25 de julio de 2008

La boutique del libro robado

El Rufián sigue de viaje, pero nunca podría defraudar a sus fans por lo que ¡¡¡¡dejó posts programados!!!

Hay una librería en Primera Junta que siempe tiene “saldos” imposibles. Pone en mesa de saldos (a precio de saldo) libros que es obvio que no están saldados. Empezaron de forma tímida, “saldando” por la fuerza libros que posiblemente hubieran estado o estarían en esa condición: ediciones de Seix Barral y Emecé.
Así me compré por ejemplo uno de los de Bustos Domecq, el que viene con “La fiesta del monstruo”. Para un libro que tiene a Bioy Casares entre sus autores, 10 mangos ya es precio más que suficiente.
Hasta ahí, como decía, era una cosa normal: después de todo es bastante probable que un libro como ese caiga en saldo.
La sorpresa empezó cuando vi dos libros de Adriana Hidalgo saldados. Como sabemos, AH no salda nunca. ¡Las editoriales chicas no saldan! Es quizás, uno de los consuelos que quedan al editar en ellas o al revés, uno de los motivos de orgullo.
A veces la exquisita selección de catálogo de AH se me hace sofisticada para mi paladar literario mundano y prefiero saltearme sus títulos, pero a mi amigo Mario (un buen tipo), le gustan, por lo que le compré El encierro de ojeda de Martin Murphy a 10 mangos también.
Era la época de la Feria del Libro y casualmente o no, la mesa de saldos de esa librería empezó a llenarse de títulos jugosos de la industria editorial, libros que con mucha sospecha podrían considerarse realmente saldados y así me conseguí La ruta del beso de Julián Gorodischer (que ampliando un comentario anterior, podría decir ahora que lo leí: 1ero – Citar a Barthes cada dos párrafos es farragoso y no aporta nada más que snobismo. 2do- El criterio de edición no me quedó claro. La arbitrariedad en la aplicación de itálicas en diversos fragmentos me resultó francamente indignante. 3ero- No sé si tomar como defecto o virtud el hecho que todas las crónicas del libro sean crónicas del fracaso por parte del cronista de conseguir la crónica que fue a buscar.) Me resultó muy extraño que el libro estuviera saldado tan pronto, si mal no recuerdo es de fines del año pasado. Más me llamó la atención el hecho de que tuvieran solamente 2 ejemplares. Y por último, en un nuevo recorrido por la Feria del Libro encontré que en la mesa de Norma lo vendían a su precio completo.
Lo que empezó siendo un tímido relleno de la mesa de saldos con libros no saldados a precio de saldo, se convirtió gradualmente en una inundación de novedades editoriales recientes copando la mesa.
Así el recorrido exhaustivo al que me obligo una vez al mes por mesas de saldo de Corrientes se convirtió en la adrenalina de una recorrida por esta librería de Primera Junta cada vez que voy a Puán. Las novedades vuelan y un día puede haber algo increíble a precio irrisorio y al día siguiente ya no estar.
Entre las novedades de Adriana Hidalgo, la nueva novela policial de un italiano loco que nadie conoce acá y que editó Emecé con clara intención de convertir en el “nuevo Henning Mankell” o algo así (porque ahora parece que si sos extranjero y escribís policial tenés éxito asegurado entre el público lector argentino) y la nueva novela de Perla Suez (La pasajera) que todavía sigue recibiendo reseñas en suplementos de la cual ya hay una pila bien llena en esta mesa de saldo, me encontré con sorpresa e incredulidad, con Villa Celina de Juan Diego Incardona, amigo de esta casa.
Lo sorprendente del hallazgo (dos ejemplares en la mesa, a $16 cada uno) reside en particular en el hecho de que el libro salió hace menos de una semana (escribí este post el 10 de julio) y ya está puesto a precio popular para que cualquiera que pase por ahí se pueda llevar un ejemplar.
Esta especie de Boutique del libro robado, es claro que se especializa en el robo selectivo de determinados libros y en ese robo especializado no sé si discriminan por editorial o tienen un hombre adentro de la distrubución de Norma y/o Adriana Hidalgo, porque siempre son sus libros los que están en esa mesa de “saldo”.
No sé si eligen específicamente la nómina de autores a robar o si lo hacen por puro azar, guiados por la confianza que les despierta el prestigio de un fondo editorial, un catálogo que no se salda.
La vuelta de tuerca de un sistema del que todos nos quejamos, con libros que cada día salen más caros y que estos Robin Hood de la literatura se encargan de hacer accesible al enflaquecido bolsillo del snob de Puán que deambula por Primera Junta.
Mi duda es específicamente acerca del conocimiento literario y/o comercial del ladrón de libros de Primera Junta que se dedica a elegir dentro de las posibilidades y poner una selección muy específica de libros a disposición del comprador.
Por otra parte, ¿Cuánto beneficio económico habrá en el revendedor de libros robados, suponiendo que el gasto que implica tener a un ladrón de libros a disposición de la librería suena a mucho mayor que la posible ganancia por la venta de dos ejemplares de Villa Celina a 16 mangos pieza?
Todo esto me lleva a volver a sostener que este tipo de robo tan selectivo busca una especie de bizarra redistribución literaria. Si no hay beneficio en la venta, sí hay, en cambio, una selección que toma en cuenta las novedades editoriales que el snob de Puán quiere poder comprar, entonces realmente pareciéramos estar ante un segundo Robin Hood literario (el primero es el o los periodista/s anónimo/s que vende/n sus libros de prensa en El Banquete, poniendo a disposición de las masas novedades editoriales a la mitad de su precio).
El otro día en una presentación de libros muy cutres en una librería muy cutre, presencié como actúan algunos ladrones de libros: ante el intento frustrado de llevarse un libro de Vassili Grossman, un Cucurto – 1810 es un reemplazo válido.
Escuché comentarios de dónde robar mejor, qué librerías tienen sistemas de defensa menos sofisticados y en particular, qué sucursal es “una invitación al choreo”.
Incluso desarrollé yo mismo el otro día un método de robo, hablándolo con un ladrón de libros que decía haberse apropiado de un ejemplar de Tolstoi muy costoso pero al precio de pasar un desagradable momento en el que casi cae.
Ir detenido por robar un libro sería algo triste. Como esa noche de verano en la que casi voy preso por intentar robarme un cono de esos naranja fosforecente naranja que pone la policía para delimitar zonas de estacionamiento. Las estupideces que uno hace guiado por su chica.
Pensaba si comprar un libro robado es una ofensa a su autor, si pierde algo del aura, si por comprar Villa Celina a $16, Incardona podría ofenderse conmigo.
Y justo hoy agarré el ADÑ y leí que Bret Easton Ellis (un escritor que como decía Mario (un buen tipo) durante una conversación que tuvimos hace unas semanas, te puede gustar mucho pero nunca podés decir que es uno de los mejores escritores que leíste) piensa en terminar de escribir Imperial Bedrooms (su nueva novela, continuación de Less than Zero, su primera novela) y retirarse, cerrando así el círculo de su obra. Pensé en el día en que ese libro se venda en traducción pedorra a mínimo de 50 mangos. Y me dije: “En ese caso, si bien es Bret y lo quiero, no me molestaría robarle al traductor.” Después de todo ya saben cómo dice el dicho.

6 comentarios:

Maguila dijo...

Pero cual es la dirección exacta? por favor!!!

juandé dijo...

no me afende ni ahí, al contrario, me halaga que me hayan elegido para piratearme.
de hecho, avisame si quedan, que quiero ir a comprar (los míos ya volaron). me salen más baratos en esa librería que por la editorial.

un abrazo

giorgio dijo...

mmm hacerle publicidad a un pirata es casi lo mismo que mandarlo al muere...

por querer homenajearlo, escrachaste a un justiciero.

un librero dijo...

Soy absolutamente consciente que robar libros es bien visto por muchos lectores, especialmente, aquellos que son mas jovenes.
Para algunos es una actividad cargada de romanticismo, para otros un pasatiempo, hay quienes lo hacen por necesidad (la gran minoria de las veces), algunos se creen Robin Hood, y creo la mayoria lo hace para sentir adrenalina y poder contarle a sus amigos (o a su hombria) que violaron una regla.
En realidad poco importa en este comment cual es la razon por la cual la gente roba libros, lo que quiero es, por un lado, exponer las razones por las cuales a los libreros nos molesta que nos roben, y por el otro, pedirle a la gente que cuando robe libros tenga en cuenta determinadas cosas, o tengan en cuenta al librero mejor dicho.

Razones por las cuales nos molestan que nos roben libros:
1) Cuando uno se da cuenta, siente la misma impotencia que cualquiera siente cuando le roban
2) Un libro robado, es un libro que hay que pagar, a las editoriales les importa un carajo cual es la causa de que el libro no este.
3) Quedamos mal con los clientes (uds!!) ya que al no saber que lo robaron, no lo reponemos y cuando alguien viene a pedirlo...
4) ... perdemos horas de nuestras vidas buscando libros, con la secreta esperanza que la gente no es tan garca y no se lo robo, pero despues de buscar, perder al cliente, seguir buscando, uno concluye al fin que su ano ha sido penetrado por un dedo anular (salvo que seas gay, sentilo!)
5) Nos volvemos paranoicos y perseguimos a la gente pensando que todo el mundo es ladron. Es muy feo que te persigan, no?
Hay mas, pero no quiero aburrir

Consideraciones con los libreros al robar un libro
1) Roben solo libros que esten seguros que van a leer
2) Roben libros de editoriales chicas, o independientes. (Encima que me roban, se lo tengo que pagar a Planeta!!)
3) Roben libros de literatura argentina, por lo menos me consuela que los derechos de autor quedan en el pais.
4) Roben libros que hay mas de 1, asi no dejan a otro que viene atras sin la posibilidad de comprarlo.
5) Roben libros baratos
6) Roben libros en cadenas, ellos tienen mas espalda para aguantar sus fechorias!!!

Sera justicia!

Anónimo dijo...

Juan: pasé el viernes y ya no quedaban ejemplares de tu libro. (Nora)

Anónimo dijo...

che son libros que roban en la imprenta... las editoriales no tienen nada que ver, el tongo es entre el pibe del depósito de la imprenta y el librero de primera junta o de los parques