30 de marzo de 2007

Ese sublime objeto del desprecio: Gran Hermano 2007

Se han escrito tantas pelotudeces respecto de GH 2007 que de tan sólo pensar en todas las que leí, me siento un poco pelotudo yo también.

Porque hay una indudable responsabilidad de mi parte al dejarme llevar por mi manía compulsiva por la letra escrita (la obsesión verbal) y leer toda nota que haya llegado a mi alcance o comentario de blog al respecto.
La multiplicación de los lugares comunes, la lectura culta y descalificadora, la subestimación del público lector y televidente fueron constantes en las críticas que leí sobre el asunto.

Esta tendencia de subestimar y denigrar al público llegó a niveles de pelotudez enormes en la comprobación de que todos los artículos que leí decían exactamente lo mismo con diferentes palabras o incluso, con las mismas.
Así descubrí que:

*Ninguno de los artículos/comentarios/análisis sesudos ha dejado de mencionar la referencia que hace el programa al 1984 de Orwell. Como si todavía importara o como si algún lector no supiera ya que la novela existe.

*Ninguno de los artículos/comentarios/análisis sesudos ha dejado de focalizar en la presunta estupidez de los participantes.
No son pocos los que han asimilado ignorancia con idiotez. La cantidad de comentarios azorados y jocosos (la felicidad que da comprobar una teoría que uno íntimamente sostiene pero que no había podido probar hasta dar con este ¡eureka!) que ha sucitado la discusión sobre el marxisismo entre Jessica y Marianela lo prueba.

Que haya una generación absolutamente individualista, mal instruida y con pocas preocupaciones más allá de su propio ombligo no es un descubrimiento sociológico que la bendita TV nos ha regalado sino, la triste comprobación de que la Generación X también puede tener un correlato devaluado donde se reemplaza el cinismo con la ignorancia (lo que impide la ironía, juego de entendidos). Y todo esto tampoco es generación espontánea: es producto de procesos sociales bien conocidos por los bienpensantes que suscriben sus notas y antaño se desgarraban las vestiduras durante el menemismo denunciando lo que ahora les parece sinónimo de estupidez.

*Ninguno de los artículos/comentarios/análisis sesudos ha dejado de mencionar la idea de someter a los personajes del programa a la categoría de ratas de laboratorio o ha dejado de sentirse molesto y angustiado por el arden stalinista que impone el programa.
Lo que remite, de nuevo, al agotador y agotado tema de la novela de Orwell.

Y pensaba que lo extraño de todo este asunto es la sensación de que la crítica redescubre los engranajes internos del programa con cada nueva emisión del mismo.
Gran Hermano es ostranenie constante: renueva el sentimiento de extrañamiento perceptivo con cada una de sus emisiones. O los que suscriben los artículos/comentarios/análisis sesudos desempolvan sus viejos artículos/comentarios/análisis sesudos hechos a alguna (o todas) de las TRES ediciones anteriores del programa que ya pasaron por el aire de Telefé sin demasiadas diferencias visibles.

Esta sería la parte que le toca a los Apocalípticos (vease Eco, 2004). Incluso, podría decir que Eco me regala una explicación que encaja perfecta para este tipo de articulista/comentarista/analista sesudo: (explicando las características del crítico apocalíptico)

“Cuando lo analiza (al producto cultural de masas), traiciona una extraña propensión emotiva y manifiesta un complejo no resuelto de amor-odio; hasta tal punto que surge la sospecha de que la primera y más ilustre víctima del producto de masas sea el propio crítico.
Es éste uno de los fenómenos más curiosos y apasionados de aquel fenómeno de la industria cultural. Como la manifestación mal disimulada de una pasión frustrada, de un amor traicionado; más aún, como la exhibición neurótica de una sensualidad reprimida, semejante a la del moralista que, denunciando la obscenidad de una imagen, se detiene así larga y voluptuosamente en el inmundo objeto de desprecio, traicionando con este gesto su auténtica naturaleza de animal carnal y concupiscente.”
(1)

Continúa Eco con su lapidación del, a esta altura, critiquito:

“El fenómeno ha sido advertido en torno a muchas polémicas en torno al Kistch (…) que ha menudo el deseo del Kistch , en sus críticos, es tan intenso, que es apagado por medio de una condena de aquel, atenuada mediante un elogio del arte, formulado según todas las reglas de la emotividad Kistch.”
(2)
Porque todos saben que lo políticamente correcto es la crítica fácil a Gran Hermano. Eso da capital simbólico: te hace quedar como un intelectual comprometido, progre, inteligente y lo suficientemente arriesgado como para tirarte en contra de lo que las masas consumen masivamente desde hace casi 3 meses.

Tenemos en la vereda de enfrente, a los Integrados.
Este campo es más dificil de sostener y son pocos los intelectuales que han sabido admitir su no-disgusto y evitar caer en lugares comunes y poco inteligentes a la hora de criticar el programa.
Abanderado de esta integración que propone respeto por lo que las masas consumen era Daniel Link quién desde su blog no se sonrojó al mostrarse enterado de las vivencias cotidianas de los participantes del programa.
Con habilidad, hizo de sus lecturas y comentarios del programa, una marca más en su estética de crítico cool. Siempre más interesante que cualquier apocalíptico de pacotilla, Link nos entretuvo al mostrarnos que un intelectual de renombre también puede dejarse llevar por la ingenuidad de seguir un programa televisivo con una pasión cercana a la de cualquier espectador capaz de pagar $3 más IVA para determinar determinada acción en el programa.
No puedo evitar caer en una nueva tentación de citar a Eco en este momento:

“La situación conocida como cultura de masas tiene lugar en el momento histórico en que las masas entran como protagonistas de la vida social y participan en las cuestiones públicas. Estas han impuesto a menudo un ethos propio, han hecho valer en diversos periodos históricos exigencias particulares, han puesto en circulación un lenguaje propio, han elaborado pues proposiciones que emergen de abajo. Pero, paradójicamente, su modo de divertirse, de pensar, de imaginar, no nace de abajo: a través de las comunicaciones de masa, todo ello le viene propuesto en forma de mensajes formulados según el código de la clase hegemónica”.(3)

Está todo ahí: la gente ejerciendo su participación (previo pago de la tarifa estipulada) y marcando que la soberanía no será política pero al menos, es televisiva. La ciudadanía del control remoto y los 3 pesitos más IVA.
Pero también ahí está la mano de la clase hegemónica que hace y deshace sin importarle demasiado lo que las masas hayan votado: no importa que Claudia haya sido expulsada por la decisión soberana de esos 3 pesitos más IVA multiplicada por la cantidad de espectadores que ejercieron su decisión soberana, porque, por decisión arbitraria de la producción del programa, Claudia va a volver a entrar a participar de la contienda.
(Situación análoga a la sucedida con Jason Todd: el segundo Robin fue asesinado por el Joker a partir de una decisión tomada por votación del público lector. El año pasado la editorial DC decidió “revivir” el personaje (literalmente volvió de la tumba) y con eso, se hizo trizas aquella votación popular. Más sobre este tema y otros relacionados los trataré en un próximo post sobre el mundo del cómic maisntream yanqui).

Volvamos a Link. El intelectual se enoja. Se enoja porque lo traicionan: le cambiaron las reglas del juego cuando este ya había empezado. Entonces, se retira. Deja de comentar sobre el programa y se dedica a entretenerse con American Idol o cualquier sustituto que encuentre.
Entonces queda completa la operación de Link: un intelectual jugando al espectador inocente e inofensivo que se siente estafado por un programa de televisión al que creyó casto y puro por lo que decide dejar de participar de ese juego que le propone el programa: mirame y yo te entretengo. Me hace acordar a la escena de American Beauty en la que Lester Burnham se decepciona de saber que la minita infernal con la que viene fantaseando hace un tiempo (y a quien considera poco menos que una máquina sexual), es en realidad, virgocha. La estafa se consuma de igual forma, por más que distintos sean los motivos (uno apela a la inocencia traicionada y el otro a la inocencia intacta).
El problema es que Link no es un espectador inocente, casto y puro. Pero no importa. Siempre me parece más interesante el juego que propone él a las pelotudeces que vengo leyendo.
Otra buena idea: un resumen de 6 hs con algunas ironías bien colocadas de lo que sucede realmente en el programa por un cronista de Página/12.

¿Qué hay atrás de esta proliferación de discursos a partir de un programa de TV?
¿Lo que se busca es acaso la razón del éxito? ¿Hay que seguir escribiendo pelotudeces para entender o intentar entender que la atracción es la misma que puede sentir cualquier chismosa de barrio por saber lo que le pasa a sus vecinos?
Me parece que la respuesta pasa por la necesidad de asir aunque sea una parte de ese éxito.
Como la teoría del desborde que los liberales noventosos proponían como solución al problema de la pobreza (llegado un punto, la riqueza de algunos pocos sería tan grande que terminaría desbordándose como si el sistema financiero se tratase de una olla repleta. Me pregunto cómo alguien pudo haber sido lo suficientemente ingenuo de creer en esa retorcida metáfora culinaria), la idea de escribir y generar discursos a partir del éxito ajeno tiene la tentación de la certeza de recibir algo de ese éxito. Es más, estoy convencido de que este blog tendrá más visitas resultado de búsquedas en Google que incluyan el término “Gran Hermano” o “Gran Hermano 2007”.
El éxito desborda y nos alimentamos todos.
Pero el problema es que ser complaciente con el producto que da de comer es para muchos intelectuales, una especie de reconocimiento de cierto fracaso. O al menos eso deben creer. “¿Cómo? ¿Te vendiste al Gran Hermano? ¿Te vendiste al Kapital?”
Entonces el comentario rabioso y el puntilloso relevo de los lugares comunes respecto de los lugares oscuros del show televisivo se hacen la razón de ser de los artículos de estos intelectuales.

Tenemos entonces todos los componentes que anulan el discurso apocalíptico de los intelectuales apocalípticos. Y todo por partir de una premisa falsa en la que caen como cualquier espectador inocente: considerar a Gran Hermano un juego (perverso para los apocalípticos, quizás revolucionario para los integrados) cuando se trata, a las claras, de un programa de TV y nada más.
La estética Gran Hermano y sus intelectuales orgánicos (los que hacen los programas de “Debate” sobre el mismo) sostienen una idea que me resulta exasperante y se condensa en dos palabras: Juego y Estrategia.
Desde que empezó el programa entendí que se trataba de eso: un programa televisivo sometido, por lo tanto, a todas las características de tal: guionistas, camarógrafos, directores, productores, etc.
¿En qué juego intervienen tantos factores distorsivos como en el que implica filmar a un grupo humano las 24 hs del día durante 3 meses?
¿Qué es eso de la “Estrategia”?
Como si se tratara de comandar a los Africa Korps o si el mismo Zorro del Desierto estuviera involucrado de algún modo, no se ha dejado de hablar de “estrategia”.
Lo único que vi es gente ideando estrategias para sobrevivir a las cambiantes reglas de lo que es su realidad cotidiana dentro de un programa de televisión.
¿Acaso no hacemos lo mismo todos nosotros todos los días? Diseñar formas de sobrevivir a una realidad siempre en movimiento.
A partir de afinidades y anti-afinidades que genera todo tipo de interacción humana los personajes de este programa fueron eligiendo la mejor forma de pasar el tiempo interminable. El resto, la idea de “estrategia” y que cada uno de los participantes tenga o no una de ellas definida, me parece bastante estúpido de pensar.
¿Hacerse pasar por bisexual es una estrategia para ganar? ¿Seducir a un personaje lo es? Seguramente, hay formas de ganarse que algún personaje no quiera eliminarte del programa, pero la posibilidad de elegir una “estrategia” que implique el pasaje al premio final en un programa de TV en el que es evidente que las decisiones de los participantes y los presuntos “reglamentos” son maleables según las encuestas de opinión del público (y ahí entra de nuevo la idea del público soberano) resulta como mínimo, ridícula.
¿Acaso nadie dentro de la casa se pregunta por qué ya no suena el teléfono-caja de sorpresas que podía cambiar la suerte de los participantes?

Los estereotipos que genera el guionamiento del programa marcan claras tendencias que luego se traducen en la calle: Nadia pasó de ser una mina bastante insoportable a la archinémesis de cualquier tipo de moralidad cristiana y occidental. Resultado: cuando va por la calle la escupen o le tiran cubitos de hielo en alguna disco cheta de olivos.
La mano de los productores se hizo bien visible cuando, nominados Pablo y Marianela, en el programa de “expulsión” se dedicaron a mostrar como ella había sido una víctima de las maldades de la otra.

Entonces, sinceramente, no entiendo cómo es que todavía se siguen escribiendo ensayos y artículos y comentarios y análisis que focalizan una y otra vez en los lugares comunes mencionados y nadie advierte de una buena vez que todo es un espectáculo, que no hay que pedirle peras al olmo, que no estamos ante ninguna revolución conservadora ni tampoco estética.
Nos quedan entonces un montón de Apocalípticos rabiosos que no dejan de citar a Adorno o pensar en las catástrofes de la industria cultural.
Y nos queda a un solitario integrado que se hizo el boludo para pasarla bien y jugar al ambigüedad: Daniel Link y su personaje de espectador traicionado.

Lo más divertido es volver a leer y otra vez ese pasaje de Eco en el que se hace eco del amor-odio que suscita el vil objeto que genera fascinación en las masas en los grandes intelectuales que no pueden dejar de criticarlo y al mismo tiempo, no pueden dejar de disfrutar al verlo.

Yo me quedo con jugar al espectador pelotudo y dejarme llevar por la marea. Se la pasa mucho mejor.



1 Eco, Umberto Apocalípticos e Integrados, Introducción, página 38, Tusquets, Buenos Aires, 2004

2 Ibíd.

3 Ibíd. Página 42

15 comentarios:

Nina London dijo...

Ah, si, claro, las catástrofes de la industria cultural suceden siempre por culpa de grandes masas hipnotizadas/idiotizadas. Pero para qué perder el tiempo, tenés razón, mejor agarrar una gran bandeja de masas finas y darle como le daría Marianela.

la enmascarada dijo...

Che, Nina, no te enojes!
Además me pareció que la onda del post venía por otro lado, más bien por las dsitintas posiciones de los intelectuales frente a los productos culturales de masas. Y no veo culpas, sino distintas maneras de enfrentarse a un fenómeno.
Igual le doy con gusto a las masas finas y a las masas secas (anque a las facturas también), una cosa no quita la otra.

Rufián Melancólico dijo...

Me interesaba justamente poner en relieve la postura que asumen algunos en la crítica de los productos de consumo masivo como forma de ganar capital simbólico.
Decir dos o tres lugares comunes y denostar lo que se consume como forma de Ser-más-que-otros y poner en relieve justamente, los mecanismos con que peran esos intelectuales.
En cuanto al programa en sí mismo, que se yo, a veces divierte, el 90% restante del tiempo aburre.
También me prendo en la idea del Té con masas para discutir sobre GH. Eso sí, que nadie la invite a Yiya Murano! (chiste malo, ok)

Ineptus dijo...

No sé que provecho se le puede sacar a estas alturas a los análisis apocalípticos y moralistas sobre la cultura de masas. Ya ni siquiera estoy tan seguro de que estas posiciones sirvan para crear prestigio y capital cultural. Parece demasiado fácil. La figura del buen progre indignado por la vulgaridad de la cultura de masas es un cliché que me dificulta tomármelo completamente en serio. Pero más que convertirse en un simple "cheerleader" de la cultura de masas, lo mejor es pensar en cómo funciona y las maneras en que produce afectos. Para esto uno no puede posicionarse "desde arriba" como inmune al placer. En programas como BB me parece muchísimo más productivo analizar dinámicas de clase social, status, lo estilizado que resulta el supuesto "realismo" que presenta, la relación con la publicidad etc etc etc

mauro m. dijo...

"el movimiento kitsch se presenta de alguna manera, como culpable, es algo vergonzante. Entra en materia, aunque con cierta distancia. Yo quisiera eliminar esa distancia impulsado por un intento de sinceridad. Si gozo con ciertas manifestaciones del llamado mal gusto debo aceptarlo y, por eso, quiero investigarme, no traicionarme. Si me gustan esas cosas las voy a vivir, las voy a defender. Eso es lo que hago en esta nueva novela. Tengo el temor de que las formas cultas del arte hayan ejercido una grave represión, y de que haya posibilidades fascinantes dentro de las expresiones condenadas y descartadas. Uno de los protagonistas de esta novela (El beso...) soy yo en buena medida, y a través de él estoy saboreando las películas más denigradas y las letras de los boleros más bochornosas.

-¿Qué descubres allí?

-Descubro poesía bajo formas primitivas pero irresistibles. (...) Quiero entregarme a eso. Si resulta que, al fin del experimento, simplemente tengo mal gusto, paciencia. Pero se me ocurre que no, que hay un terreno que debemos reconsiderar(...) Cosas que están desprestigiadas pero que, a mí, se me ocurren de validez estética."
http://www.revistacontratiempo.com.ar/puig.htm

me parece que el problema con GH (no tengo tele, así que no lo veo más que en las tapas de las revistas y en los blogs) es que montaron todo como una gran máquina de hacer plata y nada más.
El tema es que nadie se queja de eso, no?
nadie dice: es una buena idea, estaría bueno que no sea simplemente basura para ganar plata, estaría bueno que sea así o asá.
Pero me parece que, la gente que lo ve y no anda pensando en cosas como "cultura de masas" sabe que de última no hay o no tiene por qué haber gran diferencia entre un programa hecho para ganar plata (vender revistas, el tema de los llamados, etc.) y uno que tenga en cuenta otras cosas además del negocio. La diferencia, de última, está en lo que a uno le interese del programa y lo que uno piense a partir de eso. no?


Está bueno el post, pero me parece que no sale demasiado de lo que ya se dijo, termina siendo un resumen.
Ningún espectador es pelotudo.
No hay nada que no haga pensar ni nadie que no piense mientras mira la tele.
Creo que es por eso que a la mayoría de la gente no le interesa lo que diga un "intelectual" de esos que todavía creen que hay cultura alta, porque la gente sabe que eso es una patraña, porque la gente sabe que esa idea no los tiene en cuenta o los considera gente que no piensa.

mauro m. dijo...

quedé como un boludo, diciendo lo mismo que decís vos en el commment de más arriba:
"Decir dos o tres lugares comunes y denostar lo que se consume como forma de Ser-más-que-otros y poner en relieve justamente, los mecanismos con que operan esos intelectuales."

Leí mal. Perdón

gonzo dijo...

Y quién llega a la Final; quién se va este jueves... Jugate, Rufián.

¿Me eennteeeennndééés??

Perro Negro dijo...

A mí me gustaría ver un reality mucho más jugado.
Que en la casa haya alcohol y que cada participante tenga un arma (que nosotros sepamos que las balas son de salva pero ellos no).
Que los participantes sean reclutados uno en Pachá, otro en un congreso del Partito Obrero Revolucionario, otro en una exposición del Malba, otro en un bondi en Guernica a las 5 de la mañana, otro en éste blog, otro en el un restaurante de madero y algún anarco tirapiedras del bloque negro, etc...
Y por último que lo conduzcan David Viñas y Juan José Sebreli.

Jaa! Un golazo!

Rufián Melancólico dijo...

jajaja estaría bueno no?

Lo de las armas me hizo acordar a esa película pedorra: "El juego del miedo"...

Quién llega a la final? La verdad no sé.
Creo que llegan Marianela, Mariela, Sebastián y Diego.

Respecto de todo eso de la "estrategia" queda al descubierto la idiotez del concepto de tan solo pensar que esos "pollitos" bien pudieron haber nominado a Mariela y Marianlea y se les terminaba la joda a las dos esas...

Malström dijo...

Che, tengo una buena noticia para vos, hay un artículo que no trata de crítica en el sentido culto y despreciativo.
Gran hermano es una masa.

http://novenodia.com.ar/2007/novenodia/gran-hermano.html

Hay muchísimo para explotar del programa desde todo punto de vista. Únicamente me molesta que mi familia lo esté viendo todo el día y no me de bola, pero es culpa de mi flia que son boludos no de los tipos estos que aprovechan xDDD.

Rufián Melancólico dijo...

Está bueno el artículo. Es un poquito lo que digo en este post.

Gracias por el link.

Perro Negro dijo...

Igualmente Gran Hermano es una basura y encima es aburrido, porque hay basuras que no son aburridas como 24.

Anónimo dijo...

Ni la "figura del buen progre indignado" ni la irrestricta tolerancia por el desastre.
Nada de Ser-más-que-otros: la cultura de masas, salvo insólitas excepciones, suele ser una absoluta basura.

Rufián Melancólico dijo...

Es precisamente esa idea, la de que "La cultura de masas es absoluta basura" la que me parece que hay que discutir.
¿Basura para quién?
¿Basura por qué?

Dentro de la cultura de masas hay distintas expresiones y tanto como en la cultura Culta, hay productos de mejor y de peor calidad.

Милован dijo...

De cuan poco se puede generar tanto, y ese tanto no es vano y tiene cometido. Eso es lo que hay que preguntarse e indagarse ¿con que fin?.

Saludos.