23 de noviembre de 2007

Reseñas de In Fraganti (segunda parte)


Continúo mi labor reseñista. Acá va la segunda parte de las reseñas:

La cabeza de la víctima (primera parte)

1) Ángel de la guarda de Mariana Enriquez

2) Matador de Leonardo Oyola

3) Mata a tu Dios de Romina Doval

4) Fuego chino de Juan Terranova

5) La puerta de bronce de Ana Cecchi

6) Sesenta kilos de Alejandro Parisi

7) Nadie habla de Diego Erlan

El torso de la víctima (segunda parte)

8) La nada en todas sus formas de Julián Urman

9) Sesiones de María Molteno

10) Los príncipes de Hernán Vanoli

11) Sin penas ni rencores de Maximiliano Matayoshi

12) La apariencia del delito de Pablo Alí

13) Ellas de Violeta Gorodischer

14) El oreja de Juan Diego Incardona





8) La nada en todas sus formas de Julián Urman

Definitivamente el registro de loco místico le calza a la perfección a Urman en un relato en 1era persona. El discurso de mística berreta gana algunos puntos altos a lo largo del texto y se diluye en eso: mera enumeración de frases enroscadas recubiertas de una rica cubierta de palabras que invocan a la divinidad. Tan ricas como el baño de chocolate.
El problema es que no de conocerse previamente el caso Conzi, el cuento queda como una enumeración medio incoherente de palabras mechadas por la fuerza del sintagma y no mucho más.
Respecto del aspecto “policial” también está casi ausente, sólo representado por algunas vagas referencias a balas, persecusión en el auto y luego de nuevo: más referencias imposibles para el que no conozca los mínimos detalles del caso. Precisamente en esa construcción de una primera persona alucinada es donde se pierde la capacidad narrativa, descriptiva de un cuento como éste. Eso sin contar que la idea de justificar desde el cuento la presunta “locura mística” del personaje Conzi parece una construcción que calza perfecta a la estrategia de la defensa del imputado. Y si bien no vamos a hablar de reflejo, sí hay en la refracción de la realidad en el cuento un factor a tener en cuenta. El autor eligió considerar a Conzi un loco y esa elección está presente en la narración.

Veredicto: No puedo considerarme adepto de la narrativa de Urman (su novela Ravonne no me gustó), aunque le reconozco cierta pericia a la hora de manejarse con los mecanismos de la construcción del texto. Quizás porque sus textos contienen algo de hermético me desagradan (soy cultor de lo directo), pero sería injusto no reconocer que trabaja bien.

9)Sesiones de María Molteno

Otro cuento en 1era persona que plantea el monólogo de una paciente a su terapeuta. Lo que en un principio se torna interesante con un buen manejo del suspenso y la resolución de pequeños enigmas planteados en las primeras páginas, luego comienza a tornarse un poco previsible, evidente y hasta puede llegar a resultar obvio. La inclusión de una subhistoria familiar que contrasta con la densa historia familiar principal es un recurso un poco obvio, pero no objetable en sí mismo como procedimiento. El caso policial está en la reconstrucción del recuerdo y en los pequeños detalles que marcan la relación familiar, etc. Nuevamente hay ausencia del hecho concreto aunque hay una especie de recreación del mismo en una pesadilla de la narradora.
El final resulta un tanto trillado por la necesidad de cerrar la subhistoria familiar que venía desarrollando en segundo plano.

Veredicto: Un cuento correcto, cumple con lo que se le pide y no mucho más.


10) Los príncipes de Hernán Vanoli

El comienzo del cuento plantea algunos interrogantes bien manejados respecto del género del narrador que son resueltos más adelante en la trama. Es un recurso interesante: descoloca e incomoda al lector.
En sí mismo, todo el cuento resulta un cuento “incómodo” en el sentido que recoge sus materiales de un fondo muy bajo, con mucha basura social (prostitutas, travestis, aristócratas perversos y cocainómanos, familias disgregadas, cafishos, transformistas, etc.) que además es explotada con una serie de situaciones perversas que rayan con la locura: videos de entierros como regalo, fantasmas que piden venganza a la Hamlet, alucinaciones, sometimientos sexuales, afectivos, emocionales, etc.
La trama entrecruza un crimen pasado con la concreción de nuevos crímenes de venganza, charcos de sangre, infartos y personajes decrépitos en todo sentido. Lo que termina siendo una gran configuración de un microcosmos narrativo exhuberante que a veces desborda en incomodidad al lector y a veces desborda en la posibilidad de seguir la trama (empastada además por los párrafos enormes sin recortes que se suceden uno tras otro).

Veredicto: Sin dudas otro de los grandes cuentos de la antología. La construcción es original y hay un muy buen manejo de subtramas (hubiera estado interesante un poco más de claridad explicativa, bajarle un cambio a la velocidad del relato) que se entrelazan en forma desbordada.

11) Sin penas ni rencores de Maximiliano Matyoshi

Nuevamente nos encontramos con un caso de crónica periodística pero que al no haber tenido hechos de sangre, pierde efectividad como relato policial.
Dice Link respecto del género:

El policial desdeña, incluso, los delitos más o menos frecuentes: el asalto a un supermercado o el robo de un electrodoméstico, la cartera arrebatada en plena calle. El mundo del policial es el mundo de la muerte sórdidamente estetizada (y autonomizada).

(Link, Cómo se lee y otras intervenciones críticas, p. 107)
En este caso, si tomamos el hecho de que hablamos del fockin´ Robo del Siglo podría haber habido una oportunidad de explorar la gestación en profundidad del robo o el momento exacto en el que se hizo, detalle a detalle cómo fue. Sin embargo, precisamente ese momento está elidido. El narrador se contenta con hacer una historia costumbrista de su vida pre y post robo.
Pareciera ser que el problema de este tipo de cuento policial sin policial es que no retratan tensiones, intentan ser policiales negros pero no tienen un trasfondo de derrumbe social refractado, no tienen suficiente fuerza como para generar en el lector empatía con el criminal ni con el detective freelance.
Estructurada en dos espacios (el mundo del crimen y el mundo familiar) el relato parece tener más peso costumbrista en el segundo de esos mundos (“En pocos minutos, la bandeja estaba vacía, salvo por una porción de estofado.”) que en el primero. Hay una caracterización de ese espacio familiar mejor hecha. Aunque sigo insistiendo: un cuento policial noir sin caso policial que relatar se convierte en algo un tanto extraño y aburrido.
Sumado a eso, hay algunos construcciones sintácticas extrañas o engorrosas (“Gordo, dijo Carlos, el único al que le dejaba llamarme así”), problemillas gramaticales, abuso de posesivos (“Los cordones de su delantal que caían desde la cintura se balanceaban justo donde comenzaban sus piernas”) y cierta insistencia con lugares comunes que fastidian la lectura (“Le pasó la lista al Uruguayo que respondió a los pocos segundos).

Veredicto:
Queda demostrado una vez más en esta antología, la dificultad de construir cuentos policiales sobre la base de casos que dan para la crónica periodística antes que para el viejo y querido género policial.

12) La apariencia del delito de Pablo Alí

El “Club de los Caballeros de la Media Noche” era la organización criminal (de adolescentes punk diríamos hoy en día) que integraba Silvio Astier junto con otros delincuentes menores en El juguete rabioso de Arlt.
El “Club de los Caballeros de la Noche” en cambio, se supone que fue un grupo de delincuentes de guante blanco que idearon profanar un cadáver aristocrático a cambio de una compensación económica de la familia del cadaver profanado. Sobre la base de este caso (interesante por lo curioso y lo morboso) está construído el cuento de Alí que se detiene, nuevamente, en la configuración del crimen, la forma en que se planifica, que tiene una breve descripción del crimen concreto (una escena que podría haberse explotado muchísimo más) y luego las minucias resultantes del pedido de rescate, el cobro del mismo, la persecusión policial y el destino de los involucrados.
Quizás en esa referencia a Arlt está lo interesante del cuento en la delimitación de unos personajes aristócratas y algo bizarros, que conforman un grupo conspirativo tan ridículo y dispar como Los siete locos y tan patéticos y poco productivos como el mencionado club de estafadores de baja monta que conforman los del club mencionado.
Intercalando fragmentos de un viejo artículo periodístico de la revista Todo es Historia que ya se había encargado de relatar el crimen, el texto quizás tenga su rasgo de originalidad en cuanto a construcción en esos empalmes que hacen pensar en mecanismos de vanguardia asimilados y adormecidos (Burroughs ya lo hizo hace tiempo).
Las primeras páginas que dedica el narrador a situar en época su relato parecen idénticas a otras páginas de otros cuentos del libro en los que la necesidad de situar al personaje en su contexto y su momento histórico se llevan los momentos más extensos y sosos de la narración, con un exceso explicativo que sin dudas no aporta nada bueno ni original.
Entonces, la pequeña pizca de mínima originalidad distintiva está en el empleo del procedimiento que le permite diferenciarse de la repetición de la mayoría de las voces que se pierden en una antología como la presente que hace difícil distinguir autores entre tanta repetición de fórmulas y prosas automáticas, más cercanas a la crónica periodística que al “cuento” policial.

Veredicto: Un cuento más que integra la serie. Sin rasgos que destacar a excepción de un intento leve de introducir originalidad al mecanismo productivo del texto. El caso policial ficcionalizado resulta atractivo pero queda poco explotado en sus costados más gancheros como podría haber sido la descripción del cadáver putrefacto y la escena del cementerio.

13) Ellas de Violeta Gorodischer

Un nuevo cuento que construye la escena previa al crimen, la justificación, el móvil y la configuración de un escenario previo y posterior al delito.
Lo que se pierde con este tipo de cuentos es la posibilidad de explotar la carnalidad del policial negro: la violencia física desencadenada.
El caso Barreda sin dudas es un caso interesante que permitiría un despliegue narrativo de sangre y tripas desparramadas por todos lados, mucha tensión y muchos fluidos desperdigándose. Y si bien los fluidos (sangre, semen, transpiración, saliva) llenan un texto literario, le dan un peso importante, bien distribuidos y bien expuestos pueden darle la viga de apoyo que necesita el relato para no desmoronarse en una sucesión intrascendente de acontecimientos sin un conflicto duro en el centro.
El cuento de Gorodischer tiene en particular una escena que condensa la tensión y la convierte en metonimia: “El agua con las verduras comienza a hervir, la carne se cuece a fuego lento.” Condensada en esa oración, la tensión de un cuento que trata precisamente sobre la construcción de la tensión que termina en crimen: las humillaciones, las bajezas y los insultos (interesante registro de la oralidad puesta al servicio del insulto) que justificarían de alguna manera el crimen.
El riesgo de este tipo de cuentos en 3era persona pero enfocados en un personaje que hará algo “malo” es el que tenía otro cuento como el de Urman: justificar o darle herramientas al personaje para que justifique su accionar cuando lo que interesa en definitiva es lo que hace. No podemos tener un criminal moralmente ambiguo, cuanto menos información se nos de del mismo, más fuerte es la explosión. Y sin embargo el cuento no explota, obviamente, porque no hay descripción de la escena del crimen en el presente: sólo el recuerdo de lo que sucedió y las visiones de una vidente. Por otro lado está bien manejado y planteada la idea de una liberación sexual de esa tensión y está bien puesto el foco sobre ese aspecto. La descripción del sexo post-crimen es uno de los puntos fuertes del cuento (en especial en la descripción de la amante desbocada con sus tetas en subibaja al ritmo del coito).
Ciertos giros lingüísticos u oraciones le restan potencia:
Hoy va a encontrarse con su amante en la Ruta 11. Es un acuerdo.”
“Al ver que el piso encerado resplandece, siente un secreto orgullo.”
“Vuelve a mirar la escopeta: no escuchará el apodo nunca más.”
etc.

Veredicto: Otra oportunidad desperdiciada para hacer la descripción de una buena escena dantesca que liquidara en una gran explosión de sangre la tensión que se acumula en el texto a partir de la descripción en cámara lenta de la situación y el entorno del personaje. Aún así, la conclusión que contrasta la violencia y la paciencia fría del asesino con el sexo desbocado de su amante es un buen punto de fuga para esa tensión.

14) El oreja de Juan Diego Incardona

Con un caso tan conocido y del que se han escrito tantos libros como es el de El Petiso Orejudo, la opción de Incardona por crear una ficción a partir de los años de cárcel del personaje parece ser una elegante e inteligente forma de abordarlo.
El énfasis claramente puesto en la descripción de los lugares, los momentos y las situaciones configuran un espacio narrativo muy bien descrito e imaginable: la prisión del Fin del Mundo como especie de castillo gótico donde se desarrollan novelas de aventuras. Es que precisamente eso parece ser el cuento: una pequeña aventura, con un narrador en primera para describir al personaje Oreja, que se permite ir dosificando las descripciones enfocándose precisamente en los sentidos: olfato, vista, tacto, oído. La configuración del espacio de la cárcel y del espacio de la privación de la libertad son algunos de los puntos destacables del cuento que se complementan con algunas descripciones explícitas acerca de los crímenes del famoso criminal deforme.
Haciendo buen uso del espíritu de época no faltan las descripciones lombrosianas (“Era tal cual lo retrataban: un pequeño monstruo, bajo, cabeza chiquita, cejas gruesas, un par de orejas gigantes que le daban apariencia de duende, y una mirada perdida e idiota, como la de un pez”) y las intervenciones de esa teoría.
Hay algunos momentos de aventura en sí misma (el intento de fuga) que le dan a los días perdidos de la vida del Petiso Orejudo en prisión una ficción posible y se nota una buena investigación respecto de las características del lugar, el entorno y la época.
La violencia física directa está diferida (aunque el escenario planteado en la muerte de los gatos es bastante explícita) pero no por eso deja de estar presente, lo que le agrega una cuota de violencia necesaria para describir al personaje.
Es interesante como lo que está ficcionalizado no es solo el Oreja en sí mismo sino la vida en esa cárcel tan particular. Una melancolía tiñe el cuento y adquiere su nivel más alto (en el que mezcla melancolía con brutalidad banal de los hechos, violencia y hasta diría kistch) en la escena de la mujer del alcaide del penal usando el fémur del cadáver del Oreja como pisapapeles. Esa escena condensa toda la densidad del cuento: la descripción de la vida carcelaria injusta y cruel significada en la burocracia de los papeles, el gótico en el fémur usado como herramienta de vida cotidiana y morbosa, la violencia del cuerpo disgregado y lo táctil por parte de los sentidos en la imagen del hueso blanco, pulido y poroso sosteniendo con su peso esos papeles.

Veredicto: Sin dudas uno de los cuentos mejor trabajados a nivel formal de todo el libro. Hay un cuidado bastante puntilloso respecto de las oraciones, las construcciones y la estructuración del relato. El punto de vista elegido resulta original e inédito respecto de otros enfoques abordados en otros cuentos.
La descripción y la apelación a los sentidos está bien llevada a cabo y generan acaso, la apuesta más interesante del cuento.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Leyendo tu reseña llego a la conlusión que pagar cuarenta pesos por el libro es un crimen.

PZ dijo...

¿No te parece que los mejores cuentos son los que avanzan sin centrarse en el criminal?
Es un poco lo que te decía la semana pasada en tu primer análisis. La mirada del otro, tal vez ingenua, tal vez sorprendida, puede desarrollarse con más fuerza.
Por eso, entre otras cosas, el mejor de esta tanda es Incardona.

Rufián Melancólico dijo...

Quizás estaba esperando demasiado leer cuentos verdaderamente "policiales".

El recurso de narrar desde el borde la situación está buena, pero cansa si todos se dedicaron a hacer lo mismo.

Coincido igual con que el cuento de Incardona es el mejor de la tanda.

The Outsider dijo...

Outsider saca la reposara, se pone ropa comoda, agarra una lata de cerveza y se sienta a observar la flamewar por venir :P

Anónimo dijo...

Che, y qué onda, cuántas reseñas sosas e indulgentes más tenés que escribir para que te acepten en el club de amigos de la joven guardia?