8 de agosto de 2008

Una infancia menemizada

Hoy pasé por la puerta de mi colegio primario. Venía caminando por Pichincha y cuando llegué a Hipólito Yrigoyen lo vi: el viejo edificio de paredes granito gris.
Ya no es más un colegio primario-secundario y Jardín de infantes. Creo que ahora es un edificio privado. Alguien lo habrá comprado y le habrá restituído su función primigenia: Mansión en un barrio que no acostumbra esos lujos; Balvanera.
En frente estaba la Plaza todavía. Ahora enrejada.
Decían que antes había sido un cementerio y nunca supe si eso lo decían en serio o era sólo para asustarnos.
Tenía la fantasía de que si hacía un pozo profundo en la arena me iba a encontrar con huesos humanos.
Siempre veíamos vagabundos durmiendo en los bancos de la Plaza y las maestras no nos quitaban la vista de encima las veces que por alguna amenaza de bomba nos mudábamos a esa plaza. Como si una bomba que fuera a explotar en el colegio no nos fuera a hacer mierda si estábamos en la Plaza.
Fue todo un tema lo de las amenazas de bomba, en especial después del Atentado a la AMIA.
El atentado a la Embajada no afectó demasiado nuestra cotidaneidad; después de todo era un objetivo militar. Pero la AMIA fue otra cosa.
Hacíamos natación en Hebraica, donde ahora laburo, y cuando voló la AMIA, a la semana siguiente mudaron la actividad: fuimos a hacer nado en un club católico, apostólico, romano y lejano a cualquier tipo de amenaza terrorista.
Así era mi colegio; se decía Progresista, se enunciaba del Siglo XXI y daba volantazos temerosos en medio de la tormenta. Como cualquier Progre.
Se llamaba Instituto Acuario y la calcomanía que decora la ventana del cuarto de mi hermano es de las pocas cosas que conservo de la parnafernalia casi proselitista con la que el Colegio Privado en tiempos de Privatización se hacía marca.
Acuario era por eso de “La era del Acuaaaa-ri-oooooo”. Nunca supe qué significaba, pero sí que tenía algo que ver con el hippismo. Siempre me pareció una pedorrada. Me daba vergüenza decir que iba al Acuario cuando me preguntaban por mi colegio. Es una vergüenza que no se fue del todo hoy en día.
Mucha gente conocía y conoce al Instituto Acuario. Es casi como la teoría de los 6 grados de separación: juntá una cadena de 6 personas o menos y vas a llegar de algún modo a alguien que haya ido al Acuario, al menos un año o dos.
Preguntale al hijo de algún famoso y vas a ver que seguramente fue al Acuario.
Podría dar nombres, pero no es lo mío ir haciendo eso.
En su momento era un colegio muy cool y muchos hijos de famosos, intelectuales progres cayeron en sus garras.
No sé si es estrictamente así, pero creo que eran el Jean Piaget y el Acuario los dos colegios que competían por una misma franja de público.
Yo pasé por los dos. Primeros años de Jardín en el Jean Piaget, cuando todavía estaba ubicado a la vuelta de casa (en José M. Gutierrez entre República de la India y Lafinur) y cuando se mudó a “Rossetti” (así, metonímico como Puán) me fui para Acuario.
Estaba en preescolar y el colegio quedaba en Quirno Costa (así, metonímico como Puán y Rossetti).
Hasta 2do grado entonces fui al colegio en Quirno Costa hasta que el colegio Cristóforo Colombo reclamó lo que era del César y se quedó con el edificio. Nos mudamos al edificio por cuya puerta hoy pasé.
Como dije, era una mansión antigua que había pertenecido a los hermanos Spinetto, los dueños del Shopping que se ubicaba y se sigue ubicando a unas pocas cuadras.
Ese que fue uno de los primeros “Centros Comerciales” en la Ciudad de Buenos Aires es hoy acaso el Shopping de clase media lumpenizada por excelencia.
El colegio era doble turno y ofrecía la opción de pasar los almuerzos con diversas opciones: llevarte tu propia vianda o pagar un extra para que te incluyeran en la lista del cátering que la escuela había contratado.
En casa mamá siempre me mandaba vianda. Era la época del furor de esos termos que no servían para nada. Termos de plástico con tubo de vidrio en el interior que a lo sumo habrán sido pensados para contener café caliente y que mamá hacía rendir como viandera. Metía ahí adentro los cappelettinis recién hechos, a eso de las ocho de la mañana para que al llegar las doce del mediodía todavía conservaran su calor.
Era sacarle la tapa al termo y desparramar la torre de pasta comprimida en el plato. En algún punto hasta era gracioso. Cuando los sacaba del termo y los tiraba al plato quedaban como una torre de pasta pegoteada y húmeda, blanda e imposible de volver a separar para que cada uno de ellos adquiriera su individualidad
Un día, a un grupito de los chicos más populares de mi grado (que coincidían según creo con los que más plata tenían) se le ocurrió que por qué no pasaban esos almuerzos en el Spinetto, total estaba a dos cuadras nada más.
Desaparecían de los almuerzos, iban a comer al Spinetto y volvían a la hora en que empezaban las actividades de la tarde.
No habrá pasado mucho tiempo hasta que uno a uno fuimos copiando la idea y pronto en el colegio a la hora del almuerzo no se quedaba nadie.
Era la época del Mc Combo a $5 y entonces, entre una y dos veces por semana invadíamos en contingente el Shopping que vivía su época de esplendor.
Si hasta filmaron escenas fundamentales de Exterminators 3 (con Francella y el pibe que después se hizo mercoso o chorro o algo así) en ese mismísimo patio de comidas que frecuentábamos los mediodías.
Había otra opción de comida barata: las empanadas de carne cortada a cuchillo de una pizzería del patio de comidas estaban a $1 la unidad. Un helado soft en la heladería Massera creo que también salía eso y podía venir en vainilla o chocolate. Sin dudas el chocolate artificial en forma de helado más rico que haya probado.
Yo quería ahorrar para comprarme una tele para mi cuarto y entonces exprimía cada centavo (¡Exprimir CADA centavo!) hasta el punto que no se me metía en el torrente sanguíneo pero casi. Me llevaba una latita de Coca de casa, me compraba una empanada, un helado soft y me guardaba el resto que me quedaba de lo que me daba mamá para almorzar. No me acuerdo cuánto era, pero con suerte me sobraban $5.
Después de almorzar íbamos a jugar en con los jueguitos que había al lado del patio de comidas. En época de ahorro sustituía el placer de jugar por la contemplación de cómo otros se dedicaban a hacerlo.
Volvíamos al colegio repletos de comida, justo para ir a alguna clase de Taller Deportivo que era ir a jugar al Fútbol y al Handball en Open Gallo o en esas otras canchitas que quedan por Corrientes y Riobamba, acá, a dos cuadras de donde laburo.
Y si no estábamos lo suficientemente llenos, siempre quedaban las máquinas expendedoras.
Había dos: una de Coca-Cola y otra de golosinas. ¡Era la modernidad que se nos venía encima!
Cuando pusieron la expendedora de golosinas la echaron a Estela, la señora de ordenanza que atendía un kisoquito naturista, impregnado con el espíritu del colegio en sus épocas de Quirno Costa.
Ese espíritu empezó a morir cuando tuvimos que mudarnos y para eso se recurrió a los favores financieros de un tipo que se olvidó un poco del espíritu de Acuario y empezó a buscar un poco del espíritu del papel moneda.
Mamá se enojó mucho cuando la echaron a Estela. Mamá trabajaba en el colegio, en la parte de Jardín de Infantes. Era la vicedirectora del turno tarde.
Alguna vez me trajo algún pequeño problema. Pero eran más los beneficios: como era amiga de la Directora de Primaria siempre tenía algún mínimo de tolerancia extra si me mandaba alguna cagada y algunas veces cuando salía, estaba allá para pasar a buscarme y llevarme a casa, previo paso por el almacen de la vuelta, que todavía vendía galletitas sueltas (Boca de dama con chocolate, anillitos, melba), o a la panadería de la otra esquina.
Algún almuerzo también habré tenido con ella en la pizzería La posta, que quedaba y todavía queda en la esquina.
Hoy, cuando pasé por ahí, vi que todavía seguían todos esos negocios, casi petrificados en el tiempo. Si hasta estaban el videoclub sobre Pichincha que me vendía los juegos del Mega Drive y la casa de electrodomésticos, también sobre la misma cuadra que cumplía la misma función para mí.
El almacén ya no vende más galletitas sueltas.
Hice toda mi primaria en Acuario. Mi heramano no. Creo que llegó hasta quinto grado y lo cambiaron a uno estatal, justo cuando yo terminé séptimo. Era 1996. La situación económica en casa ya no era tan esplendorosa y el colegio ya empezaba a dar signos claros de decadencia.
Mamá siempre sostuvo que primero fue la máquina de golosinas. Un elemento del primer mundo incrustado en nuestro tercermundismo con aspiraciones. Y además un elemento de corte tan netamente yanqui: la máquina que vendía golosinas. La máquina que vendía azucar y me hacía engordar. Mamá se preocupaba mucho por mi peso y se quejó ante sus jefes, que eran obviamente los que manejaban el colegio, por el hecho de que cuando ella me quería instruir en una dieta sana se me estimulaba con esa máquina bendita y la habían echado a Estela que vendía sus manzanas rojas.
No le hicieron caso. Después de Estela echaron a Susana, una de las directoras de Primaria. Y después de Susana… Mamá ya sabía que le tocaba. Llegó a un acuerdo decoroso y se fue.
La otra directora pensó que a ella no la iban a tocar. Era una de las socias. Pero también la fueron cuando yo ya había terminado.
Pero antes de todo eso ya habían incorporado el edificio de al lado para hacer la secundaria.
Eso estuvo bien, porque cuando jugábamos al fútbol en la terraza y se nos iba la pelota al edificio de al lado era medio jodido pasar por la reja. Del otro lado estaba la casa tomada, los vidrios rotos en el piso, la basura acumulada y expuesta al sol, los otros, los negros harapientos que nos miraban con una mezcla de envidia y asco. El mismo asco de clase que nosotros sentíamos por ellos y la misma bronca suya por nosotros cuando no nos devolvían la pelota y se la quedaban.
Todo eso se solucionó cuando compraron el edificio para hacer la Secundaria. Barrieron con todo y pusieron unas instalaciones impresionantes, con un laboratorio de Biología que daba pavor verlo de tan sofisticado.
El Instituto Acuario entraba al primer mundo y ¿Qué mejor que celebrarlo con todo? Para eso compraron el edificio de la esquina de Pichincha e Hipólito Yrigoyen. Justo la esquina por la que pasé hoy.
Su idea era construir un edificio que contuviera todas las necesidades que teníamos como colegio en un anexo que nos permitiera ahorrarnos el viaje al Open Gallo.
Había planos y proyecciones colgadas en la recepción, esa que te recibía apenas subías las escaleras de mármol y por la que no tenías más opción que pasar para llegar a cualquier lugar del colegio.
El nuevo edificio seguro que también iba a tener un piso dedicado para las exposiciones de Ciencia que hacíamos, las exposiciones de plástica que hacíamos, las exposiciones de cualquier tipo y factor que se hacían en el colegio.
Me acuerdo de la palmera gigante que ocupaba el centro del arenero, al fondo, lo usaban sobre todo para el Jardín de Infantes pero a veces nos tocaba.
Atrás de ese árbol si no me acuerdo mal, Ignacio le mostró la verga a Carla y ella no dijo nada.
Debió haber sido una especie de tributo a la chica que todos los chicos querían darle aún antes que supiéramos qué significaba darle a alguien.
Seguro que los campamentos que hacíamos no los íbamos a poder hacer en el Edificio Nuevo. Necesitábamos algunos árboles, algo de pasto, y el rugido de los leones del zoológico de Cuttini que estaba al lado del campito al que íbamos. Creo que cuando se dijo que uno de esos leones se había comido a una nena dejamos de ir a acampar a ese lugar.
Séptimo grado fue fugaz en mi recuerdo. Pero intenso. Todavía tengo la remera del uniforme del colegio, desflecada y sin firmas. No la pasé para que me la firmaran por una mezcla de orgullo (esperaba que me la pidieran para pasarla) y factor antisocial-snob que ya iba perfilándose en mí. Lo único que dice esa remera es “RACING CAMPEÓN” que escribí yo. Aunque todavía faltaban cinco años para ese 2001 en que me enteré, estando en Amsterdam, que finalmente, Racing había salido campeón.
Y hoy pasé entonces por ahí y lo vi al ex colegio. Poco después que yo me egresé, cerraron esa sede y se mudaron a otro lado. Duró unos pocos años más y después también cerró. Creo que ahora sus antiguos dueños subsiten con otro nombre, otra marca, quizás algo menos progresista y más Nac&Pop, para ajustarse a los tiempos que corren.
Hace pocos meses me reencontré via Facebook con un ex compañero que había dejado de ir a Acuario de la noche a la mañana. Al menos ese era mi recuerdo. Había sido mi mejor amigo ahí adentro y su partida resultó un golpe duro para mi infancia.
Se había ido a vivir al campo y nunca más había sabido nada de él, pese a mis intentos de volver a contactarlo.
Al menos le encontré una mínima utilidad al Facebook.
Hoy pasé por la puerta de mi ex colegio. No entré, ahora es un edificio privado. Pero hace poco sí entré al Spinetto. No es lo que era. El patio de comidas estaba desolado, cooptado por un supermercado que había sustituído los negocios independientes por sus bocas de expendio de comida pre-hecha.
Ese mismo patio de comidas que nos vio vivir a mí y mis compañertios los partidos del mundial de Estados Unidos ´94 y no, no había caso, ya desde esa época el fútbol me importaba poco y nada. Entendía tan poco como para escrbirme en la remera de egresados “RACING CAMPEÓN”.
Miento, no era el mismo patio de comidas. Ya no había empanadas a $1 ni Mc Combos a $5 ni helados de Massera, los videojuegos clásicos que alojaron esas paredes de techos altos ya no estaban (la saga de los Mortal Kombat, el Vendetta, el juego ese del holograma, Crusin´USA, Daytona USA en el que nos desafiábamos a competir cuando terminábamos de almorzar y nos sobraban algunas monedas, el de los Simpsons, Captain Commando y tantos otros) y habían sido reemplazados por el Pump it up o algún que otro juego decadente de esta época en la que los Arcades son especies en vías de extinción.
Pasé hoy por la puerte de mi ex colegio y vi su portón garage por donde salíamos a veces, me vi a mí mismo saludando a Lola, mi primer noviecita cuando tenía siete u ocho años, vi a mi vieja esperándome, me vi a mi mismo llorando, disfrazado del Padre de José de San Martín después de un acto porque Mamá, mi Mamá no aparecía, vi los fantasmas de la plaza, esos fantasmas que nunca antes había visto. Lo vi todo de nuevo.
Y el edificio nuevo, el edificio que iba a completar el colegio, que iba a ubicarnos como la vanguardia de los colegios privados, seguía ahí. El mismo esqueleto de hormigón sin terminar que quedó paralizado allá por 1993 y nunca más avanzó.

33 comentarios:

Cassandra Cross dijo...

Así y todo como lo leí yo, a los tropezones y sin respirar, me gustó muchísimo este relatu, Rufián.
Es maravilloso poder conservar esos recuerdos. Conozco gente que eligió descartarlos y me parece tristísimo.

Me dio mucha nostalgia de mi propio colegio provinciano, también privado, donde transité todas las etapas de escolaridad; desde preescolar hasta el secundario. Ese lugar merecerá alguna evocación, estoy segura.

Saludos y gracias por este post de viernes.

Cassandra Cross dijo...

(Puse "relatu". Quedó rumanesco! :-S)

Horacio dijo...

Me gustó mucho, gran post. Yo conozco de nombre ese colegio, algún conocido mío fue -no recuerdo quién- y lo relaciono absolutamente con el menemismo y los 90'. Lo del Spinetto, también muy bueno, ya no existe ese shopping; o sea, sí, existe pero es un lugar bastante más espantoso de lo que era, casi ni tiene iluminación y no va nadie.
A mí lo neventoso me pega por el lado del Family Game, siempre. Claro que después está el Megadrive aunque, desde mi lectura, todo Megadrive es un Songa. En mi caso, también estaban las "salidas" en grupo al Spinetto o al Shopping Avellaneda (estas más osadas, dado que era ir a Provincia en el 95...que te dejaba en la puerta). Post movilizantemente generacional, sí, sí.

saludos

Horacio dijo...

no salió el link, es este por si no lo ubicás.
http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-38253740-sega-songa-2-joysticks-_JM

Maguila dijo...

Excelente relato, pero me hizo sentir viejo, en mis épocas de secundaria todavía había Pumper Nic, gobernaba Alfonsín y los precios subían. Yo en los 90' ya iba a la universidad, el mundial del 94' lo pasé estudiando alguna materia de cuarto año.

Rufián Melancólico dijo...

Muchas gracias a todos!

Y Horacio, claro, el Songa... cómo olvidarlo. Le dediqué la otra parte de mi infancia a eso. Debería escribir algo al respecto.

Adán Buenosayres dijo...

Yo fui testigo de todo eso. Es más, de manera casi simétrica compartí jardín de infantes, primaria y algo de secundaria con vos. En esos tres periodos recuerdo que hemos llegado a ser muy amigos y también nos hemos querido sacar los ojos una y otra vez. Es extraño como se dan determinadas relaciones en el tiempo porque más allá de ese pasado tan “lejano” guardo un buen recuerdo de todas las aventuras que compartimos.
El año pasado trabajaba como encargado de un bar muy top en colegiales, funcionaba dentro de lo que se llama la Algodonera, que es una ex fábrica de algodón que ocupa toda una manzana convertida hoy en departamentos de lujos donde viven ricos y famosos. Todos los días tenía que pasar por el Piaget para ir. Un día se me ocurrió ir y tocar timbre. Casi me echan a patadas, como en las puertas de los boliches cuando uno era joven y el patova no te dejaba pasar, exactamente lo mismo. Los maldije y después evité esa cuadra hasta que deje de trabajar. Del Piaget en concreto me quedan amistades pero ningún recuerdo bueno, ya de chico yo intuía muy bien que éramos clientes de lujo y nunca estudiantes.
Con Acuario me pasa algo muy distinto. Creo que parte de nuestra formación elemental se forjó ahí dentro (lo cual es una obviedad ya lo sé) y a la institución en sí le guardo mucho rencor. Me acuerdo de cosas realmente nefastas, explicaciones de que era el capitalismo dando de ejemplo a Estados Unidos y que era el comunismo dando de ejemplo a China “donde comen perros y no en Mc Donals”. Me Acuerdo de nuestro compañerito de apellido alemán cuyo padre tenía intereses económicos en la escuela y en el ambicioso proyecto del edificio de al lado (dicho así pareciera que nos referimos a Los Otros) que nunca llegó a concretarse pero que tenía que ser anunciado con toda la pompa. La ostentación en Acuario estaba a la orden del día, parte de la fiesta Menemista; más tenés y más móstras igual a lo poderoso que sos. Los padres abogados del freak de los cartoons eran un ejemplo de ello, o la hija del poderoso sindicalista que curaba su vitíligo en cuba (aunque hoy en día se aun gran amiga no puedo hablar de esos temas con ella). Creo que de ese enfermo grupo me llaman la atención dos personas. El hijo de los psicólogos socialistas de once que se comía las sobras que dejábamos en el Spinetto ahora transformado en lo peor de la derecha reaccionaria, tal vez tenga más sentido de lo que yo le veo.
La otra persona sos vos. A lo largo de estos años ( y he compartido varios cerca de tuyo) siempre tuviste una forma de ser semejante a la mía, me acuerdo como si fuera hoy cuando me mostraste en la biblioteca, acaso el único lugar salvable de Acuario, el libro donde violaban al viejo escritor y luego lo mataban. Me acuerdo de la última noche del viaje de egresados donde todos estábamos abajo menos vos, y en ese momento me pareciste un imbécil, pero hoy me doy cuenta que desde que te conozco por mas anti popular que resulte te mantenes fiel a vos mismo ( y según Hamlet eso es a lo que debe aspirar un hombre). Yo siempre tuve ideas cercanas a las tuyas, desde chico, supongo que por eso también hemos sido amigos y fuimos a ver Poliladron al teatro con tu mamá (que siempre me cayo bien) cuando el padre de mi hermana hoy jurado de Tinelli no pudo conseguir las entradas. Como olvidar la noche de metrópolis o la noche que fuimos a celebrar que se iba Menen del gobierno al obelisco y nos cruzamos pero no saludamos a nuestras maestras de Acuario o los primeros pasos en la defensa de los derechos humanos en Amnesty. Tal vez sea un poco sentimentalista lo que voy a escribir, alguna vez dijiste que escribía como para folletos de supermercado, pero en todos estos años y de esas tres etapas que transite con vos o contra vos hoy tengo más claro que nunca que siempre has sido el más capaz de todos. García Molina dijo una vez: “Soifer es un intelectual con todas las letras”, estaba acertado el viejo cansado lobo. Y sí, tenía razón.

Saludos y perdón por la extensión.
Pd: Mi primer libro de Bukowski me lo regalaste vos, y a mi novia le regalaste “En el camino”. Cuando seas famoso van a valer el doble.

giorgio dijo...

a continuación, el rufián le chupará las bolas a adán buenosayres...

Juliette dijo...

volviste ale?

Rufián Melancólico dijo...

No te preocupes Girorgio que no voy a lameer cojones. Intento mantener el nivel de homoerotismo de este blog lo más bajo posible para que no se generen confusiones incómodas.

Juliette: I´m back baby! Ya lo dije hace una semana.

Adán: Vamos a evitar la solemnidad del pedo de inglés.
Lo primero que me surge responder es que si te dije que escribías como para folleto de supermercado seguramente habrá sido en alguno de mis picos de desrpecio hacia vos. Es raro pero las cosas más hirientes me salen en los momentos menos pensados, cuando menos me doy cuenta que lo estoy diciendo.
"Clientes de lujo" creo que es una definición perfecta para lo que nos sucedió, cómo nos trataron.
No puedo evitar ver algo de ingenuidad en el grupo de Facebook que se creo sobre Acuario: recordarlo como si hubieran sido los años maravillosos, una forma bien posmo y romántica de tapar todo lo que significó. Sí, obvio que fueron maravillosos esos momentos y que el colegio fue el lugar que nos reunió, pero al mismo tiempo que vivíamos en esa burbuja de cristal todo a nuestro alrededor se derrumbaba y los "pibes chorros" del edificio de al lado o de la plaza o el vago que le chafó la gorra a Copquin cuando volvíamos del Spinetto y esa cuestión de separar los que íbamos a comer y los que se quedaban, todo eso, todo junto, más lo que mencionás, era todo parte de esa burbuja de champán menemista.
La educación que daba Acuario era sencillamente mala. Descomprometida, etérea, sin anclaje en la realidad... Creo que Acuario, Amnesty International, el humanismo de "La lista de Schindler" todo eso junto eran la misma representación de lo políticamente correcto e inservible.
No defendemos los derechos humanos de los que se cagan de hambre acá, pero salvamos a un soldado israelí maricón que no quiere defender a su país. De eso se trataba. Un compromiso light, edulcorado, cool. Y mientras tanto, en el cuarto de al lado, el pibe ese que ni me acuerdo cómo se llamaba se curtía a Drusila y nosotros que no nos animábamos a entrar a Metrópolis.
El problema de las infancias felices es que nos dejan con esa melancolía persistente en la boca.
Y si bien nuestra relación siempre fue de amor-odio (no hay espacio en el mundo para tanto ego junto) quizás mi debilidad que me imposibilita odiar a nadie haga que hoy pueda leer y acordarme de lo que me decís sin rencores y hasta con asombro.
No sé si soy la profecía de García Molina (gran profesor, gran hombre, me lo cruzo a veces en un bar que queda cerca de casa, pero por lo general estoy acompañado y no me da para mucho más que un saludo distante), pero al menos la lucho. Y siempre supe que lo que me pasaba a mí no era de mala leche. Que si no me comuniqué mejor con la gente fue porque no pude. Que si ese día no bajé al fogón fue porque no lo sentía, porque no entendí la práctica ritual, porque siempre viví adentro mío como cuando esa minita en 3er año me preguntó si vivía adentro de un raviol que no sabía quién mierda había sido Kurt Cobain.
Y así fue, lamentablemente para mí. Pero el otro día una lectora que no conozco me mandó un mail diciéndome que cuando ella tenía 12 años también, había leído el cuento de Bukowski famoso: El asesinato de Ramón Vasquez.
Vasquez, el apellido del dueño del colegio. Loco no?

El otro día, en la casa de una mina, agarré un libro de su biblioteca, uno de Bukowski que nunca había hojeado, lo abrí al azar y qué cuento apareció? El asesinato de Ramón Vasquez.
¿Me equivoco o vos eras afecto a esa frase de Borges que dice: "Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado en los mínimos detalles" o algo así?

Me alegra saber de vos, me alegra saber que seguís de novio con Tamara. Siempre supe que se amaban de una forma que nunca antes había visto en la realidad.
Conseguiste el romance literario, el romance de la ficción.

Saludos, gracias por estos recuerdos.

DRODRO dijo...

Facebook, un engranaje en el eterno retorno...

Carolain dijo...

Saludos desde el pasado =P Mi hermano fue compañero tuyo en Acuario, yo también cursé casi todo el primario en Acuario, desde segundo grado hasta egresar en 1999, caí acá vía Facebook.

Y qué sé yo, vivíamos en una nube de pedo ahí adentro, eso seguro. Cómo terminó el colegio fue clarísimo, y feo. Y siempre fue un colegio de progres de Barrio Norte que son divinos hasta que les tocan los bolsillos. Pero tuvo muchas cosas buenas, por lo menos durante varios años.. qué sé yo.. También vos tuviste un grupo de compañeros bastante particular, por lo que yo recuerdo eran gente con aún más guita y padres más asquerosos que otros cursos. Está claro que nadie ahí estaba seco, por que la cuota del colegio era jugosa (si bien, en cuanto empezaron a apretar, varios compañeros se fueron), ¡pero me acuerdo que en tu curso se hablaba de hacer el viaje de egresados en avión! xD Nos matábamos de risa con algunas excentricidades.

Soy muy naif, pero quisiera creer que lo que pasó con Acuario fue el desvirtúe de algo que nació de buenas intenciones y que eventualmente se confundió. Me acuerdo de tener 10 años y joder con que las cuotas que pagaban nuestros viejos se usaban para pagar los tapados y las medias estrafalarias de Silvia, pero ese colegio no eran solamente el misterioso Señor X con el portafolio negro, la máquina de golosinas y las cosas que finalmente lo hundieron, ni los niños ricos-medio-pelo y sus padres, si no también maestros como Gaby Charrúa, Clau Polanco, Itatí (pucha, no me acuerdo el apellido), y un montón de chicos y padres un poco más normales. Era una burbuja, sí, tenía muchos defectos y podría haber sido muchísimo mejor en muchas cosas, pero tampoco era tan malo. Creo.

(Particularmente, ahora me tiene un poco intrigada pensar cuáles eran las opciones de esa época. Mi hermano y yo caímos en Acuario de rebote, porque mis viejos no querían hijos malcriados y nos mandaron a colegio estatal, pero terminaron pasándonos a un privado que viniera con recomendación de alguien amigo porque en el estatal pasaban cosas como que los de séptimo nos tiraban a los de primero por las escaleras y nadie hacía nada, la maestra fumaba en el aula, etc. Quizás porque yo vivía por Balvanera, y un estatal de Balvanera no es lo mismo que un colegio estatal de un barrio bien, pero me intriga realmente qué opciones tenían mis viejos en esa época. O el caos del estatal del distrito escolar que me tocaba, o la nube de pedos del privado progre =P)

Rufián Melancólico dijo...

Carolain: No quise decir que mi experiencia haya sido terrible, simplemente intenté desarrollar la debacle de una forma de pensamiento presente en la forma en que se fueron cayendo los ideales que sustentaban el colegio.
Seguro que hubo miles de momentos felices; tengo el recuerdo de una infancia relativamente feliz de hecho. Coincido en que hubo profesores que le pusieron lo mejor y también a mí me mandaron a un privado porque las posibilidades en el público eran tenebrosas y por último, también es cierto que mi curso resultó ser una especie de rejunte de nuevos-ricos noventistas y lacras de diversa especie. Y sin embargo, a pesar de todo, el recuerdo queda y es un lindo recuerdo.

Gracias por pasar y escribir.

Eric Grinberg dijo...

Mis primos iban al Acuario también y lo recuerdan de la misma manera que vos.

Juliette dijo...

yo tambien me voy a Israel, pero solo Tel Aviv creo...
bueno, ya nos veremos en Puán....
saludos
juliette-

Jay dijo...

Yo tuve una experiencia similar en el primario del Piaget, si hubieras seguido ahi quizas nos cruzabamos.
Era 'EL' año, no se porque, la generación del 83 revento todo, eramos cuatro cursos en un colegio que nunca habia tenido mas de dos por año. Tambien compraron el terreno de al lado donde se iba la pelota (y según creo, nunca dejo de ser un potrero careta con piso de cemento).
Lo mas loco es que muchas veces me ofrecieron cambiarme y yo nunca lo acepte, de pura ingenuidad pensaba que los chicos de al lado mio eran como yo y que tenian en algun momento iba a encajar...Pero no. Eran dueños del Alto Palermo o construian torres por recoleta o eran abogados sin escrupulos) pero de todo eso me entre mas tarde, muuuucho mas tarde.
Gente con plata... No es ese el problema, el libertinaje noventoso fue único. Conozco disney por la imagen que me crearon mis compañeros. ufff, esto da para mucho debate, y justo esta semana me dijeron que hay un grupo de facebook de mi grado...QUE MIEDO Hace dos semanas vi a la gente del secundario despues de dos años y medio y no fue la gran cosa, esperaba combate (aunque entre las chicas creo que resurgió algo de lo que nunca me habia enterado en su momento), quiza esto del primario de para un poco mas de polémica!.

Te cuento la proxima, baje al ciber a ver si estaban los resultados de Bria... (me encantó el tema de la loteria, le agrega estructura de thriller a la cosa!).

Jay dijo...

pd: Siempre me olvido de algo... Tambien soy de RACING!
Rasgos de la Identidad del sufrido, y van...

Rufián Melancólico dijo...

Y al final saliste sorteado en BRIA o no?!

C.E dijo...

Yo aporto mi anécdota de infancia menemista (aunque la mía haya transcurrido en Neuquén y lo que voy a contar, en una escuela de inglés en Cipoletti)
Asistía a esa escuela un hijo de funcionario corrupto (no es que ahora sean especie en extinción, pero el cinismo de esta época los vuelve menos llamativos)que pavoneaba su saco de corderoy Osh Kosh por todos lados. Y un día, en el patio, le preguntó a una chica si le gustaba su saco de corderoy y la piba le contestó "Sí, lástima que lo pagamos todos". Una grosa. Eso resume para mí el zeitgeist de aquellos años de infancia.
Un abrazo Ale

Juliette dijo...

che yo quede en lista de espera en bria
el sorteo medio raro, no entendi como se ordenan los numeros

aleeeeeee queremos mas cronicas literarias,

Sergio Cabouli dijo...

Te felicito por el articulo. Muy bien plasmadas las sensaciones (muy similares a la de todos los que fuimos a Acuario creo), y un muy buen analisis de la epoca.
La primaria me toco pasarla en Quirno Costa, y egrese del secundario en Yrigoyen, en el 96.

Jay dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jay dijo...

SI... QUEDÉ!

Anónimo dijo...

La frase de Borges es "ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones".

ogast dijo...

Increible chabon, yo fui a Acuario y me senti identificado con el 90% de las cosas que dijiste, tengo 21 anios, no se si habremos ido juntos, dejo mi msn.

augusto at barrin dot com dot ar

Abrazo.

Diana dijo...

Querido Ale, quiero hacer un comentario acerca de "La infancia menemizada" ya que me llaman la atención tus observaciones tan mordaces colmadas de evocaciones tan poco felices, mi recuerdo de tu paso por la escuela no es el de un chico al que se veía sufriente... De todos modos respeto tus sentimientos; la realidad psíquica es tu verdad. Sí vale la pena, aclarar algunas cosas que mencionás y que sí son erróneas. Acuerdo en la transformación menemista de la escuela a partir de la inclusión de un socio capitalista que como un perfecto renegado político de sus "errores de juventud" compró no sólo acciones de la sociedad comercial sino también voluntades e ideologías. Y ése es el punto que quiero aclarar ya que, sin nombrarme hacés alusión a mis ilusiones y sus consecuencias: porque supe desde el primer momento cómo venía la mano, defendí al costo de mi propio despido la continuidad de cada una de las personas que iban "cayendo" y que, como vos dijiste, pudieron hacer un “arreglo digno”. Yo nunca cobré un peso y me sacaron con la policía, sí los de azul; por lo menos no fue un grupo de tareas aunque seguramente hubieran deseado mi desaparición para que no altere sus conciencias.
Ejercido el derecho a réplica, quiero decirte también que tan mala no habrá sido la enseñanza en la escuela primaria ya que seguramente te dio las bases para que hoy escribas como lo hacés y como seguramente evolucionarás.
Te quiero a vos y a tu familia y me sentí orgullosa cuando leí tu nota en Página 12.
Besos. Diana

Anónimo dijo...

Ale, muy bueno el relato!
Obviamente yo pasé la primaria en mi burbuja particular...

No recuerdo a Estela y sus manzanas.
Nunca me dijeron lo del cementerio
¿Todos le querían dar a Carla?Yo pensé que a Natacha..o Leila
¿Teníamos un compañero que se llamaba Ignacio?
¿Teníamos una compañera que se llamaba Lola?
¿Hice firmar mi remera?
Nunca supe de los proyectos del edificio de la esquina ni del cambio de dueños.
Me acuerdo de Mariana, la maestra de primero; y de Itatí en séptimo.
Me acuerdo del matzá que llevabas como vianda y los libros de Agatha Christie.
Me acuerdo de las bombas y los partidos del quemado, de la psicosis del ingreso.
Confieso haberte torturado a vos y un par más con las láminas para los tps (era una déspota).
Nuria.
pd:leeré la nota en página12!Congrats!

Rufián Melancólico dijo...

Wow! Es muy loco esto de ir reencontrándome con tantos recuerdos!!!

Gracias por tu comentario Nuria... pero más que de las novelas de Agatha Chrisitie yo me acuerdo de tu facilidad para escribir en ese estilo... proliferó tu veta literaria y ahora sos una escritora con varios libros bajo el brazo?

dissociative identity disorder dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Posteo tarde, es probable que ud. ni lea esto...
Mi hermana fue al Acuario y al Piaget, yo solo al Piaget.
Unos años antes q ud.
Ciertamente recuerdo haber descubierto alli las diferencias de clase
(yo era de las mas pobres)
pero tambien es cierto
que nos criaron en la confianza en nuestras capacidades
y x lo menos en nuestros casos
como personas libres y complejas...
(a veces demasiado para mi misma, shit).
saludos.

did.

Anónimo dijo...

Ale, me dedico a los números,ningún libro bajo el brazo.
Me impresiona cuanta gente fue o conoce Acuario...
N

Rufián Melancólico dijo...

Buenas anónimo: sí leí tu comentario y es cierto que la sensibilidad cool de esos años algo nos ha dejado en definitiva.

Nuria: Mirá vos. Yo en cambio sí tengo dos libros bajo el brazo. Inéditos, pero libros al fin.

Ana H. dijo...

Aguante Acuario!, quizas si tu mama no hubiera sido nada de adentro del colegio, tedrias recuerdos menos politizados y mas kitch como los nuestros!, igual es verdad que la historia del colegio es un poco inevitablemente la historia del pais en ese momento, pero para mi, (y me atrevo a decir, para toda mi camada '94), haber estado en nuestra escuela nos sigue haciendo sentir especiales, mas alla de todo.

Saludos!!