30 de noviembre de 2007

Reseñas de In Fraganti (tercera parte)

Con estas 7 reseñas completo mi análisis cuento por cuento de los 21 cuentos de In fraganti.
La semana que viene, para no sufrir Stress Post Traumático por ya no tener más que reseñar del libro, quizás, una breve impresión general del libro y quizás también, una pequeña sorpresita.


La cabeza de la víctima (primera parte)

1) Ángel de la guarda de Mariana Enriquez

2) Matador de Leonardo Oyola

3) Mata a tu Dios de Romina Doval

4) Fuego chino de Juan Terranova

5) La puerta de bronce de Ana Cecchi

6) Sesenta kilos de Alejandro Parisi

7) Nadie habla de Diego Erlan

El torso de la víctima (segunda parte)

8) La nada en todas sus formas de Julián Urman

9) Sesiones de María Molteno

10) Los príncipes de Hernán Vanoli

11) Sin penas ni rencores de Maximiliano Matayoshi

12) La apariencia del delito de Pablo Alí

13) Ellas de Violeta Gorodischer

14) El oreja de Juan Diego Incardona

Las extremidades de la víctima (tercera parte)

15) La secretaria de Gisela Antonuccio

16) Causas simples para crímenes improvisados de Pablo Toledo

17) Sobre sus pasos de Marina Kogan

18) Mamá Rosa de Pablo Pltokin

19) La valiente Irene de Patricia Suárez

20) Volveré de Germán Maggiori

21) Los días que duró el incendio de Federico Falco



15) La secretaria de Gisela Antonuccio

Entre el homenaje y la réplica del procedimiento, éste cuento toma la estructura de Nota al pie de Walsh (se encuentra en Un kilo de oro) pero lo hace explícito, hay una aclaración: “Los personajes y situaciones narrados en este cuento son fruto de la imaginación, y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia; no así la forma en que aquellos decidieron ser narrados(*)” donde el asterisco final lleva a un epígrafe de Nota al pie de Walsh.
Todo esto lleva a pensar en varias cosas:
a. Que es ridículo hablar de que los personajes de la historia son ficcionales cuando la premisa del libro es que serían cuentos basados en casos reales. Hay al menos un personaje que tiene que ser real y creo que es algo que se repite en todos los cuentos (o que al menos, puede pensarse que se repiten en todos los cuentos) y estos son las víctimas. Aventurar hipótesis respecto de quién fue el criminal resulta azaroso en la mayoría de los casos porque sencillamente la justicia nunca lo determinó. Proponer móviles o circunstancias de los crímenes, también resulta terreno fértil para la fantasía creadora. Lo que no se puede inventar es la víctima porque es lo único concreto, lo único que indica indisosiablemente hacia un punto. Lo que podría decirse, apuntala todo el libro. Si la premisa no era escribir policiales sobre casos policiales (que hubiera sido mi opción, pero sólo porque soy fanático del género), entonces el eje vertebrador es: Escribir sobre hechos unidos por la cualidad de haber producido de alguna forma u otra, víctimas.
La secretaria en este caso, no puede decirse que no esté basada en Lourdes Di Natale. La forma en que está narrado el cuento es otra cuestión: repetir el procedimiento de Walsh suena a osadía: primero porque hay dos formas posibles de incurrir sobre un procedimiento tan clásico y unitario (en el sentido de haber sido utilizado por UN autor UNA sola vez): el homenaje o la parodia. El camino del homenaje suena al más dificil y es lo que hace Antonuccio con la ventaja adicional de que le salió bastante bien.
Hay un rasgo más de osadía: Walsh está asociado con una tradición de género policial muy fuerte en la literatura argentina y al mismo tiempo, de una literatura cronística de casos policiales que lo hace parte del género, referencia obligada del mismo. Intentar lo que él hizo es teñirse entonces de la atmósfera del policial y eso, lo agradezco (como fanático del género claro).
Por último queda la pregunta: ¿quién escribió la advertencia del comienzo? ¿La autora? ¿La narradora? ¿La editorial? Una pregunta que ya plantea un principio de enigma y un juego con el lector: vayan, lean el cuento de Walsh y entérense del por qué de la aclaración.
En el sentido estricto del cuento, está bien desarrollado en sus dos partes (aunque la Nota al pie resulta a veces un tanto confusa en el manejo del monólogo interno). Sin dudas la parte principal construye una tensión mejor desarrollada y se juega por salirse de la tangente de algo muy evidente (tanto por la realidad a la que refiere el cuento como al monólogo de la nota al pie): a La secretaria la mataron.
Las últimas dos líneas del cuento le dan un cierre perfecto, redondo, típico de policial negro. Me hizo pensar en algún punto en título de novela de J.H.Chase por la forma en la que hace saltar de forma sutil y prometedora la tensión que en este caso queda irresuelta (¡por suerte!) y deja la sensación inquietante que dejan los cuentos policiales redondeados, donde todas las fichas terminan encajando.

Veredicto: Un prometedor cuento de este último tercio de la antología. Remonta en calidad de escritura, en forma de implementar los procedimientos y en riqueza narrativa.
Se desprende del prejuicio obvio de ver un cuento de Walsh reescrito y termina haciendo algo más que interesante.

16) Causas simples para crímenes improvisados de Pablo Toledo

Sin dudas lo mejor que tiene el cuento de Toledo es la tranquilidad con la que el narrador nos refiere su historia: sin abandonar un pulso calma nos relata la forma en la que conoció a una mujer, cómio se enamoró de ella, cómo ella lo traicionó y cómo él la estranguó, la descuartizó y esparció sus miembros.
Cuento de carniceros, gran oportunidad. Y si bien le falta suciedad al cuento (no hay menciones a la sangre, lo que puede verse quizás como un alivio para los que están un poco saturados del despliegue de vísceras que yo considero un potentísimo recurso para cuentos policiales) el cuento hace de esa carencia su virtud.
Incluso el momento del asesinato está sobrevolado en forma casi poética:

Hice lo único que pude, lo único que supe: aferrarme a ella, sostenerla una última vez, tan cerca que no pudiera irse, tan fuerte que no pudiera quitarme nada, tan firme que sus golpes y sus gritos no bastaran para seprarnos. Hasta que dejó de resistirse y todo terminó.
Precisión. De eso se trata. Las referencias al cuento policial inglés superan el guiño y se meten de lleno en lo que se intenta: homenajear al policial clásico desde un policial negro. Dos mundos incompatibles. Entonces, en esa no-descripción del asesinato se cuela la resolución potente por la tranquilidad (precisa) con la que se la narra:
Los ingleses son mucho más precisos: ripper. Despedazar, arrancar, desgarrar, cualquiera de esas palabras explica mejor las ocho horas en las que separé carne, abrí espacios entre las articulaciones, serruché fibras, tendones y músculos hasta multiplicar, o mejor, dividir el cuerpo en trozos que serían más fáciles de esconder. Envolví las piernas, la cabeza, el torso, y los guardé en la heladera para ganar tiempo. Con un cuchillo arranqué las yemas de los dedos y desfiguré su cara hasta volverla irreconocible. Cuando terminé, amanecía.
La primer parte del relato podría bien estar describiendo la operación de un carnicero y sólo se vuelve truculento cuando habla de yemas de los dedos y cara. La referencia a la palabra inglesa tampoco parece casual: los ingleses y sus detectives clásicos tienen una palabra perfecta para decir descuartizador. Es el momento en que se produce el traslado fundamental de un cuento descriptivo al policial negro (enfocado en la vista del asesino). Algo que siempre estuvo, pero oculto bajo las referencias a Agatha Christie.
No mucho más sucede y el cuento termina con la misma tranquilidad con la que comenzó.

Veredicto: Una interesante vuelta de tuerca al subgénero de descuartizaciones y primera persona del asesino.

17) Sobre sus pasos de Marina Kogan

A nivel personal debo decir que la sola idea de tener que ficcionalizar el Caso Dalmasso me hace recorrer un escalofrío por la espina. ¿Cómo escribir sobre un caso tan reciente, con tanta truculencia y aún no resuelto?
Kogan lo resolvió con recortes: espacios, sujetos, lugares, situaciones. Todos sobrevolados por arriba, como una presencia fantasmal que se deslpaza por tiempo-espacio, se configura la escena del crimen, se presenta a los sospechosos, los involucrados, el entorno social (elemento fundamental de todo policial negro), todo entrecortado por ubicaciones localizables. Todo comineza con el asesino en el momento del crimen y de ahí en más solo se presenta lo que hay alrededor del asesinato. No hay hipótesis sobre el culpable, ni el móvil sino el retrato social de determinada gente.
No se incurre en el morbo fácil de hablar de la forma en que Norita fue sodomizada, pero no deja de estar presente el pote vaselina.
Solo un par de pocas expresiones u oraciones disonantes empañan apenitas un cuento que está bien trabajado:
Ana va hacia la cocina, enciende la luz, toma el hueso de juguete y lo llama. Julius corre hacia ella y después de jugar unos segundos, Ana lo saca al jardín por la puerta trasera.”
“…recuerda y maldice la fiesta.”
El final es de una laconía estremecedora: describe con mejor pulso y mayor habilidad el contexto social que intenta describir que en otros momentos como con el lugar común de mostrar el maltrato a una mucama.

Veredicto: Un cuento bien llevado, interesante, con buen pulso, que maneja la temporalidad de buena forma, que de a ratos parece un poco temeroso de acelerar en algunas situaciones.

18) Mamá Rosa de Pablo Pltokin

Otro de los grandes cuentos de la antología. Y otro caso dificil de ficcionalizar.
Los que no conocen el cuento Una rosa para Emily de William Faulkner les recomiendo que lo lean ya mismo (acá pueden hacerlo) y los que lo conocen sabrán lo dificil que signfica la posibilidad siquiera de reescribir ese magistral cuento en donde se mezcla amor con violencia, mugre, muerte, necrofilia y quién sabe qué otras parafilias horribles.
El cuento está lleno de una dureza seca, filosa y comprometida que se impone con la violencia de las palabras en el lugar justo. Las asociaciones y la configuración de una pobreza que trasciende su justificativo de “es pobre, es ignorante” para pasar a describir situaciones sencillamente enfermizas y relacionadas con cierto regodeo con la muerte y la podredumbre:
Cerró los ojos y trató de evocar el tufito que largaba la brocha de afeitar de su padre muerto. Cada vez que iba a mear, no podía evitar la arcada y el placer secreto de olisquear esos pelos resecos, que hacía tiempo habían dejado de oler a su padre para heder a coronilla de preso, a polvo de tumba.
Ya en este párrafo casi inicial se configura un mundo de violentación de lo natural, de profanación de la muerte con una serie de asociaciones y palabras clave que imponen toda la fuerza semántica que connotan: tumba, polvo, oler a su padre, arcada y placer, tufito, muerto, etc.
A partir de ahí y en una descripción bastante minuciosa y seca, sin compasión de la vida, la muerte, los abortos, el sexo como algo sucio, se desarrolla el cuento que se va llenando de la suciedad no sólo de las palabras y la situaciones sino de la forma en que se narra: con cortes e incisiones que llevan el relato de presente a pasado, de pasado a presente.
Algunos sintagmas disparan metáforas y asociaciones perfectas y terriblemente seductoras en su violencia: la escena de la violación
Antes de que pudiera entender qué había que hacer, el bicho se le metió adentro con un chasquido de hìmen que le ardió en las tripas. Era para vomitar ahí nomás, pero el bombeo duró poco. El hombre escupió el pegote y le ordenó que se lavara en el arroyito que corría entre las piedras, la basura desperdigada y el paredón perimetral.
las descripciones de la humillación, los abortos, el sexo como algo sucio (con una gran imagen en: “empuñó el sexo de Basilico y comenzó a chuparlo hasta que le explotó en la boca como una plasticola….)
El narrador se hace eco de la violencia en el cuerpo de sus personajes y le pone palabras bajas a esa violencia pero no empuja a la compasión.
Finalmente el cuerpo momificado, las cuencas de los ojos abiertas (nueva parafilia) y la podredumbre que se fue incubando a lo largo del relato, toda condensada en ese cuerpo reseco.

Veredicto: Por la habilidad con la que está escrito, la formulación de la violencia física, sexual, la descripción directa de las perversiones y lo excesivamente explícito, el cuento reescribe un cuento clásico de Faulkner y se convierte en uno de los mejores cuentos de la antología.

19) La valiente Irene de Patricia Suárez

Hay una respiración entrecortada en el cuento de Suárez que se nota en:

a. Las oraciones cortas.
b. La forma de una comunicación también entrecortada: la comunicación con los muertos o los objetos que los muertos tocaron, la comunicación extrasensorial.
La narradora usa las oraciones, Betty, usa la comunicación extrasensorial y en conjunto le dan una unidad temática y formal redonda.
El caso de la desaparición de una médica sirve de excusa para tratar temas de videntes, vidas pasadas y futuras, internas policiales y el sistema de manicomios en la argentina.
Nuevamente el tópico de los ojos arrancados (como en el cuento anterior) y no puedo dejar de pensar en este momento que en El corazón delator de Poe, el tipo mataba porque el ojo le molestaba. Había algo en ese ojo. “Su dinero no me interesaba. Creo que fue su ojo. ¡Sí eso fue!” (dice el cuento de Poe y funda el policial negro y la novela decimonónica clásica: funda Crimen y castigo de Dostoievsky).
La historia de la vida de la médica desaparecida se pone en paralelo con la investigación y con la intervención de Betty. Dos mujeres: una valiente (y muerta) y la otra Betty. Como Betty Short: la Dalia Negra. Asociación libre, ok, pero posible. Si el cuento está desmembrado por los cortes que le imponen una puntuación de oraciones cortas, muchos silencios y pocas certezas podemos decir que lo está como el cuerpo de Elizabeth “Betty” Short, La Dalia Negra (no vean la película, lean el libro que es superior) cuyo crimen, como el de la doctora desaparecida, nunca fue resuelto pese a las miles de investigaciones y recursos que en él se invirtieron. No hay certezas, hay cortes, hay miembros viscerados, hay corrupción institucional, hay un cadaver que nunca apareció. El detective privado (en este caso la vidente) humilla al policía. Un caso típico de Philip Marlowe.

Veredicto: Potente cuento que gana en la respiración entrecortada de la oración corta y muchos puntos y cortes. Inteligente interacción entre contenido y forma.

20) Volveré de Germán Maggiori

Una idea interesante, una vuelta de tuerca bizarra (houellebecquiana diría) a un caso renombrado que queda en las quisquillosidades de un narrador mañoso. Lamento, súplica, relato de las atrocidades a las que se ve sometido un personaje ficcional, el abuso de la descripción de las afecciones respiratorias, laborales y la torpeza por estupidez (la escena en que pinta los yesos de las manos para llevárselas es absolutamente inverosímil para el cuento y pareciera denunciar que fue colocada por una necesidad de la continuidad narrativa que tenía en mente el autor).
Es una lástima porque como decía, de no haberse detenido tanto en el lamento y la delimitación de un personaje patético, llevando más allá la descripción de la organización que planificó el robo de las manos de Perón y pretende su regreso (tema que da para las más disparatadas posibilidades) el cuento habría podido ganar muchísimo más vuelo.
El manejo del vocabulario técnico muestra conocimiento y genera verosimilitud.
Una temporalidad borrosa (un presunto futuro con referencias al presente en las revistas deportivas) termina de dar el marco.

Veredicto: Una buena posibilidad que creo, podría haber sido muchísimo mejor explotada de no haberse detenido en la configuración de una cosmogonía poco desarrollada, basada en la descripción de personajes perfectamente reconocibles en el presente sin necesidad de que sean vueltos a describir.
La idea da para mínimo, una nouvelle y se queda en un cuentito que es poco más que una buena idea.

21) Los días que duró el incendio de Federico Falco

Sin lugar a dudas el cuento más original, perfecto, cerrado y esplendoroso de la antología. Lo que hizo Falco es una indecencia, una provocación, un acto de absoluta literatura y en ese sentido se gana los aplausos del público.
El caso del Violador serial de Córdoba en forma de musical alla Pepito Cibrián regala momentos de trágica risa: el lector se ríe con las rimas acertadas y divertidas respecto de un caso terrible.
El cuento es efectivo también al estereotipar en el corset de personajes caricaturezcos (me pregunto si hay otra forma de hacer Comedia musical que no sea generando estereotipos) de personajes que en la vida real uno se imagina como estereotipos de corrupción, desidia y estupidez. De hecho, la nota final de Falco en la que aclara que un diálogo fue tomado casi textual de una investigación periodística, confirma esta idea:

Vecino (Canta):
Que se las culió, seguro, porque era fachero
¿Pero por qué las va a andar violando?
Para mí que las minas quisieron,
y después volvieron dudando.
Como sospechaban, a los maridos dijeron
que él las había estado tocando.

Descomunal.
Me cuesta analizar un cuento así porque me siento tentado a la risa, al disfrute, al goce, a dejarme llevar por la música que intento imaginar.
Y lo voy a hacer, por ser el último, por esta vez acá dejo y me sumerjo en el placer de la literatura.

Veredicto: Sin lugar a dudas, uno de los mejores cuentos de la antología. Un más que interesante final para el libro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Che Rufian, vos no sos esto chabon. No te obligues a reseñar. No es lo que nos gusta a los lectores del blog. Metele con la controversia, los articulos de porno, lo que te gusta. Medio que se nota que no te divertis cuando escribis eso. Vos no sos eso flaco. Alguien que quiere ser escritor, escribe y disfruta de lo que hace. No solo reseña. Para compilador ya tenemos a MT! Queres convertirte en el Reseñador?
Disfruta de lo que haces Rufian. Que todos lo notamos y tambien disfrutamos de lo tuyo.
te leo todos los viernes aunque nunca comento. Si uno no es de letras, a veces cuesta meterse a opinar entre todos los puaners que te comentan, pero ya ves. Hoy venci ese prejuicio.
Espero que estes joya, como dice Parisi.

Saludos che.

Rufián Melancólico dijo...

Estimado anónimo:

Gracias por el consejo. Lo voy a tener en cuenta y prometo para el viernes que viene un buen post sobre porno!

Gracias por opinar y animarte. No le temas a los puanners que somos inofensivos: ocultamos en las palabras nuestras inseguridades.

marina k dijo...

acá estoy, sí, había leído desde mi habitual paranoia igual...