7 de septiembre de 2007

The Beat of my Heart

Muchas veces comenté en éste blog (y en otros) que mi primera aproximación a la literatura “seria” (pasada mi juventud folletinesca al compás de Salgari, Verne, Agatha Christie y Stephen King) fue un cuento de Bukowski que leí en una antología pedorra que se llamaba 10 relatos de suspense.

Éste lo inició todo.

Luego vino el librito de Cartas y poemas editado por Página/12 que apellidó a Hank como Bukowsky y luego vino La senda del perdedor ene dición tapa naranja de los pocket de Anagrama y luego… bueno… luego vino todo el resto hasta concluir con uno de los orgullos de mi biblioteca: todas las novelas de Bukowski, algunos cuantos libros de poemas y uno de crónicas (Tales of a Dirty Old Man), todos ellos en su idioma original.

El póster de Bukowski que me robé de una librería de Amsterdam, enmarcado en vidrio en la pared de mi cuarto (por eso el reflejo del flash)

Sin embargo, la literatura es rizomática y paradigmática: un escritor te lleva a otro, un libro te despierta curiosidad por otro y así se maneja el asunto.

Mi colección de libros de Bukowski en inglés. Arriba sus cinco novelas: Post-Office, Factotum, Women, Ham on Rye, Holywood y Pulp + Notes of a Dirty Old Man.
Abajo unos cuantos libros de poemas: The days run away like wild horses over the hill, Mockingbird wish me luck, Love is a dog from hell, Play the piano drunk like a percussion instrument until your fingers begin to bleed a bit, Dangling in the Tournefortia, You get so alone at times that it just makes sense, The last night on earth y
Burning in water, drowning on flame,

Leía el otro día en el diario que lo que uno busca cuando termina de leer un libro que le gustó o lo conmovió es repetir la experiencia, por eso busca otro autor u otro libro u otro libro del mismo autor para llenarse nuevamente de la dulce melaza de la experiencia estética. Nada más cosquilleante que leer un libro que toque nuestras fibras íntimas y nos sacuda con potencia o que nos haga pasar un rato agradable.
Lo que no dije nunca fue que después de Bukowski se me abrieron dos grandes caminos: el norteamericano, siguiendo esa lectura iniciática y el francés-clásico, aproximadamente un año más tarde.
El segundo siguió la línea trazada por Camus-Sartre-Kafka-Dostoievsky-Turgueniev y podría seguir, pero trazar un mapa de las asociaciones literarias se me hace una idea totalmente ridícula, librada como está a la memoria.
El primer camino tuvo una continuidad inmediata: Bukowski decía Beat. Bukowski decía que él no era beatnik, otros decías que él era el último beatnik, alguien dijo que Bukowski fue punk. Lo que improta es que la palabra, Beat, pero en especial su derivado, Beatnik, sonaban hermosamente en la boca.

Soy y fuí tan fanático de Bukowski que hasta me compré varios de los libros de John Fante, aún antes de que fuera redescubierto por Anagrama.
Mis libros de Fante: Espera la primavera, Bandini, Ask the dust, The road to Los Angeles, West of Rome y La cofradía de la uva.

Entonces me me compré En el camino, edición de Anagrama, tapa naranja (parecida al color de un sabor horrible de Sugus que no recuerdo) y en la misma compra, me compré El castillo de Kafka, edición pocket de Losada. Los dos caminos que mencioné En el (mismo) camino.
El miércoles se cumplieron 50 años de la publicación de ese libro y odio este tipo de eventos que hacen que los medios de comunicación focalizen su atención sobre un tema. Aún cuando el tema me interesa. Por ejemplo, ¿no ha sido ya bastante lo que se habló de Oesterheld?
Hoy hablaba con un compañero de fuckultad que es lector de cómics y coincidíamos: “Ok, HGO fue un genio, pero ya basta! Hay otros grandes guionistas y dibujantes del cómic argentino!”.
El homenaje me suena a erección de un monumento y entonces me suena a calcificación, a inmovilidad, a mármol y muerte. Supongo que si hubiese tenido 5 años menos, me hubiese emocionado tanto como el momento en que saqué mi cuenta de hotmail: beatnik19. Porque beatnik ya estaba ocupado y 19 añitos eran los que tenía.
Y entonces leo la columna de Fresán en Página/12. Hace tiempo ya que no admiro a Fresán como antes, cuando me maravillaba con los libros que él podía leer por su estancia en Barcelona. Pero la columna, que está bien, dice algo que es trillado y que sin embargo me hizo pensar en la realidad de su enunciado:
On the Road (…) es uno de esos libros que uno siempre recuerda y se recordará leyendo y descubriendo. Dónde estaba uno, qué hacía y – lo más importante- qué quería hacer y ser cuando lo miró o nos miró por primera vez. On the Road es uno de esos libros llave, que entra y gira y enciende algo que uno ya nunca va a querer apagar.
(Rodrigo Fresán, Hacer ahh en Página/12 miércoles 5/9/07)

Estoy de acuerdo. Me acuerdo perfecto el momento en que lo compré, el lugar (una librería que ya no existe en Las Heras y Coronel Díaz, que casualmente fue el lugar donde compré Moloch de Henry Miler en saldo, siguiendo la traza de la línea que me impuso Kerouac) y me acuerdo que lo compré como cambio de otro libro al que, definitivamente, no recuerdo.
Y también es cierto que Kerouac fue una llave. Porque On the Road no me sorprendió con la violencia que esperaba, básicamente porque estaba curado de espanto con Bukowski, pero porque me dio a conocer a Ginsberg (que adoro y que es de los pocos poetas que puedo leer) y Burroughs (que estaba tan loco y era tan psicótico que rozaba la genialidad y cuyos libros experimentales nunca entendí, ni nadie puede entender, pero que regala con Junkie, Las cartas del Yagé, Queer y algunos raptos de prosa de sus otros libros, momentos increíbles e inigualables).
En cambio me sorprendió más Big Sur, que editó Adriana Hidalgo en una excelente traducción hace unos años y que no dudaría en recomendar a nadie que quiera leer Kerouac.
Después leí Tristessa, porque me parecía que un título como ese no podía dejar de llenarme de melancolía y hace poco leí Los subterráneos porque Nucífora me dijo que mi novela le daba reminisencias beatnik.

Mis libros Beat.
Arriba: Keroauc - En el camino, Los subterráneos, Big Sur y Tristessa.
En el medio: Ginsberg - Aullido y otros poemas, América y otros poemas, Kaddish and other poems y Journals: early fifties, early sixties.
Abajo: Burroughs - Queer, Junky, Cartas del Yagé, Almuerzo desnudo, La máquina blanda y El lugar de los caminos muertos.


Ninguno de esos libros me conmovió tanto como Big Sur. La prosa intermitente, las oraciones kilométricas entrecortadas por guiones que era un vicio que había copiado de los puntos suspensivos de Céline me llevaron, justamente a Céline y de ahí en más tuve y tengo un problema con los puntos suspensivos.
Eso dio Kerouac: la posibilidad de una forma, el intermitente zumbido de las palabras, el ritmo natural de la prosa. Convirtió la poesía en prosa y narrativa.
Por todo eso y más, Kerouac fue la llave. Y a pesar de considerar su literatura algo superado en mis gustos y preferencias actuales (tengo tanto por leer aún que no me puedo sentar a releerlo a él) lo sigo respetando y admirando. Y en la Trilogía de Escritores Beatnik originales, tenemos la Santísima Trinidad con El Padre, el más anciano, el más alucinado, el de las experiencias vitales más increíbles que trasmitió a los otros, Bill Burroughs (conicidí hace poco con un editor con que es el que le dio filosofía al movimiento), el Hijo, el escritor más digerible y comprometido encarnado en ese largo aullido de Ginsberg y el Espíritu Santo, el gurú, el líder, el James Dean y su actitud en Jack Kerouac.
Amén.


P.D.: Agradecimientos para la producción fotográfica a la cámara de mi hermano y mi cama que sirivó de aparador.

18 comentarios:

Pablo Giordano dijo...

Una noche de verano una amiga fue hasta su casa a buscar cigarrillos y me dejó en la vereda de mi casa con un amigo de ella cinco años mayor que nosotros. Teníamos 16 años y yo hacía desde los diez que escribía. Básicamente lo hacía para enamorar a mi madre y a algunas chicas que se parecián demasiado a mi madre. Enajenado por Sábato, Galeano, Jack London, Dolina, etc... lo que mi amigo me dijo me cayó como una revelación de universo concluido. La vida tuvos entido: me dijo. estoy leyendo a Bucosqui. ¿Quién? Un loco yanky que escribe cuentos sobre tipos que se hacen la paja con un jarrón y se les rompen, se les corta la mocha y tienen que salir rajando al hospital.

¡Por Dios! pensé, o sea que se puede escribir sobre esas cosas?

Estrella dijo...

Yo también tuve mi época B. Leí además la biografía sobre su vida de Neeli Cherkovski; me acuerdo que miraba y miraba las fotos una y otra vez. Por supuesto, vi las dos películas que hay acerca de él. Tengo algunas imágenes y "pensamientos2 suyos muy grabados. Su poesía tiene algo de ternura, su prosa, no.
Fante se le parece.
No son libros para leer en tiempos de desazón.
Un placer leerte.

Anónimo dijo...

¡¿El Rufián escucha a Hillary Duff y usa sus canciones como títulos de sus posts?!

Pol Marías dijo...

Rufianesco;

Muy a menudo me ocurre, cuando surgen estos asuntos, un repentino achaque de algo así como un lupus literario. De igual forma esos síntomas destructivos se hacen notar cuando aparecen los despreciables neohippies que defraudan todo lo que pretenden gloriar.

Gustó mucho esa trinidad de los mismos tres que sí dejaron una generación. Pero atención: cuando mucho se ensalzan las vanguardias y desaparece todo rastro de irreverencias, quedan apenas las intenciones, que se vuelven un cascarón y así aparecen vendedores de almas que imitan formas y conceptos, pero que en realidad se alejan del mensaje. Ahí están esos neohippies de nuevo.

Por mi parte, prefiero fingir un poco de asco o de indiferencia, para alimentar esas locas fogatas pero sin esperar buenos resultados (ni una chance para el Nirvana, claro). Si pudiera cruzarme con Bukowski por alguna callecita de ultratumba, lo mandaría redondamente al carajo.

Saludos

P.M.

Rufián Melancólico dijo...

Sí, claro... cuando me despierto con MTv están a pleno Hillary, Belinda y otras divinuras.
Por lo visto, no soy el único que la conoce.

Pol: Coincido con vos. Es una garcha cuando la vanguardia se institucionaliza. De hecho, los hippies originales ya eran una versión bastarda y berreta del movimiento Beat.

Calle Melancolía dijo...

Hola! es la primera vez que paso, no sé como llegué, supongo que por los largos brazos que nuestra querida Puan extiende por la red...
Qué cuarteto, Bokowsky-Camus-Kafka-Dostoievsky, la puta madre, de lo mejor que leí, que inevitablemente me llevó hasta la retorcida psiquis del gran Erdosain... vos lo conocés mejor que yo rufián, jajaja.
Opinión: los suplementos de los diarios en homenaje a los x años de la muerte de x escritor al cual nunca dieron cabida dentro de su pequeño círculo de autores, son agentes frivolizantes de la mejor literatura, se la dan de transmisores de cultura y siempre propagandean a los mismos autores.
Chau!

Bolchevique Superstar dijo...

Es verdad, a mí también se me abrió la veta por el lado de Camus (acabo de terminar de leer La Caída, tiene genialidad aunque no es lo más increíble de él).
Y con On The Road, también me pasó que esperaba algo mucho más salvaje, pero quizás al final fue mejor así. Tuve que afrontar que Kerouac no era de los más locos pero que a cambio tenía esa interesantísima relación de amor no sexual con Neal Cassady, que es lo mejor del libro para mí.

Matias dijo...

Te dejo un link por si no lo tenés ya que nadás en todo eso de lo beat.

Matias dijo...

Uy, creo que no salió, ahí va de nuevo:
http://stayfree.blogspot.com/2007/09/kurt-cobain-william-burroughs-priest.html

Terra dijo...

Stephen King es literatura seria. Por lo menos para mí. Saludos.

Rufián Melancólico dijo...

Che Terra, hay cosas de King que la descosen como "El Resplandor", "Cementerio de animales" o "Misery". Pero también escribió basura como "Desesperación".
En todo caso, nunca quise parecer desagradecido respecto del maestro.

Anónimo dijo...

Hola mirá la verdad que me matás rufián. Entré la otra vez a tu blog y encontré en este post el justo descargo de Marina Mariasch por tus comentarios arcaicos y pelotudos respecto a su culo. Te posteé y te lo dije, pero onda te lo dije bien: chabón, la Mariasch es poetisa, que siesta y que blablabla y los retrógrados sólo pueden ver un culo. Ahora entro y no sólo borraste mi post, borraste su réplica lo cual me parece patético porque, mínimo, después de lo que dijiste de ella si te pone la tapa, bancatela. Hacete hombre Rufián, y cuando los seas aprendé a ser caballero que esas cosas no se le hacen a ninguna escritora pero tampoco a ninguna mujer.

Rufián Melancólico dijo...

Che, pedazo de esquizoide, nadie borró tu comment. Sigue estando, junto con mi réplica, en donde vos lo dejaste:
http://lasopinionesdelrufian.blogspot.com/2007/08/crnicas-de-la-amargura-vi.html

Vicente dijo...

¡Muy buena colección de libros beat, Soifer! Envidiable...

José dijo...

Yo creo -y digo "yo"- que ninguno de ustedes pueden entender plenamente a Bukowski y esto lo digo sin conocerlos. Pero leyendo sus comentarios y me refiero más que nada al "Rufián" me doy cuento que son nenes de pecho, les falta mucha calle y laburos auténticamente de mierda. Dudo que algunos de ustedes haya trabajado de vigilador, de obrero o de lo que mierda sea, en jornadas de 12 a 14 horas. Es ahí cuando podés conocer el mensaje más profundo de la obra de Bukowski que trasciende sus peroratas infantiles de borracho. En el país lo único similar que conozco es esto: http://www.elprotohumano.blogspot.com/ que lo encontré navegando casualmente. Bueno, no tan casualmente...

Rufián Melancólico dijo...

jajajaj todavía hay lectores de Bukowski que no leyeron a Bukowski.
Te recomendaría José, que leyeras los poemas de madurez de Hank donde vas a ver cómo se caga de la risa de los boludos que le escriben diciéndole que sus vidas son una mierda. Él dice: "Sí, es cierto, estuve ahí. Pero ahora tengo una casa, dos perros, dos autos, una mujer, etc., etc."
Para disfrutar de la literatura no hace falta haber vivido experiencias similares a las que se leen. Si fuera así, dudo que muchos hubieran disfrutado por ejemplo con, no sé, ¿Crónicas marcianas? ¿Cuantos de los que lo disfrutaron estuvieron en Marte?

José dijo...

Primero que leí completo al viejo, aunque eso no sea necesario para comprenderlo. Basta con algunas cositas. Dos, que me refiero a un problema que tienen todos con la obra de Bukoeski (aunque admito que ustedes nunca tocaron ese tema)que es tildar a Bukowski de escritor para adolescentes. Creo descubrir que eso se debe a que la mayoría de la gente del campo intelectual no tuvo laburos de mierda. Esto no te hace mejor crítico de la obra del viejo borracho, pero te permite entender mejor todas sus diatribas, que no era solamente escupir mierda al techo. Era algo que le salía de las entrañas. No dudo que ustedes lo disfruten igual que yo, pero me cuesta admitir que sepan verdaderamente del nivel de frustración absoluta que está hablando.
Y en cuanto a su etapa de buen burgués es completamente comprensible, el tipo, como él decía, le llegó todo demasiado tarde, pero quiso aprovecharlo al máximo. Además, no te olvides que si bien estuvo inmerso en la bosta, nunca perteneció a ese mundo y tenía una sensibilidad artística que te puedo asegurar no existe en ese ámbito de borrachos y perdedores.
Chau, rufiancito...

Ángel Furioso dijo...

Tu colección me ha volado la mente, tantos de esos libros los sigo buscando ahora, sobre todo los de Allen y Jack. Aun sigo en busqueda del libro de Cassady y los libros de Corso.

Muy buen post,

un saludo desde Lima, Peru.



Isaac