28 de febrero de 2010

Tren fantasma

Un libro que me dio bastante miedito.

4 comentarios:

Pablo Toledo dijo...

La parte que más miedo da es como, para todos los casos, la respuesta implícita de Ferrari es "bien muertos están". O sea, su salida a la teoría de los dos demonios es plantear que estos cuatro tipos, cada uno a su manera, eran unos demonios. Cosa que no deja de ser cierta (particularmente Genta, un bonito especimen), pero que un montón de hijos de puta defiendan la memoria de cuatro hijos de puta asesinados (ejecutados, ajusticiados, ponele la palabra que quieras) por argumentos muy hijos de puta no convierte a los asesinos (o justicieros de la patria o representantes de la voluntad popular o lo que sea) en angelitos culones. La única respuesta de Ferrari es "estos cuatro no eran ningunos santos, eran la violencia del sistema de la derecha". Sí, bueno, pero eso no es la salida a la teoría de los dos demonios, se parece más a una reafirmación del mismo argumento desde otro lado.

Rufián dijo...

Pablo: Lo que planteás se me presentó al momento de hacer la reseña del libro.
Creo que esa es una de las dificultades que tiene y que se nota; una presión difícil de conducir a buen puerto.
Pero por otra parte, creo que lo que sí hace bien Ferrari es rastrear la construcción de estas figuras como hagiografías para la prensa de derecha. Y eso es temible.

Pablo Toledo dijo...

En el capítulo de Larrabure está muy claro: hace una genealogía del discurso de "memoria hemipléjica" muy minucioso, indaga y cuestiona cada argumento con éxito, pero su voz de autoridad para dar por inválido el argumento de que Larrabure fue ajusticiado es... el testimonio de Gorriarán Merlo y la gente del ERP, que por supuesto no tienen nada que ganar o perder en todo esto. ¿Y el rigor?
Cuando habla de Genta, detalla con pelos y señales que el tipo era un infeliz, antisemita, antidemocrático, jodido con saña. Y no hace mucho más. ¿Y con eso qué ganamos? ¿O mandamos a los tribunales sólo a los que matan buena gente?
Sí, plantea con fundamentos la diferencia entre violencia ejercida por ciudadanos y violencia ejercida por el Estado, y desarma el argumento de que esos tipos eran "buena gente asesinada por los marxistas apátridas comeniños", pero ¿qué diferencia hace al fondo de la cuestión de los dos demonios? ¿No termina diciendo "que se jodan por hijos de puta"? Eso no invalida la solidez del trabajo de investigación, pero el enunciado que articula con todo eso se me hace bastante duro de tragar - se me hace duro porque es necesaria una respuesta a los dos demonios y a la derecha disfrazada de cordero, pero no me puedo sacar la sensación de que Ferrari no hace más que tirarles argumentos, jugar su mismo juego, plantear un contrapeso en lugar de un contraargumento. Hay algo más jodido que perder o ganar, y es equivocarse de juego, y para mí Ferrari hace eso.

Rufián dijo...

Básicamente concuerdo y mientras leía el libro me sucedían sensaciones similiares. También pensé: "¿Cómo hubiera escrito yo este libro?".
En un principio parece fácil porque se parte de un sentido común-progre, pero después se empieza a empantanar.
El trabajo que hace con Larrabure me pareció bastante efectivo, el trabajo de rastrear las intervenciones en su favor, desnudando los mecanismos de creación de una realidad paralela.
El caso de Genta quizás está un poco menos logrado: se limita a plantear que el tipo era un hijo de puta y en el fondo terminás deseando que lo maten.
Con Rucci no hay nada claro. Poca información, poco seguimiento, el tono no está logrado.
En definitiva, creo que el libro probablemente fue planteado de alguna forma que después, en medio de la escritura, se fue deformando.
A pesar de todo, me pareció un trabajo interesante, un buen contrapeso editorial, en un mercado saturado de panfletos militaristas.