10 de julio de 2009

Stieg Larsson de la mierda

Lisbeth Salander en versión figurín de Lucas Varela. Pasen por su blog que tiene otros más que interesantes dibujos sobre la Saga Millenium que le pasan la escoba a las feas producciones gráficas de las tapas de las ediciones castellanas.


Cuando el año pasado vi por primera vez la tapa negra con el dibujo bastante feo (a mi entender, los figurines que hizo Lucas Varela son mucho más interesantes) de Los hombres que no amaban a las mujeres (como dice Peseta (@diariodelectura), un título que parece gay-friendly) pensé que nunca lo leería. Best-seller, más gente enfervorizada con su lectura, más ladrillo de más de 600 páginas no son precisamente el tipo de combo literario que me interesa.
Entonces pasó que un socio de la biblioteca donde trabajo, que tiene un olfato literario muy bueno para no ser un especialista en el tema, me lo recomendó con mucho énfasis y hasta se propuso a prestármelo. Lo leí.

Larsson no es un genio de la pluma, aunque tampoco es malo. Su prosa parece un poco esquemática y trabada en algunas situaciones que son difíciles de describir, abunda en descripciones largas sobre sus personajes (ha creado todo un teatro de títeres bastante interesante por contrapartida) y las cosas empiezan a ponerse realmente buena a partir de la página 300 cuando es casi la mitad del libro.
Y sin embargo, engancha, se lee de un tirón y uno puede pasarse horas leyendo el ladrillo sin darse cuenta y cuando mira la hora ver que pasaron por lo menos dos horas y más de cien páginas. No genera ni culpa por el tiempo perdido al sueño ni nada por el estilo sino más bien, el lamento de saber que uno ya no puede seguir leyendo por cansancio ocular o tener que levantarse al día siguiente para ir a trabajar o tener que dejar el bar antes que el mozo se ponga a rondarnos señalando que un cortadito por tres horas de lectura no es una ecuación que vaya a funcionar ahí.

Los hombres que no amaban a las mujeres
no es tampoco, en sí mismo, una novela tan inolvidable o genial. Me acuerdo que cuando Mario (Un buen tipo) me preguntó que me iba pareciendo, le dije: “Mirá, por ahora parece el típico caso del crimen en el cuarto cerrado pero en una isla” y que la vez siguiente que me puse a leerlo, Blomkvist (el periodista protagonista de la saga junto con Lisbeth Salander) decía exactamente lo mismo, casi con palabras calcadas.
Es un poco predecible (otra socia de la biblioteca que lo estaba leyendo me dijo: “Me parece que va a pasar tal cosa ¿no? ¡No me digas! ¡No me digas!” Y me guardé de confirmarle que efectivamente, su suposición era acertada y que yo mismo lo había supuesto) lo que no sé si es un pecado o un error en el libro. Decía Raymond Chandler que en una novela policial es imposible que el lector resuelva el misterio en base a los datos que la novela provee a priori. Si uno lo adivina es de puro azar. No sé entonces si fue que hubo demasiado azar o una construcción un tanto deficiente en el enigma porque que dos lectores hayan llegado a la resolución del misterio muchas páginas antes que este quede al descubierto no lo había visto nunca antes.

Hacia el final, el gusto que me quedó fue de que era una novela entretenida, con personajes queribles y un buen manejo de ciertos registros juveniles: la inclusión de palabras en inglés, como creo que muchos de los que interactuamos con la cultura global, con internet y con los trends que bajan en anglosajón poseemos, marca un punto de quiebre interesante en la literatura que veníamos leyendo.
Si Suecia se viene formando una pequeña tradición de Nueva Literatura Policial con Papá Henning Mankell, lo que tenemos acá es a Stieg Larsson que masticó ese policial con “mensaje social” (si hay algo que me resultó insoportable de Los hombres... fue la inclusión de datos estadísticos sobre el maltrato a las mujeres en Suecia en la portadilla de cada parte del libro) y lo llevó a un tono jovial y adolescente/post-adolscente con una protagonista inadaptada social y hacker y otro periodista de izquierda euroepa y sueca.
Larsson nos quitó a ese Walander viejo chocho y nos puso a la anoréxica sola contra el mundo que tiene mucho más swing.

Y ese es otro error a mi entender, de ese primer título de la trilogía Millenium. Al menos en la edición castellana: el título debería estar enfocado en Lisbeth que a fin de cuentas es la columna vertebral de la trilogía o eso parece ser al menos hasta el segundo libro (porque sí, ayer terminé de leer Millenium 2: La chica que soñaba con una cerrilla y un bidón de gasolina y en breve me referiré a él). En inglés entendieron esto y acertadamente la traducción le puso: La chica con el tatuaje del dragón. El segundo tomo es La chica que jugaba con fuego (un título muchísimo más sutil y acorde a la trama).
Entonces llegamos a ese libro. Millenium 2. Es pertinente introducir en este momento la variable “traducción”. Parece ser la traducción más esquizofrénica que haya visto. El libro se llama como ya saben: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina pero no bien empezar el libro, en el prólogo se nos dice: “Fantaseó con un bidón de gasolina y un fósforo.” Hasta donde yo sabía gracias a las miles de horribles traducciones que leí, en IbericaLand, a los fósforos siempre les dicen “cerillas”. De hecho en el DRAE, la definición de Fósoforo tiene la acepción que nosotros conocemos recién en segundo lugar: 2. m. Trozo de cerilla, madera o cartón, con cabeza de fósforo y un cuerpo oxidante, que sirve para encender fuego. ¡Y que me cuelguen si no es tautológica! Veamos la definición de “cerilla” según el DRAE: 1. f. Varilla fina de cera, madera, cartón, etc., con una cabeza de fósforo que se enciende al frotarla con una superficie adecuada. WTF? ¿Qué se supone entonces que es un fósforo? Nosotros lo sabemos, pero los traductores habrán considerado que era más adecuado poner de título del puto libro “cerilla” y en la página 10 del mismo usar “fósoforo” que me imagino, algún ibérico habrá confundido con el elemento químico del cual en nuestra concepción es metonimia.
Máxime cuando es evidente que, La chica que jugaba con fuego es un título MUCHÍSIMO más acorde al juego que propone la trama.
Pero a lo que quiero ir es a que la traducción, por raro que parezca, es de las más tolerables que he leído en años. No contabilicé ningún “tío” (aunque sí una sóla “tía”. En dos tomos de 700 páginas promedio es récord. Quizás me haya confundido y los haya leído acostumbrado, pero lo importante es que no cortan el tono de la lectura), menos un “follar”, “polla”, “tíovivo”, “fornicio”, “folleque”, “follón”, y variables similares. Un gran alivio que hizo de la lectura un placer mucho más intenso, sin las insolentes interrupciones del gallego hablándome en slang ibérico. Excepción sea hecha: que alguien me expliqué qué re-carajos significa "inri" en slang ibérico juvenil.

La chica que jugaba con fuego (de ahora en más me referiré así a Millenium 2) es todo lo que La chica con el tatuaje del dragón (de ahora en más me referiré así a Millenium 1) no llegó a ser.
Se nota una trama muchísima más elaborada, una prosa más ágil, situaciones mejor resueltas (aunque parece ser estructural (porque aparece en las dos novelas) que haya una escena donde un personaje salve de la muerte a otro que está siendo amenazado por un maniático) y un ritmo más veloz (aunque también, la cosa empieza a ponerse buena justo a la mitad del libro, cuando uno ya se comió 300 páginas).
Definitivamente la balanza empieza a inclinarse hacia Lisbeth y Mikael “Kalle Blomkvist de la mierda” como lo llama ella, no deja de ser un personaje interesante, pero que ahonda en su sosez de “buen sueco/buen europeo” que a veces aburre. “Señor Perfecto” también lo llama Lisbeth que es justamente, cualquier cosa menos perfecta.

A veces peca de excesivo Larsson pero lo hace con una ingenuidad que provoca ternura. La inclusión del boxeador Paolo Roberto y la rememoración de su combate con el “boxeador argentino (!!!!!) Sebastián Luján” parecen un exceso típico de exotismo. Pero lo soportamos al igual que Lisbeth soporta a Mikael Blomkvist. Y es que los personajes terminan siendo, por lo general, muy adorables. ¿Cómo explicar si no la empatía por el policía “Burbuja” Bublanski? Porque el narrador se encarga de enternecernos con esos pequeños rasgos de personalidad. Lo que a veces se le va de las manos con un maniqueísmo un poco torpe: los malos son malísimos (y estúpidos) y los buenos son buenísimos (y brillantes). Los malos son monstruos de la naturaleza o errores sociabilización y los buenos... son los buenos y punto.

Un punto bastante cómico para un lector de estos lares es la parte de la trama que se ocupa de Blomkvist enfrentando face to face a tipos que va a denunciar por trata de blancas, para asegurarse de que no serán denuncias infundadas. La posibilidad de pensar en un investigador acercándose a un tratante de blancas en la argentina para preguntarle si realmente tiene putas escondidas en un local de Once para entonces denunciarlo a la justicia y no pensar que ese intrépido que haga la pregunta va a aparecer al día siguiente en una zanja, causa gracia.
Y en esta inverosimilitud, hay una escena en particular hacia el final de la novela que descalabra cualquier intención de mantener un mínimo de realismo digna de ser considerada un homenaje a cierta escena famosa de Kill Bill 2, pero que sin embargo, logra mantenerse en pie.

Y ahora el 1 de agosto es el día esperado. Algunos cumplirán años ese día, otros esperarán que llegue el nuevo mes para cobrar un nuevo sueldo y otros, esperarán que salga en castellano y en Buenos Aires el volumen 3 de la trilogía Millenium con la que se cortó prematuramente el monumental proyecto de Larsson de hacer 10 novelas en su cosmogonía de la Revista Millenium.
Sabremos finalmente si el tercer libro es al segundo lo que el segundo es al primero. Y espero que sí lo sea. Ese Stieg Larsson de la mierda se lo tiene merecido. En especial porque no es un Stieg Larsson de la hostia como era de esperarse de una traducción gallega. Es de la mierda.

9 comentarios:

Fender Gebiet dijo...

Te felicito por el esfuerzo de criticar este libro, a mí me hubiese sido imposible. Se lo recomendé a una persona que no suele leer mucho y no sabía bien qué decirle. Lo único que se me ocurrió fue: "No vas a poder parar de leerlo. Pero bancate las primeras 200 páginas".

En mi caso particular, en la página 25 quedé estancado, listo para revolearlo al carajo porque no me estaba gustando pero mi roommie me dijo que siguiera, que no me iba a defraudar (me asustó más, debo decir).

Al final, el segundo libro lo pude leer en breves noches de no dormir, dejando de lado "Guerra y Paz" que debe releer u otras lecturas más urgentes.

Stieg Larsson de la mierda...

Chule dijo...

Me dieron ganas de leer esa saga... Mhm...
Gran crítica.
Saludos!

ShopGirl dijo...

Yo espero el 3...antes del 1 de agosto claro!! pero bueno veremos que onda.

Beso grande.

lexi dijo...

holaaaaaaaaaaaaaa

Diego dijo...

Hola

Si las traducciones te parecieron buenas no es gracias a los traductores originales. Acá se las tradujo al español neutro.
Muy bueno el blog, aunque no coincida con vos en la crítica de la trilogía.

saludos

pd: ya leí la tercera parte.

La niña del agujero en el corazón dijo...

La verdad es que para mi gusto el segundo libro es un cúmulo de despropósitos y de situaciones absurdas nada creibles y el autor consigue todavía más hacer que no te creas el personaje de Salander en ningún momento. Sin duda, es lo peor que he leído en mi vida.

MrManiac dijo...

Me gustó mucho tu crítica porque es objetiva.

Sin embargo, todos sabemos que estos libros son un invento del marketing.

Es una porquería hecha para gente que no lee.

Lo digo con cierta tristeza pero como contrapunto a veces son estos libros chotos lo que hacen que la gente empiece a leer los libros que valen la pena.

Fender Gebiet dijo...

MrManiac: sin ánimo de polemizar, yo leo todo el tiempo otras cosas, también las llamadas "serias", y he leído los libros de Larsson con mucho deleite.
Por otro lado, un libro de 700 páginas asusta mucho a la "gente que no lee", la cual suele preferir una nouvelle de cien páginas con caracteres grandes y a doble interlineado (de ahí mi comentario previo), de eso saben mucho en Argentina quienes se ofenden cuando se los asimila a los escritores "para gente que no lee".

Disiento también con el "todos sabemos...": específicamente no fueron creados para ser un éxito de ventas, sino que la editorial se olió el éxito conforme se iban escribiendo y todo terminó como una profecía de autocumplimiento. Ojalá pasara así con autores como Loyola y tantos otros.

Rufián dijo...

Debo confesar que el tercer volumen me aburrió antes de poder terminarlo y hube de dejarlo.