11 de febrero de 2007

Felisberto Hernández se merece mucho más que un artículo malo en La Nación

Tengo preparado un escrito sobre Pornografía que pensaba hacer mi próximo post y ya me estaba yendo a dormir pero antes de enfilar para la cama me detuve un segundo en Lanacion.com.ar y leí una nota sobre Felisberto Hernández que me hizo sentir necesario precisar algunas correcciones al artículo que firma Alicia Dujovne Ortiz.

1) Diego Rivera fue el esposo de Frida Kahlo y dio asilo a Trotski. No sé nada del tal Diego Ribera que el artículo se esfuerza en nombrar repetidas veces.

2) Es interesante enterarse del dato biográfico de Felisberto (más teniendo en cuenta que tuvo una vida particular e interesante) pero en todo caso atribuir su literatura a su relación con África Las Heras me parece bastante burdo y estúpido.
Es uno de esos típicos planteos de escuela secundaria que hacen que la literatura siga siendo pensada como una relación unívoca entre Realidad y Literatura.
La relación es inmensamente más compleja y ha sido lo suficientemente discutida, teorizada y proclamada como para que en 2.300 palabras Dujovne Ortiz venga a pregonar libremente que:

"Mi hipótesis es que Felisberto, en "Las Hortensias", descubrió lo esencial de la trama en la que estaba envuelto, por no decir enrollado, sin entender de qué trama se trataba pero palpándola con su docena de ojos habituados a la penumbra. No a través del cerebro, sin duda, sino de algún otro órgano de percepción no identificado: un riñón sutil, un páncreas perspicaz. Ojos iluminados por un don premonitorio que también lo condujeron a describir en ese cuento el color de su muerte: cuando Horacio evoca espantado la sangre ennegrecida que oscurece una cara de cera, parecería presagiar el cuerpo de Felisberto, monstruosamente amoratado por la leucemia en el momento de morir."(1)
¿Es decir que Felisberto Hernández escribía con lo que le dictaba una acidez? La idea romántica que plantea la escritura como una especie de inspiración divina o irracional olvida que el escritor es productor, intermediario entre una realidad social y su escrito. Nadie escribe con su riñón ni predice su muerte a partir de un hervor en la sangre que se hace sentir tempranamente. En todo caso el dato biográfico del autor marca posibilidades (o no) de una escritura y genera una marca en la escritura. Dificilmente determinable el alcance de la misma por otra parte.

3) La simplificación que hace Dujovne Ortiz de la complejísima obra de Hernández (autor que ha sido objeto de prestigiosísimos críticos literarios) no habla mal del mismo Felisberto que sigue dispensandonos la posibilidad de una apertura interpretativa realmente grande sino que habla bastante mal de la autora de la nota que podrá conocer mucho de historia soviética pero poco de la obra del mencionado.
"¿Cuáles eran los temas de esa obra? A una búsqueda infantil, la del niño que les "levantaba la pollera" a los muebles (si no a la maestra), para espiar por debajo, se le unía la percepción de un "secreto" que acabaría por ser "denunciado". Un secreto oculto en las cosas más que en las personas (a menos que esas personas, en especial las mujeres, no fueran convertidas en cosas). "Objetos complicados en actos misteriosos". "Pruebas escondidas detrás de las sospechas como bultos detrás de un paño". "Descubrir o violar secretos". La palabra "violar", nada gratuita, proviene de un curioso erotismo visual y táctil, como si este hombre-niño que parecía frotarse como un gato contra las patas de los muebles -objeto de deseo cuya atracción dependía de la inmovilidad- hubiera gozado de una buena docena de ojos: dos en la cara y diez en las yemas de los dedos. " (2)
Clausurar "los temas" de la obra de Felisberto Hernández diciendo que se ampara en el secreto de lo no dicho que pugna por ser denunciado (y la operación sencillamente estúpida por la cual se pretende con este párrafo de retórica apta para seducir lectores del suplemento cultural de La Nación convencer de que toda su escritura era una forma de trabajo sobre el "secreto" de su mujer espía soviética) y la extremación de los sentidos (tácto, olfato, oído, gusto y vista) como formas de esta poética para añadirle cierta cuota de infantilismo, es sencillamente una lectura pobre, hecha ad hoc para justificar la hipótesis de que la literatura de Hernández esconde la clave del secreto de África Las Heras.

4) La evidente falta de editores serios en La Nación (evidenciada en la errata del nombre Rivera) también se hace notar al decir Dujovne Ortiz que la literatura de Felisberto Hernández es inconseguible en las librerías porteñas.
No sólo se equivoca la autora, sino que además, como decía, se muestra a las claras que no hubo allí un editor con la mínima capacidad de llamar a dos o tres cadenas de librerías para averiguar lo que cualquiera puede averiguar por sí mismo: las obras completas de Felisberto Hernández se consiguen en tres tomos editados por Siglo XXI a razón de $40 a $50 cada tomo.
Quizás, la autora hubiese podido subsanar este error comprándose ella misma los tomos y fundamentalmente, leyéndolos para tener una lectura propia que supere los esquematismos tontos que regala a lo largo de su nota.

(1) Dujovne Ortiz, A., Felisberto Hernández y la espía soviética en La Nación (10/02/07)
(2) Ibídem.

3 comentarios:

Strawberry Fields dijo...

Solo quiero decir algo muy poco relevante, pero realmente no puedo contenerme:
Tenias preparado un posto sobre pornografia?? Vos?? Nahh en serio!!! Que loco vos escribiendo sobre pornografia..........!
Cuak!

Listo, ya puedo seguir con mi rutina diaria!

Rufián Melancólico dijo...

La tentación de escribir sobre el Doble Anal es dificil de resistir...

Hi dijo...

Estimado señor:

Cualquier editor que se precie se desgañitaría noche y día buscando información sobre este escritor. También estaría mucho más tiempo, tratando de ver como vulnerar las normas de los derechos editoriales de Siglo XXI para publicar las obras en fascículos mas reducidos, a un menor precio y realizando una distribución sectorizada en FILO. No se... eso es, por lo menos, lo que yo me propondría. Después de todo, soy un poco rata.
Es visible que no solo los editores de Clarín están despidiendo correctores de estilo y contratando modelos como cronistas. Ahora los de La Nación emplean periodistas sin un ápice de instinto investigativo. Bien... mañana venderé fiambre y no libros.

Saludos cordiales,