conversar, para volver a empaparme de su voz pausada y clara, para volver a estar cerca de un tipo común, lleno de ideas y con una voz propia y una forma potentes con las que decirlo.

8 comentarios:

AbrazoLasSombras dijo...

buena nota, cabeza. yo también lo siento muy cercano a Ramos, y lo vengo siguiendo hace un tiempo. cuando agarré "lo peor ha pasado" y me econtré con que algunos cuentos sucedían en mi barrio (justamente la paternal) me agarró una especie de orgullito íntimo, pero fundamentalmente por la sensibilidad con que era expuesto, similar a mi manera de vivirlo. por ejemplo la escena en la que se queda conversando con el viejo kiosquero en un día de lluvia. y aparte de la afinidad con Buk, esa otra que el mismo señaló en alguna oportunidad, con más puntos de contacto en mi opinión, con Carver, no?

Diego dijo...

Impresionante como te estás codeando con famosos. Cuidado que debe ser adictivo.

Las Potras dijo...

Este blog es fermoso, famoso, finojoso, brioso, autentico, incansable

au

as otras

Estrella dijo...

Como el último libro de Ramos me tuvo cabizbaja varios días, leí con mucho interés esta ¿entrevista?
Dejo un link sobre lo que en su momento escribí sobre el La ferocidad.

http://muymuytantan.blogspot.com/2007/08/la-ley-de-la-ferocidad.html

M dijo...

che
me encantó lo q escribiste sobre pablo. es muy así.
maría.
te hago una pregunta: quién era el escritor q llevó su libraco pa vender en el después, q leyó dos fragmentos de su novela? te acordas? eran una minita y un tipo alto, morochón.
te mando un saludo, soy maría.
creo q le escribí a otro del grupo pensando q eras vos. uh que bajón.
no sabía q tenias blog

Hebert Zarrizuela dijo...

Muy bueno, che. Te visitaré más seguido. Un abrazo desde Uruguay.
HZ

Hebert Zarrizuela dijo...

Muy bueno, che. Te visitaré más seguido. Un abrazo desde Uruguay.
HZ

Alita dijo...

Llegué acá buscando algo sobre Ramos a quien no leí y no conocía. Me gustó muchísimo tu nota.
Saludos, ALejandra