26 de diciembre de 2008

Sábado

Nieve gourmet.

Ese sábado salimos con Mario (un buen tipo) y su novia, Harey.
Fue el sábado de la tormenta. A la tarde me había encontrado con la Despierta Estudiante de Letras (DEL) en un bar cerca de su casa.
Llovía tanto que tuve que suspender mi incursión-exploratoria a El Club del DVD (propiedad de un brioso con el que viajé a Isdrael obvio) que quedaba justo enfrente, se podía ver desde la ventana del bar donde estábamos.
DEL iba a ir a ver la película de Llinás esa noche y después le pintaba reunión con amigas del secundario o algo así.
Me leyó los artículos que habían salido sobre Historias extraordinarias. Parece que produce tanta pasión como su extensión: los artículos que la reseñan y comentan maravillados por su proeza técnica son muy largos. Pero estuvo bien.
De estudiar ni hablar. Imposible concentrarse.
Cuando amainó un poco la tormenta fui a Farmacity a hacer unas compras poco masculinas y volví. Pero en el camino me crucé con un tipo que iba cantando en cueros. Estaba medio tocado o fumado porque iba diciendo incoherencias a cualquiera que se cruzara al lado suyo.
A mí me tocó ver cuando le decía a un Papá Noel de plástico, tamaño natural, en la puerta de un negocio de cotillón tunneado para las fiestas que “¡Vos no existís loco, no existís! ¡Aguante Boca loco!” y después se metió al subte: “¿Ya funciona?” gritó y antes de tener una respuesta ya había desaparecido en el tunel.
Volví al bar y estuvimos pelotudeando un rato, sacando fotos con el celular del vaso de licuado de manzana haciendo de soporte de la cajita vacía de la pasta de dientes Odol que había comprado para mí.
Le mandé un SMS a Mario (Un buen tipo) preguntándole si le daba para hacer algo esa noche. Ya eran como las seis de la tarde. Me respondió que sí, obvio, que le preguntaba a su doña y contestaba.
La lluvia seguía cayendo implacable. El partido de Huracán-San Lorenzo ya se había suspendido. Justo después que yo grité sorprendido el gol de Huracán. Me gusta pegarles a los candidatos, a los predecibles, me gusta ver como baja la espuma, me gusta ver cómo se caen los que iban ganando.
Igual, el otro día, el del partido San Lorenzo-Boca, en el bar de Open Gallo, después de jugar con los otros briosos (un moishe futbol club vamos a hacer en cualquier momento) ver al pibito con la remera de San Lorenzo comiéndose los mocos, rodeado de toda la barra desordenada y brutalizada de Boca, festejándole en la jeta los goles, me dio bastante pena y ahora, cada vez que pienso en la satisfacción que me da ver cómo se cae cada día un poquito más San Lorenzo (y ni hablar de lo orgásmico que es tenerlo a River mordiendo el polvo del fondo de la tabla) no puedo dejar de pensar al mismo tiempo, que ese pibito con la remera de San Lorenzo la está pasando mal, y me acuerdo de mí mismo, sufrido hincha de Racing, en algún momento de mi infancia-adolescencia (el campeonato Apertura ´95 y Apertura ´01 fueron mis picos de pasión racinguista) y me da un cosquilleo raro, como melancólico.
En eso no se cayó sólo San Lorenzo y el partido que suspendieron, sino que una vieja que cruzaba la calle dio un paso en falso y casi se va al piso.
Se llevó la mano a la cabeza, para protegerse la peluca que se movió más por el manotón que por la caída.
Mario (Un buen tipo) respondió que estaban dispuestos a hacer lo que yo gustara, a la hora que quisiera.
Viendo el tiempo le dije que esperáramos un rato hasta que parara la tormenta. Me dijo que bueno, pero que si seguía así podíamos estar hasta el día siguiente. Mientras esperábamos hice como que leía literatura argentina del siglo XIX y DEL hizo como que leía a Saer.
Le dije a Mario de ir al Abasto que el subte nos dejaba adentro y hay un par de librerías para recorrer. El subte no funcionaba, en fin, la cosa es que le dije de dejar la resolución del asunto para más tarde.
Pagamos lo que tomamos en el bar y la acompañé a DEL para que se tomara el colectivo. La esperé un toque y después me tomé el 15, derecho a casa. Mensaje para Mario: “Estoy yendo para casa. Arreglamos más tarde para hacer algo.” Respuesta de Mario: “Dale vieja”.
Llegué a casa. Mi bro estaba usando la PC Pro por lo que no pude despuntar un poco el vicio del Fallout 3. Me tuve que conformar con ir a la otra PC a ver los videos de Street Fighter: The Later Years en YouTube. Lo había dejado reservado para una ocasión como esa: tener tiempo al pedo y no poder jugar al Fallout 3.
Estaba viendo el quinto video supongo, cuando me llamó Mario. Arreglamos cena y cine (posiblemente) en Belgrano.
Largué todo y me fui para allá.
En Pompeii estaban Mario y Harey, terminando de tomar una coca, ella de corregir, el de leer El año del desierto de Mairal.
Conociendo su iconoclastía por narradores argentinos posteriores al siglo XX le dije que me sorprendía su elección.
- Es bueno. Este es bueno. Muy a mi pesar. Ya lo había empezado hace un tiempo, lo había vendido, y ahora me lo compré de nuevo. Pero no me hagas caso eh, no vayas a tu casa ahora y te pongas a leerlo.
- Lo quiero leer hace tiempo. Igual ahora estoy con Meridiano de sangre. Después que el otro día me hablaste tanto de él no pude evitar llegar a casa y ponerme a leerlo.
- Ese es impresionante.
- Me da miedo. Está escrito de una forma tan despojada que describe las mayores atrocidades y no me produce nada – le dije – además, se me hace un poquitito denso.
- ¿Denso? Pero si va a mil: ¡hay una masacre en cada página!
La miré a Harey y le expliqué para que no quedara afuera de la conversación:
- Es una prosa seca, despojada, describe por ejemplo cómo llega a un pueblo donde hay un árbol con bebés muertos colgados, con ramas atravesándoles el cogote y no produce nada.
Me miró extrañada.
- Yo quiero conseguirme La carretera en inglés – dijo Mario – hace tiempo que lo vengo persiguiendo.
- Pidámoslo en Amazon.
- Sí, yo digo que pidamos en Better World Books. Sale 4 dólares el envío.
- Y dale.
Agarré los libros sobre la mesa. Tenía una edición de el Corazón en las tinieblas de Conrad en inglés y un diccionario pocket de la Oxford U.
- Ya me parecía que no podías estar solamente con Mairal vos… che, ¿Vamos a cenar?
Pagaron, nos levantamos y salimos.
Decidimos entre un par de pizzerías. Yo quería alguna más o menos tradicional. Salió Los inmortales.
Estaba fresco y caían algunas gotas mínimas de lluvia todavía.
Nos sentamos en una mesa cerca del fondo, al lado de un póster con collage de fotos del mundo del espectáculo en los años ´90. Gracioso que se recuerden décadas por sus luminarias de la pantalla chica.
Estaba Francella rodeado de Millie Stegman y la rubia, la que hacía de Laly. Naranja y Media. Qué recuerdos.
Señalando la foto del capocómico dije sin ruborizarme:
- Este chabón… no sé… es un grande.
- Es un genio – dijo Mario y la dejamos ahí.
Los Inmortales es la única pizzería que conozco que te trae pan con manteca antes de servirte el plato principal. ¿Buena onda o forma de justificar que te van a cobrar cubierto?
Con Mario y Harey solemos ir a un bar que se llama Baraka y queda en Gurruchaga y Coronel Carbrer. En Baraka, un bar medio musulmán-new age-Lisa Buena Onda aclaran en el menú: “Nosotros no cobramos cubierto porque nos parece de mal gusto”. Ah, ¿para cuando un poco de Ramadán social para todos nosotros?
En fin, cuestión que pan muy bueno con manteca y después pizza. Muzzarella y una fainá, para cada uno, que eso ya fue bastante.
Nos salió en el promedio de cualquier comida post-inflación: 25 mangos. Y yo todavía me acuerdo del menú promocional que tenían en ese restaurante de Primera Junta (“El caballito” o algo así se llama, a falta de originalidad) en el que la promoción, hace dos o tres años era de 10 mangos por plato, bebida y café.
No sé cómo no era mucho más rico en esa época siendo que mi sueldo sigue casi congelado desde entonces.
El fetiche literario de Mario esa semana era Las Islas de Gamerro. Estuvimos hablando de esa gran novela un largo rato.
No sé cómo llegamos a hacer un ránking de las “tres mejores novelas de los años ´90” mientras le entrábamos a la grande de muzza.
- El traductor de Benesdra – dije yo.
- El desierto y su semilla – dijo Mario.
- No lo leí todavía. Lo tengo en la mesita de luz.
- Tenés que leerlo. Lo vas a pasar genial. Bueno, no exactamente. No es gracioso como Las Islas. Como la escena de los nazis. Por cierto, esa es la tercera novela.
- Sí… puede ser. Gran escena cuando el nazi se tira al piso y empieza a salirle espuma de la boca de lo emocionado que está en su propio discurso paranoide alucinado.
- Barón Biza se suicidó. Se tiró por la ventana – comentó Mario y se metió un pedazo de pizza en el buche.
- Igual que Salvadorcito… ¿Te das cuenta boludo? De las tres novelas que mencionamos, dos tienen autores que se mataron tirándose por la ventana… Increíble.
- Es cierto che…
- Y en Las Islas al hijo de Tamerlán lo tiran o se tira por la ventana… no recuerdo…
- Esperemos que Carlitos no siga el ejemplo.
- No, ya lo hizo literariamente… ¿Cómo era eso de lo que hablaba Croce? ¿Ideologema?
- Mhhhhh…
- Sí, eso que es la “resolución ficcional de un conflicto en la vida real”. ¿De quién es? ¿De Williams?
- Creo que está en Barthes… o Bajtín… no sé bien.
- Que cagada boludo… es un concepto re lindo como para tener bien presente.
Harey comía en silencio.
- Tengo que leer El traductor. Lo tenía pero lo presté. Mejor lo compro de nuevo… no quiero reclamarlo.
- Lo tiene… alguna ex…
- No, no, lo tiene un amigo que se fue a vivir a España. Supongo que no da irrumpir en su casa para buscar el libro. Mañana me lo compro. Si no lo consigo ¿Te lo puedo pedir a vos Rufián?
- Sí, todo bien.
Pedimos la cuenta. Subí al baño, eché un meo y bajé de nuevo. Pagamos y salimos.
El cine estaba en frente.
- Che, vamos a ver algo ¿no?
- Vamos a ver si hay algo.
Dimos unos pasos por la calle. Hacía frío.
- ¿Vieron lo del atentado en la India? – dije.
- Sí, impresionante – dijo Mario – al principio pensé que era una verdadera cagada… pero ahora… que se yo…
- Fueron a buscar ingleses y yanquis…
- Sí, ingleses.
Un tipo se dio vuelta.
- ¿Inglés?
- ¿Eh?
- ¿Inglés? – insistió.
- Disculpame… no… no sé…
- Si sos inglés – lo encaró.
Nos miramos los tres.
- No, nada que ver.
- Ah, bueno – dijo el chabón y se dio vuelta de nuevo.
Seguimos caminando.
Vimos la cartelera del cine.
Mario quería ver Red de mentiras y Harey no parecía muy entusiasmada por la elección.
- Todo empieza después de las 12 am – dijo Mario dando a entender que a esa hora ya iba a querer estar cerca de la cama.
- ¿Y 20 mangos la entrada? La puta madre… ya fue – dije – Vamos a tomar un helado.
- Otro sábado a la noche sin nada que hacer – dije.
- Hace unos años – dijo Mario – cuando me bajoneaba un sábado o viernes a la noche, me subía a un bondi, me iba para Cúspide y me compraba algún libro. Volvía a casa y me ponía a leerlo.
Pensé que quizás soy un poco aburrido. Pero también pensé que nada de lo que la gente hace para divertirse me interesa demasiado.
Nos metimos en Persicco y nos fuimos cuando vimos que había demasiada gente. Fuimos a Volta y nos fuimos cuando vimos que estaba casi vacío.
- ¿Qué hora es?
- Once y media.
- Esto me hace acordar a eso que les comenté una vez de las autobiografías en cinco o siete palabras que había escrito Fresán.
- “La mujer de mi marido está emabarazada” – recordó Mario.
- Eso… yo tengo la mía: “Son las 12 y ya estoy durmiendo”
Se rieron.
- Hay una nueva heladería – dijo Mario – se llama Zen.
Fuimos por descarte.
- Espero que no sean como en el bar ese que fui el otro día con una alumna – dijo Mario – te cobraban 7 pesos un café que era un ristretto involuntario por la cantidad que venía.
Pegué una carcajada y pensé que ese era un buen chiste.
Llegamos a la heladeria: “Nieve Gourmet” decía el cartel.
Entramos. Todo muy limpio, lindo, baldozas color cremita, luces tenues, pulcritud. No sabía si era una heladería o una sala de la Clínica Materno Suiza Argentina.
Harey preguntó con qué venía la “Crema Feng Shui” que aclaraba entre paréntesis “Secretos del maestro” y el heladero, sonriendo, nos dijo:
- Ahhh, son secretos del maestro – y a continuación le pasó una cucharita de plástico con un poco para probar.
No le gustó para nada el secreto del maestro y pidió algo más tradicional.
Yo pedí “Chocolate Meditación” (Fino chocolate con crocantes de Avellana) y definitivamente no lo acompañé con “Crema Zen” (Suave crema milenaria con furtos secos sutilmente macerados).
Nos sentamos al fondo.
- Tengo la impresión de estar claudicando: este es el tipo de lugar en el que me juré que nunca estaría – dije.
Miré a mi alrededor, había un revistero con ediciones recientes y no tanto de la Revista Gente.
Agarré un par de ejemplares y los llevé a la mesa.
Recorrimos las notas:
El entierro del Malevo Ferrerya y el sutil fascismo simpatizante con el mártir y futuro santo de los torturadores por parte de la revista. Después la luna de miel de Flor de la V, una entrevista pelotuda a Mecedes Oviedo que se las viene trayendo a fuerza de dejar babeante a los espectadores masculinos de Todos contra Juan (tiene la belleza amateur perfecta: la típica “girl next door”) y más fotos de Flor de la V en Las Vegas, sacándose fotos frente a las imitaciones de cartón de la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo, la Estatua de la Libertad y esas cosas.
Hojeamos un rato más, leímos las declaraciones del Malevo un rato más y nos fuimos.
Me acompañaron a la parada del 41 bajo la lluvia.
Llegué a casa y me puse a jugar al Fallout 3 hasta cerca de las 6 a.m.

2 comentarios:

DRODRO dijo...

Esos tipos asesinaron al helado!
Mis heladerías preferidas son todas de por acá, de zona oeste. Hay una en Haedo que se llama Flores en la que hacen helados con frutas de estación el mejor
dulce de leche que probé en mi vida. Una vez, durante una fiesta de cumpleaños, le pusimos ese helado a un vaso con gin y lo llamamos Charlie-Gin

CAS dijo...

Vos al menos tenes el fallout 3...gracias por este ratito, hiciste más tolerable mi melancolía...navideña ponele, vamos a llamarla así hoy.

P.D: hasta me reí! Y mucho...