12 de marzo de 2009

La jodida vida del literato

Foto vista acá.

Lo peor de escribir ficción es el miedo a echar a perder tu vida sentado delante de un teclado. La idea de que al morir te darás cuenta que solo viviste sobre el papel. De que tus únicas aventuras fueron fantasías y de que mientras el mundo peleaba y se besaba, tú estabas sentado en una habitación a oscuras, masturbándote y ganando dinero.
Chuck Palahniuk, “Mi vida como un perro” en Error humano, Debolsillo, 2007, Bs.As.

Excepto por lo de ganar dinero, por lo demás podría decir que nunca leí palabras más acertadas y mejor articuladas respecto de ser escritor o ser un wannabe escritor.
Claro, supongo que si sos Palahniuk, publicás a razón de una novela cada año y medio, tenés un grupo de fanáticos y seguidores que se hacen llamar “El culto”, te publican cualquier basura que escribas porque total tenés ventas aseguradas, robás descaradamente a Ballard y nadie alza la voz ni te acusan de plagio, ni nada parecido, si tus libros se transforman en películas, producís vómitos entre los concurrentes a tus lecturas y tu nombre es sinónimo de literatura cool, entonces sí, claro, vas a ganar dinero.
Si sos un escritor o wannabe escritor en argentina, lo más probable es que más allá de matarte a pajas en un cuarto solitario, viviendo una vida que no es tuya o viviendo una vida desperdiciada, no pase mucho más.
Es impresionante la contundencia con la que Palahniuk plantea uno de mis terrores más íntimos cuando era un poco más pendejo y antisocial: la idea de quedarme encerrado viendo como la vida pasaba antes mis ojos sin posibilidad de agarrarla, de asirla, de subirme a ella. Y escribiendo, claro. Porque si algo ha hecho por mí la Literatura es salvarme y arruinarme la vida en dósis iguales.
¿Me la salvó? Obvio, sin ella mi aburrimiento crónico hubiera sido insoportable, sin ella no habría podido soportar mi soledad, sin ella no hubiera podido soportarme a mí mismo.
¿Me la arruinó? Obvio, me confinó a los límites estrechos de una vidas que no son las mías, me llevó a lugares que no existen y me gustó tanto que me quedé más de lo aconsejable allá, me dificultó todavía más la comunicación con el mundo exterior.
La literatura ES masturbación. La literatura como la conocemos hoy, ahora, acá, en Occidente: un placer solitario, un juego con el propio cuerpo y mente. Una satisfacción que nos enfría, que es catársis, lo que sea. Escribirla es peor todavía. Escribir literatura te lleva a preocupaciones, a dolores, a sentirte un estúpido luchando y luchando que no sabé bien a dónde va a llegar, si es que llegás.
Lo peor es que como la plata seguramente no vendrá, creo que muchos escribimos porque somos Rockstars frustrados: nunca pude entonar más allá de los primeros acordes de Blackbird en la guitarra y la dejé por ahí tirada hasta que la regalé. No tengo ninguna habilidad natural y para colmo, me pasé una proporción enorme de mi vida leyendo. ¿Qué hago? Tarde para cambiar, tarde para seguir pajeándome, hora de escribir, hora de leer.
Y el sueño de convertirse en un Chucky Palahniuk, con mujeres y millones (aunque a Chucky no le gusten precisamente las mujeres).
En otro artículo espectacular de ese muy buen libro de donde proviene la cita precedente cuenta que él también soñaba con el momento de ser un Rockstar literario. Y cuenta a lo largo de unos párrafos muy divertidos y muy bien encadenados, cómo es que cuando vendió los derechos de Fight Club y lo invitaron a Hollywood, todo pago, sufrió una serie de increibles peripecias que determinaron que en el momento en el que se suponía que tendría que estar cumpliendo su sueño, estaba metido adentro de una bañadera, lleno de cortes en la cabeza, rapado, con el cuerpo magullado y medio enfermo. Un verdadero loser literario antes que Rockstar.
Creo que por eso vende y por eso lo queremos: porque en sus ficciones, en sus artículos, se ocupa de las cosas que salen mal. Pero lo hace con humor. En ese sentido es como la superación noventista y cínica del realismo sucio de la era Regan/Nixon con Carver y Bukowski.
Este tipo te dice: “Nos están cagando a palos, riámonos.” No puedo oponerme a eso

7 comentarios:

Vero dijo...

Ah, esa vieja lección del maestro. Saludos.

Cristal dijo...

"...si algo ha hecho por mí la Literatura es salvarme y arruinarme la vida en dósis iguales."

Tal cual. La literatura es salvación y perdición, cura y enfermedad... pero eligiendo otros caminos quizás comprobaríamos que muchos otros anhelos también terminan en las mismas dicotomías. Como dijo Wilde: "En este mundo hay sólo dos tragedias. Una es no conseguir lo que se quiere, y la otra es conseguirlo."

Anónimo dijo...

Hola Sebastian!. Hace tiémpo leo tu blog, tus escritos y tus recomendaciones. Hasta ahora no me anime a escribirte porque lo hago mal. Pero no puedo evitar contarte que hace tiémpo decidí suspender algunas lecturas. A lo mejor soy una gran cobarde, pero después de releer los Siete Locos, en un momento poco oportuno de mi vida, senti que estaba entre inventarme una prática, renovada y joven vision del mundo o hundirme. La verdad no quiero ser una tuerta, pero tanta angustia también me hace no ver un espacio hacia adelante.

Anónimo dijo...

No firme mi anterior comentario porque mi olvide. Soy Melina y estudio también en Puan. Saludos y que estes bien.

Rufián Melancólico dijo...

Melina: Un gusto, soy Alejandro, pero está todo bien.
No hay que abandonar la literatura! Siempre se pueden encontrar otros textos que nos liberen un poco de lo opresión.
Hay libros realmente hermosos que no necesariamente te dejan de cama con una depresión.

Saludos.

DRODRO dijo...

"masturbándote y ganando dinero" suena mucho mejor de lo que es no?

lenguaviperina dijo...

sólido post, soifer.
saludos