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28 de agosto de 2009

La juventud como vanguardia

La Guardia Imperial


Que el título de la nota sea La eterna discusión sobre lo nuevo resulta bastante adecuado ya que la discusión acerca de esta presunta novedad, creo, nos tiene un poco cansados a todos.
Buscar un valor literario en el concepto de novedad es algo que se viene haciendo desde que la literatura se autonomizó, la diferencia es que antes, la novedad era la vanguardia y ahora viene determinada por una fecha en el D.N.I.
Con la superación de las vanguardias históricas, la búsqueda de “novedad” en literatura la desplazamos al concepto de juventud. En algún momento quizás la jugada tuvo sentido porque había una punta de lanza generacional que estaba buscando hacerse un espacio en un mercado destruido por la megacrisis de lectura que sufrimos desde que la conjunción del desbaratamiento del aparato educativo, la insolvencia económica de la producción nacional, las tecnologías de entretenimiento más fácil y menos costoso (TV por cable, internet, banda ancha, Youtube, etc.) dejaron a la Literatura al dudoso privilegio de lectura de colectivos, baños o de viejos.
Para peor (para los escritores inéditos, claro) si cuando uno envejece se va haciendo más conservador, eso mismo es aplicable a las lecturas que elije. Atiendo todos los días en la Biblioteca en la que trabajo a gente que sobrepasaron los 50 años por varias décadas y lo que quieren leer siempre son novelas pasatistas de escritores probados y manufacturados para este género. A lo que voy, muy a pesar de MI gusto por el trash literario, es a que difícilmente un libro de un escritor nuevo en el mercado tenga posibilidades con la masa crítica de lectores que todavía queda. Por supuesto que esta masa crítica no es la que pulula por los pasillos de Puan o Marcelo T. sino que son los viejos o gente que superó la mitad de su vida, que tienen la lectura incorporada como costumbre y no encuentran fascinación en pasar horas viendo videos o leyendo Cracked.com como posesos durante toda la noche. A esa gente (pongamos el caso de mi viejo por ejemplo, que me pide constante asesoramiento literario) les llega más un libro de Sandor Marai o Henning Mankell antes que la millonésima antología de “Literatura Joven Argentina”.
Partiendo de esa base de reconocimiento de que la literatura joven argentina es insolvente (menos claro, para el reducidísimo círculo de snobs que la consumimos y los españoles fascinados con el redescubrimiento del nuevo mundo, buscando el placer onanista de una literatura que adquirió relevancia por el derrumbe social de 2001, como si en esta tierra yerma no hubiera espacio ya para la civilización. Ese pensamiento tan Martinezestradiano que circula por la superficialidad del común de la gente de Europa (durante la crisis de 2001 estaba de mochilero en Europa y en una librería de Viena (porque claro, de viaje por Europa lo que me interesaba sobre todo era localizar y registrar toda librería posible, igual que acá o en cualquier otro lado del mundo) la vendedora preguntó de dónde éramos (viajamos con el Bolchevique Superstar) y cuando le dijimos Argentina no fue su respuesta: “Ah Maradona” sino “Ah, ¿Y cómo es que están acá si su país está como está?”) encuentra en esta literatura, quizás el mismo último baluarte de dignidad que tenemos, como el prestigio que tenemos de saber buen inglés y ser baratos para las compañías multinacionales de telemarketing) me pregunto dónde podríamos buscar la inserción que buscan tantos escritores.
La nota de Aguirre dice que las narrativas de los “escritores jovenes” que puede leerse en las antologías conforman un conglomerado bien heterodoxo. Disiento: si hay algo que puede leerse es una uniformidad aplastante que alisa los textos hasta convertirlos en capítulos de una novela esquizofrénica.
Es dato conocido que la mayor parte de quienes integran la mayoría de las antologías que se instrumentaron como red de pescador en un mar revuelto de gente con intenciones o no de convertirse en escritores profesionales (tiraron la red en el mar a ver si pescaban algún pez) provienen de las redes propias de amistad que se formaron en un taller literario con la impronta estatal de provenir en última instancia, del aparato productivo del Centro Cultural Ricardo Rojas (sueño cultural del radicalismo post-1983 y como me dijo el otro día un tipo: “En mi partido tenemos un dicho: “Calma, radicales”).
Entonces lo que quedó, en gran parte, es una escritura uniformizada por la mirada rectora de un coordinador con sus propias convicciones literarias (que podrían pensarse en alguna instancia, conservadoras del statu quo).
No me quejo, me parece una estrategia lógica en última instancia: con el “encargo” de armar una antología y ante el páramo vacío, el antologador recurrió a la materia prima que conocía.
El Taller Literario que ya tenía sus propias antologías editadas anualmente por la librería Clásica y Moderna se volvió Mainstream: una editorial grande, con el respaldo de un buen diseñador gráfico para las tapas, temáticas definidas para darle una coherencia aún más uniformizadora y la esperanza del antologador (que me confesó en una entrevista que le hice para la Revista Guapo) de que esos cuentitos publicados en la editorial grande sirvieran de puerta de entrada para esos escritores a la publicación de su obra inédita en esa misma editorial. Algo que no sucedió a excepción de algunos casos aislados de escritores que iban a llegar, seguramente, a esa instancia por otro lado.
Entonces, superando estos obstáculos, nos encontramos con un mercado que insiste con la intención de colocar nuevos productos para seguir ampliando la oferta, pero al mismo tiempo con la obturación de los canales de venta: ¿A qué público masivo le van a vender una novela de uno de los escritores antologados?
La salida que muchos encontraron para buscar esa masividad perdida fue la incursión en performances literario-neohippies, lo que podrá haber aceitado los lazos de amistad pero poco habrá hecho por la literatura. La forma de leer que tenemos asimilada es en voz baja, por lo menos desde hace unos cuantos siglos y las perfomances suelen caracterizarse por el embotamiento y aburrimiento que producen en su público, algo que no se dice sino por lo bajo precisamente. Ni que hablar que esas perfomances tampoco llevaron a la creación de públicos masivos ni trajeron aceite fresco a los engranajes crujientes.
Lo único con lo que se insiste es con la Vanguardia de la Juventud (en ese sentido el título de la antología de Tomas se quedaba en el límite: Joven Guardia, porque sabía que de Vanguardia nada) ya no como un movimiento estético (aunque es posible ver la uniformidad de la narrativa) sino como concepto de construcción de un producto de mercado (lo que me parece perfecto: baruch hashem, el modernismo ya está superado).
El movimiento implica una despolitización de la Vanguardia. Le quita lo revolucionario, lo que va para adelante, y le deja la “guardia”, lo conservador, lo que defiende lo ya hecho. La nueva literatura argentina se plantea como una lucha de trincheras: no dejar que el enemigo pase, no dejar que las traducciones de Anagrama de Ian McEwan y Martin Amis nos ganen los lectores de clase media argentina. Bueno, ya lo hicieron. Ya nos ganaron. No hay forma de defender una posición perdida. La lucha para tener alguna posibilidad de éxito debería ir para adelante y politizarse. Volver a recuperar lo único recuperable de la vanguardia: la consistencia política, la intervención.
Con las perfomances puestas como mera exhibición narcisista se recupera el chismerío barato porque juega esa lógica: la de acaparar una posición como carne en muestra. La literatura se vedettiza y cualquier estupidez sugiere una pelea mediática. La literatura argentina actual se está convirtiendo, justamente, en el reino de “los mediáticos”, los Jacobo Winograd y los que en cualquier momento se van a poner a cantar El beso seco en su próxima performance.
Esta juventud que acapara la literatura lleva la impronta del posmodernismo más berreta en el rostro: es la literatura del histeriqueo y la falta de convicciones. Una muestra triste del arrasamiento de la literatura. Precisamente, ¿Cómo pedir que se produzca literatura cuando no es la literatura la mayor pasión de una generación como la mía y la que está un poquito más allá, creció viendo el Big Channel o el Magic? La literatura fue reemplazada por un entretimiento más efectivo y eso también se nota en la abulia de una escritura que no suele procesar las referencias clave de una vida pop en provecho de un compromiso político sino como manifestación subsidiaria, apéndice, de las políticas neoliberales y la globalización sobre la propia subjetividad.
En tanto, “literatura joven” es la forma económica y descomprometida de seguir hurgando en el mar revuelto para ver si se encuentra un escritor en serio (algunos hay y lo demuestran con trabajo y constancia). Mientras tanto, el reino de las ventas de ejemplares seguirá siendo de las traducciones berretas de Anagrama y la renovación en la literatura argentina deberá seguir esperando porque joven no es sinónimo ni garantía de nuevo.

10 de julio de 2009

Stieg Larsson de la mierda

Lisbeth Salander en versión figurín de Lucas Varela. Pasen por su blog que tiene otros más que interesantes dibujos sobre la Saga Millenium que le pasan la escoba a las feas producciones gráficas de las tapas de las ediciones castellanas.


Cuando el año pasado vi por primera vez la tapa negra con el dibujo bastante feo (a mi entender, los figurines que hizo Lucas Varela son mucho más interesantes) de Los hombres que no amaban a las mujeres (como dice Peseta (@diariodelectura), un título que parece gay-friendly) pensé que nunca lo leería. Best-seller, más gente enfervorizada con su lectura, más ladrillo de más de 600 páginas no son precisamente el tipo de combo literario que me interesa.
Entonces pasó que un socio de la biblioteca donde trabajo, que tiene un olfato literario muy bueno para no ser un especialista en el tema, me lo recomendó con mucho énfasis y hasta se propuso a prestármelo. Lo leí.

Larsson no es un genio de la pluma, aunque tampoco es malo. Su prosa parece un poco esquemática y trabada en algunas situaciones que son difíciles de describir, abunda en descripciones largas sobre sus personajes (ha creado todo un teatro de títeres bastante interesante por contrapartida) y las cosas empiezan a ponerse realmente buena a partir de la página 300 cuando es casi la mitad del libro.
Y sin embargo, engancha, se lee de un tirón y uno puede pasarse horas leyendo el ladrillo sin darse cuenta y cuando mira la hora ver que pasaron por lo menos dos horas y más de cien páginas. No genera ni culpa por el tiempo perdido al sueño ni nada por el estilo sino más bien, el lamento de saber que uno ya no puede seguir leyendo por cansancio ocular o tener que levantarse al día siguiente para ir a trabajar o tener que dejar el bar antes que el mozo se ponga a rondarnos señalando que un cortadito por tres horas de lectura no es una ecuación que vaya a funcionar ahí.

Los hombres que no amaban a las mujeres
no es tampoco, en sí mismo, una novela tan inolvidable o genial. Me acuerdo que cuando Mario (Un buen tipo) me preguntó que me iba pareciendo, le dije: “Mirá, por ahora parece el típico caso del crimen en el cuarto cerrado pero en una isla” y que la vez siguiente que me puse a leerlo, Blomkvist (el periodista protagonista de la saga junto con Lisbeth Salander) decía exactamente lo mismo, casi con palabras calcadas.
Es un poco predecible (otra socia de la biblioteca que lo estaba leyendo me dijo: “Me parece que va a pasar tal cosa ¿no? ¡No me digas! ¡No me digas!” Y me guardé de confirmarle que efectivamente, su suposición era acertada y que yo mismo lo había supuesto) lo que no sé si es un pecado o un error en el libro. Decía Raymond Chandler que en una novela policial es imposible que el lector resuelva el misterio en base a los datos que la novela provee a priori. Si uno lo adivina es de puro azar. No sé entonces si fue que hubo demasiado azar o una construcción un tanto deficiente en el enigma porque que dos lectores hayan llegado a la resolución del misterio muchas páginas antes que este quede al descubierto no lo había visto nunca antes.

Hacia el final, el gusto que me quedó fue de que era una novela entretenida, con personajes queribles y un buen manejo de ciertos registros juveniles: la inclusión de palabras en inglés, como creo que muchos de los que interactuamos con la cultura global, con internet y con los trends que bajan en anglosajón poseemos, marca un punto de quiebre interesante en la literatura que veníamos leyendo.
Si Suecia se viene formando una pequeña tradición de Nueva Literatura Policial con Papá Henning Mankell, lo que tenemos acá es a Stieg Larsson que masticó ese policial con “mensaje social” (si hay algo que me resultó insoportable de Los hombres... fue la inclusión de datos estadísticos sobre el maltrato a las mujeres en Suecia en la portadilla de cada parte del libro) y lo llevó a un tono jovial y adolescente/post-adolscente con una protagonista inadaptada social y hacker y otro periodista de izquierda euroepa y sueca.
Larsson nos quitó a ese Walander viejo chocho y nos puso a la anoréxica sola contra el mundo que tiene mucho más swing.

Y ese es otro error a mi entender, de ese primer título de la trilogía Millenium. Al menos en la edición castellana: el título debería estar enfocado en Lisbeth que a fin de cuentas es la columna vertebral de la trilogía o eso parece ser al menos hasta el segundo libro (porque sí, ayer terminé de leer Millenium 2: La chica que soñaba con una cerrilla y un bidón de gasolina y en breve me referiré a él). En inglés entendieron esto y acertadamente la traducción le puso: La chica con el tatuaje del dragón. El segundo tomo es La chica que jugaba con fuego (un título muchísimo más sutil y acorde a la trama).
Entonces llegamos a ese libro. Millenium 2. Es pertinente introducir en este momento la variable “traducción”. Parece ser la traducción más esquizofrénica que haya visto. El libro se llama como ya saben: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina pero no bien empezar el libro, en el prólogo se nos dice: “Fantaseó con un bidón de gasolina y un fósforo.” Hasta donde yo sabía gracias a las miles de horribles traducciones que leí, en IbericaLand, a los fósforos siempre les dicen “cerillas”. De hecho en el DRAE, la definición de Fósoforo tiene la acepción que nosotros conocemos recién en segundo lugar: 2. m. Trozo de cerilla, madera o cartón, con cabeza de fósforo y un cuerpo oxidante, que sirve para encender fuego. ¡Y que me cuelguen si no es tautológica! Veamos la definición de “cerilla” según el DRAE: 1. f. Varilla fina de cera, madera, cartón, etc., con una cabeza de fósforo que se enciende al frotarla con una superficie adecuada. WTF? ¿Qué se supone entonces que es un fósforo? Nosotros lo sabemos, pero los traductores habrán considerado que era más adecuado poner de título del puto libro “cerilla” y en la página 10 del mismo usar “fósoforo” que me imagino, algún ibérico habrá confundido con el elemento químico del cual en nuestra concepción es metonimia.
Máxime cuando es evidente que, La chica que jugaba con fuego es un título MUCHÍSIMO más acorde al juego que propone la trama.
Pero a lo que quiero ir es a que la traducción, por raro que parezca, es de las más tolerables que he leído en años. No contabilicé ningún “tío” (aunque sí una sóla “tía”. En dos tomos de 700 páginas promedio es récord. Quizás me haya confundido y los haya leído acostumbrado, pero lo importante es que no cortan el tono de la lectura), menos un “follar”, “polla”, “tíovivo”, “fornicio”, “folleque”, “follón”, y variables similares. Un gran alivio que hizo de la lectura un placer mucho más intenso, sin las insolentes interrupciones del gallego hablándome en slang ibérico. Excepción sea hecha: que alguien me expliqué qué re-carajos significa "inri" en slang ibérico juvenil.

La chica que jugaba con fuego (de ahora en más me referiré así a Millenium 2) es todo lo que La chica con el tatuaje del dragón (de ahora en más me referiré así a Millenium 1) no llegó a ser.
Se nota una trama muchísima más elaborada, una prosa más ágil, situaciones mejor resueltas (aunque parece ser estructural (porque aparece en las dos novelas) que haya una escena donde un personaje salve de la muerte a otro que está siendo amenazado por un maniático) y un ritmo más veloz (aunque también, la cosa empieza a ponerse buena justo a la mitad del libro, cuando uno ya se comió 300 páginas).
Definitivamente la balanza empieza a inclinarse hacia Lisbeth y Mikael “Kalle Blomkvist de la mierda” como lo llama ella, no deja de ser un personaje interesante, pero que ahonda en su sosez de “buen sueco/buen europeo” que a veces aburre. “Señor Perfecto” también lo llama Lisbeth que es justamente, cualquier cosa menos perfecta.

A veces peca de excesivo Larsson pero lo hace con una ingenuidad que provoca ternura. La inclusión del boxeador Paolo Roberto y la rememoración de su combate con el “boxeador argentino (!!!!!) Sebastián Luján” parecen un exceso típico de exotismo. Pero lo soportamos al igual que Lisbeth soporta a Mikael Blomkvist. Y es que los personajes terminan siendo, por lo general, muy adorables. ¿Cómo explicar si no la empatía por el policía “Burbuja” Bublanski? Porque el narrador se encarga de enternecernos con esos pequeños rasgos de personalidad. Lo que a veces se le va de las manos con un maniqueísmo un poco torpe: los malos son malísimos (y estúpidos) y los buenos son buenísimos (y brillantes). Los malos son monstruos de la naturaleza o errores sociabilización y los buenos... son los buenos y punto.

Un punto bastante cómico para un lector de estos lares es la parte de la trama que se ocupa de Blomkvist enfrentando face to face a tipos que va a denunciar por trata de blancas, para asegurarse de que no serán denuncias infundadas. La posibilidad de pensar en un investigador acercándose a un tratante de blancas en la argentina para preguntarle si realmente tiene putas escondidas en un local de Once para entonces denunciarlo a la justicia y no pensar que ese intrépido que haga la pregunta va a aparecer al día siguiente en una zanja, causa gracia.
Y en esta inverosimilitud, hay una escena en particular hacia el final de la novela que descalabra cualquier intención de mantener un mínimo de realismo digna de ser considerada un homenaje a cierta escena famosa de Kill Bill 2, pero que sin embargo, logra mantenerse en pie.

Y ahora el 1 de agosto es el día esperado. Algunos cumplirán años ese día, otros esperarán que llegue el nuevo mes para cobrar un nuevo sueldo y otros, esperarán que salga en castellano y en Buenos Aires el volumen 3 de la trilogía Millenium con la que se cortó prematuramente el monumental proyecto de Larsson de hacer 10 novelas en su cosmogonía de la Revista Millenium.
Sabremos finalmente si el tercer libro es al segundo lo que el segundo es al primero. Y espero que sí lo sea. Ese Stieg Larsson de la mierda se lo tiene merecido. En especial porque no es un Stieg Larsson de la hostia como era de esperarse de una traducción gallega. Es de la mierda.

3 de abril de 2009

Peras por manzanas


Que siempre existió el hypeo literario es algo tan conocido que para darse una buena muestra basta con recorrer los títulos de la colección Grandes novelistas Emecé.
Los tipos ya te decían que ellos tenían los “mejores” o los más grandes y uno compraba eso como parte del producto.
Es lógico y es una cuestión de simple márketing: sale un libro, digamos que es lo mejor que te puede pasar en la vida para convencerte no sólo de comprarlo sino de gastar tu precioso tiempo en leer ese ejemplar y no las mil millones de otra posibilidades de lecturas o las miles de miles de millones de posibilidades de otras actividades que no sean la lectura. Y además, de paso, te decimos que es “lo mejor” así podés presumir ante tus amigos y/o conocidos que visiten tu biblioteca: ahí vas y les mostrás que vos tenés a los mejores, por más que nunca los vayas a leer.
En las contratapas de los suplementos las editoriales grandes invierten parte de sus presupuestos de márketing en poner foto de tapa del libro y con suerte foto del autor y algún comentario elogioso de periodista cultural o crítico o el que sea que haya dicho algo bonito sobre el libro en cuestión.
Son las reglas del juego y creo que cualquier lector avezado está acostumbrado a ese tipo de lógica marketinera.
Lo que me parece que está pasando por otro lado es que se produce una especie de sobreaxegarado hype literario enfocado en libros de escritores jóvenes argentinos que pegan una editorial pequeña o mediana y entonces, todos los blogs del ambiente, todos los amigos del ambiente, todos los comentadores del ambiente, los que tienen acceso más o menos irrestricto a medios de prensa gráfica salen a estimular ese hypeo impresionante que al final hace que cualquier libro (y no hablo de ninguno en particular) se convierta en “El libro del año” cuando quizás lo mejor hubiera sido ir con la verdad: “Es un buen libro” o “Es un libro que tiene sus momentos” o “Es muy bueno en algunas cosas pero le pifia en otras” o “Es un libro malo por estos X motivos”, en fin, la variedad es infinita.
Y hablo también asumiendo mi responsabilidad y en plan autocrítico, sabiendo que cuando he podido introduje en algún medio una entrevista a un escritor amigo o conocido o la reseña de algún libro del ambiente.
Lo único que se genera es este tremendo y zumbón hype que hace que un libro, sólo porque es de un escritor argentino nacido de 1970 para acá, sólo porque es un libro que publicó una editorial pequeña y por lo tanto no tiene llegada masiva y sumado estos factores necesiten un poco de impulso para convertirse en moderados éxitos o vender digamos, no sé, la mitad de la tirada (estoy tirando un número al azar y sin comprobación real), termine siendo sobreexpuesto. Un libro que incluso puede llegar a estar bueno, pero cuando uno finalmente lo va a leer se le derrumba en comparación con el excesivo y no fundamentado boca a boca.
Ese mecanismo mágico del boca a boca, se transmutó en “blog a blog” y perdió en el camino. Porque un boca a boca forzado por algún factor no es un verdadero boca a boca y por lo tanto termina cortándose naturalmente. Muere en la medida en que se chocan las expectativa altísimas con la verdad del libro.
En la “crítica blogger” de estos momentos nadie se atreve a decir lo que realmente le pareció un libro y si alguien se atreve finalmente, porque esto en defnitiva es un blog, un producto con el que uno mismo, uno autor, el gil de la fotito de arriba a la derecha se lo tiene que bancar con su propio cuerpo, vienen las críticas de mala leche, resentidas, animosidad manifiesta, etc.
Claro, esto es un blog, no es una revista. El editor es uno mismo.
Está buenísimo en cierto sentido porque es más honesto que los medios de comunicación masiva porque es más fácil encontrar una línea editorial o verla explícita, y es una cagada porque no podemos esconderlo.
Una revista da cierta impunidad de culpas repartidas. Si digo lo mismo que digo en este blog pero lo publico en una revista (digital o de papel) tengo el respaldo de un consejo editor, de un grupo que supuestamente funciona de forma compacta respaldando mi opinión.
Entonces, un blogger podría y debería hacer explícito si tiene alguna preferencia estética o fetiche determinado. Me parece lógico y hasta deseable. Creo que ha quedado visto por más de un post que escribí que por ejemplo amo a James Ellroy, Raymond Chandler, Alan Moore, Frank Miller y varios más, que me encanta la narrativa argentina de Mariana Enriquez y Pablo Ramos, y les tengo simpatía a proyectos editoriales como los de Entropía, Eterna Cadencia, Caja Negra Editora y algunas otras.
Si Harold Bloom puede tener su canon, no veo por qué yo no.
Esto tampoco significa que inmediatamente si alguno de ellos saca un producto que no me gusta tanto de todos modos vaya a decir que son “lo mejor del año”. Ni tampoco tengo intención de callarme si un libro publicado por alguno de ellos me parece francamente malo.
Todos los medios de comunicación tienen sus amigos y enemigos. Es normal e inevitable. La objetividad periodística de cualquier revista es un chiste malo.
Pero de lo que tenemos que tener cuidado es del hypeo al pedo. Las cosas en su justa medida. Las reseñas que señalen lo bueno y lo malo por igual. Me gustaría que perdiéramos el miedo de ofender a un autor-amigo-conocido del medio porque ahí se nos va todo al hypeo idiota y el resultado es contraproducente y origen del comentario malintencionado del tipo: “Che, ¿Viste todo lo que hablan de que el libro X es lo mejor que se publicó este año? lo leí y me pareció una cagada.” Todo dicho en tono de superado y desconfiado-escéptico.
Sumado a esto, con tanto hypeo literario, algunos autores puede que se lo crean y terminen como en ese capítulo de South Park en el que la gente que vive en San Francisco es taaaaaaaan pero taaaaaan cool que hasta se convencen de que sus pedos huelen bien y se la pasan todo el día oliéndose su propio culo.

Las críticas que no se escriben

Y en ese estúpido consenso también caen las críticas que no se hacen. La crítica pasó de ser un verbo “Él critica” a un sustantivo soso: “Crítica”. En eso se perdió el contenido de la misma crítica: si uno ejerce su profesión de la manera más honesta que puede y considera un libro malo y dice y justifica el por qué del fracaso (en la operación que intenta, en su estructura, en lo que sea que lo conforme, etc.), se le vienen encima los aprietes que pueden tener diversas formas: mala leche, apriete personal e intimidación, comentarios (“A ese pibe lo voy a cagar a trompadas”), dejar de recibir libros de determinada editorial, censura previa en otros blogs y la literatura se convierte en un partido de fútbol con barras bravas apretando a los jugadores.
Los bloggers literarios entonces parecen vivir embobados con cuanta gilada se publique (porque en la literatura, y esto es casi estadístico, de 10 libros publicados, 8 son una gilada) porque necesitan para subsistir el beneplácito de las editoriales que les mandarán sus libros para reseñar y de esta perversa forma, el blogger que comenzó honestamente, ejerciendo su profesión ad honorem termina convirtiéndose en una especie de sucursal de prensa de las editoriales que le envían sus libros. Y encima lo hacen gratis.
Señalar las simpatías pero también jugársela y decir las cosas de frente: no amedrentarse por la amistad y el “en este medio nos conocemos todos”.

El caso del Spore

Pasó el año pasado: la salida del juego de Will Wright, Spore se venía prometiendo desde hace años como una verdadera revolución. Finalmente salió y había habido tanto, pero tanto hype encima del producto que no tardó nada en caerse, estallar como la burbuja que era.
Si bien recibió buenas críticas de las principales revistas especializadas, el público mismo se encargó de enfurecerse contra el juego e inundó blogs de quejas y desilusiones. No había estado a la altura de tanta expectativa (algo así imagino, pasará finalmente con el Duke Nukem Forever el día que finalmente salga y por eso me parecería mejor que directamente lo cancelaran de una vez).
Es un ejemplo a tener en cuenta a la hora de planificar unas estrategias de márketing viral más interesantes y productivas para la literatura argentina conteporánea que se edita, sabiendo que la hay de la buena y de la mala, pero que es necesario destacar que no podemos seguir guiándonos por el criterio: “Buena es la que se recomienda en los blogs y mala la que no” porque hay cientos de escritores que por no pertenecer a ciertos grupos se pierden de la posibilidad de circulación blogger y otros que aparecen, ponen a circular libros que no valen ni el papel que se empleó en imprimirlos.
No vaya a ser cosa que los propios críticos terminen convencidos de que sus reseñas y críticas poco comprometidas huelen bien y se pongan a olerse sus propios culos.

23 de mayo de 2008

Lo fantástico y lo real

A pedido de mis lectores (bueno, de un lector): Steampunk, o la síntesis entre Fantasy y Ciencia Ficción.

Ahora que en Lost ya sabemos que efectivamente la Ciencia Ficción o el Fantástico son parte integral de la trama (la dificultad de explicar la diferencia entre ambos géneros creo que está dada porque la primera es una subrama de la segunda. En ese sentido una de las mejores y más sencillas explicaciones que encontré a este dilema es, obviamente, una que da Capanna: “…la ciencia ficción fue una rama de la literatura fantástica. Aquello que la distinguía como literatura, era su marco especulativo.” (Capanna, P. Ciencia ficción: Utopía y mercado, Cántaro, 2008, Bs. As., pag. 149. Es decir, lo que distingue a la CF del Fantasy es que en el CF hay explicación absurda o no, de lo que se relata. En el fantasy se da por explicado como cualquier otra ley física del mundo real. Dudo que a ningún escritor se le planteara la necesidad de por ejemplo, explicar la Ley de la Gravedad para explicar el hecho de que sus personajes no salen volando (a menos claro, que se trate de G.G. Márquez y su niña voladora de Cien años de soledad ;-)) o rebotan en el piso como lo harían en la Luna), creo que puede llegar a haber algún tipo de complicación respecto de la forma en que los guionistas continúen la serie.
Si desde la segunda mitad de la Primera temporada el misterio era The Hatch y luego en la Segunda temporada el misterio eran Los Otros, la Tercera temporada sonó un poco más insípida porque conocimos qué era tanto The Hatch como Los Otros y entonces, gran parte del misterio de lo sobrenatural, de lo no dicho, se diluyó.
Ahora ya nos respondieron una pregunta más: en esa Isla las leyes de la física son distintas. En esa Isla pasan cosas que tienen que ver con el fantástico. Ya está. No hay más lugar para pensar “¿Será o no será?” y creo que eso es en parte una cagada.

Fan Art: ¡Cómo me gusta! Visto aquí.

Claro que habían llevado las cosas a una cuestión irresoluble porque sea como sea siempre decepcionarán a los fans con el final.
Sin embargo, debo admitir que la teoría del Loop temporal que anda circulando y que parece ser la más seria y aproximada a lo que finalmente terminará siendo, no resulta taaaaan decepcionante; quizás por lo estrambótico y complicado de su explicación.
Admitir en un relato ambiguo la presencia de lo sobrenatural es decepcionante. No dar respuestas y terminar el relato también lo es. Hay que ver qué tipo de relato o narración prefiere cada público.
Me acuerdo por ejemplo de algunos textos de Henry James en los que nunca te enterabas realmente qué había pasado. Eran absolutamente insatisfactorios: La lección del maestro, Otra vuelta de tuerca y luego la continuación de la tradición con Carver y sus cuentos en los que no pasa nada o parece no pasar nada y sin embargo uno se queda con la sensación de que todo se cocina atrás.
Lo mismo me pasa cuando veo una película de terror: es muy dificil realmente a esta altura que una película pueda producirme miedo o dejarme satisfecho una vez terminada de ver.
En ese sentido creo que hay todavía tres vertientes de terror posible que me produce satisfacción:

1. El llamado Efecto Shyalaman: está basado en el principio por el cual al final de la película te van a dar una vuelta de tuerca absolutamente impredecible que te va a dejar pensando en retrospectiva toda la película que viste. El famoso momento de El sexto sentido en el que nos enteramos que Bruce Willis estaba muerto.

2. El terror psicológico: por obvias razones es muy interesante porque juega dosificando la ansiedad, haciendo subir y bajar las cantidades de adrenalina en el cuerpo.

3. El Terror Físico a la Lovecraft: ¿Qué tiene de distinto un terror físico lovecraftiano respecto de uno digamos a la The Host o slasher movie en su cuarta o quinta encarnación? Que el terror físico de Lovecraft tiene esa cuestión de juego en el límite entre la locura y la cordura, esa sensación de ambigüedad que sigue dando el no saber. No saber qué persigue, no saber por qué persigue y no saber cómo derrotar a eso que persigue. A esta altura las explicaciones sobre Freddy, Jason, etc. ya nos dicen todo. No hay un terror ancestral y desconocido sino un viejo conocido y lo que uno va a ver es nuevas formas en las que el Slasher de turno se encargue de los descuartizamientos.

No me vengan con The Host: si Cthulhu no te da miedo, tenés problemitas.

Discutíamos hace un tiempo con Charly y Mariano acerca de esto y yo decía que las películas de fantasmas ya difícilmente den miedo: el tópico ánima en pena supone ciertos rasgos tan agotados que no hay sorpresa para nadie. La película se trata de descubrir de qué forma terrible, cruel y macabra murió la persona para que su fantasma ande cazando vivos. Y cuando lo descubrimos es terriblemente decepcionante porque no hay forma que colme las expectativas.
Entonces, la otra opción es no dar la explicación y de ese modo dejar insatisfecho al espectador. Se puede optar por una tercer opción que me parece la más inteligente: dejar cabos sueltos como para que la interpretación pueda ser por un camino u otro (y eso, al igual que el Efecto Shyalaman, implica la necesidad de ir repasando toda la película para encontrarle una u otra coherencia).
Alguno aportó que por la saturación de las posibilidades del cine de fantasmas es que teníamos la moda del Cine Gore con títulos como Hostel; porque ya no hay forma de seguir causando impresión en los espectadores luego de tantas historias de fantasmas.
Yo aporté una interpretación personal de El orfanato por la cual podría tanto ser una historia de fantasmas como la historia de la psicosis de la protagonista.

(Spoilers de El orfanato)

Otra que ve dead people.

En mi interpretación la minita es una psicótica que cree ver fantasmas. Y de hecho, es la única, a lo largo de toda la peli, que los ve. La escena en la que el fantasma la encierra en el baño tranquilamente puede ser su propio hijo disfrazado con la capucha del hijo muerto de la vieja y el hecho de que le agarre los dedos contra la puerta con tanto salvajismo sería producto de un sentimiento de venganza por la cachetada que le había dado antes.
Las distintas pistas del juego que terminan dando con la localización del escondite del muertito habrían sido plantadas por el hijo de ella. La escena final del suicidio y la llegada al mundo fantasmal sería así: realmente se suicida y en el trance de agonía, tiene las visiones de los fantasmas, sus ex compañeritos de orfanato en la niñez. El hecho de que la primera vez que encuentre a su hijo lo encuentre vivo y después se de cuenta de que en realidad está hablándole a una frazada y que el pibe está muerto, jugaría a favor de mi tesis de la psicosis de la mina.

(Fin de los Spoilers)

Mi encandamiento de hechos no terminó de convencer y yo me quedé pensando si no estaba forzando demasiado las cosas como para encontrar que una película mediocre y tonta podía ser realmente una película interesante. Porque si se trata solamente de fantasmitas convengamos que es una tontería total.

Ben Linus: lo mejor que nos deja la Cuarta Temporada de Lost.

Entonces, cuando se nos termine Lost, cuando la semana que viene se nos termine la Cuarta temporada, lo que podremos decir con orgullo es que al menos nos brindó algunos momentos geniales y que en particular, esta cuarta temporada nos regaló a un Ben Linus como el mejor personaje de la serie y un trío con Locke y Hurley de antología.

15 de febrero de 2008

Reseña: Rant de Chuck Palahniuk

Nota: Antes que nada quisiera agradecer a los responsables de que Sudamericana me enviara este libro.

Rant, la vida de un asesino es la anteúltima novela de Chuck Palahniuk (de quien ya escribiera este post)si consideramos la que saldrá en mayo en Estados Unidos: Snuff, de la que ya comenté hace unas semanas.
Resulta interesante ver como Palahniuk se fue ganando entre los lectores de nuestro país y como su estilo fue sumando adeptos al largo grupo de fans.
Porque así es, Palahniuk representa al escritor rock-star, el escritor que tiene clubes de fans, webpage y cuyos libros son seguidos por entusiastas en todo el mundo.
No pareciera muy dificil entender el por qué de esto (aunque es obvio que en asuntos de libros y popularidad de escritores es difícil entender los caprichos de los lectores) si uno apunta claramente los recursos que utiliza Palahniuk en su escritura.

La receta Palahinuk

Prepárese una masa con los siguientes ingredientes:
- Una buena pizca de truquitos de taller literario (Escritura creativa le dicen en EEUU).
- Unos toques de escatología.
- Unos gramos de plagio descarado a J.G. Ballard (de quien escribí este post).
- Una personalidad como escritor más que interesante (un showman: padre asesinado, militancia gay, militancia a favor de la pena de muerte, lecturas públicas que hacen vomitar de asco a tus fans, etc.)
- Unas gotas de humor negro.
- Unas pizcas de ideas originales y retorcidas.
Forme discos con la masa y póngasela a la plancha unos diez minutos para obtener una rica hamburguesa Palahniuk. Porque eso es básicamente la literatura de Chucky: comida rápida, lectura rápida y muy satisfactoria.
A veces se le va la mano con alguno de los ingredientes (la mayoría de las veces). Otras veces encuentra el sabor justo. Entre un Big Mac y una hamburguesa casera y nutritiva se balancea la literatura de Palahniuk. And I´m lovin´it!

Rant, la sucia rata

Leí cuatro libros de Palahniuk: Fight Club, Asfixia, Fantasmas y ahora Rant.
El primero aparece como una elaboración medianamente equilibrada. La segunda se va al recontra carajo con la insistencia en esos trucos literarios de taller. Fantasmas tiene unos dos o tres cuentos buenos (está Tripas) y el resto es excesivo y superfluo, con demasiado abuso de la escatología, los trucos y con ideas tan retorcidas que son demasiado inverosímiles aún para un cuento de Chcuky.
Rant parecía perfecto. Rant parecía el mejor libro de Palahniuk (y posiblemente, de los que leí de él lo sea). Rant ES perfecto. Tiene un buen equilibrio entre procedimiento (una forma muy original de encarar la historia, resuelve el que a mi criterio es uno de los problemas más graves de la Ciencia Ficción: cómo explicar la realidad contrafáctica sin caer en el manual explicativo. Es decir, aquello en lo que Star Wars por ejemplo muestra su falencia al tener que pasar las letras amarillas antes del comienzo de la película para explicar el escenario, el setting, como si se tratara de un juego de rol. Y en Rant está resuelto yendo precisamente al manual explicativo: como es una novela que se plantea como historia oral, es decir, historia construída a partir de relatos de entrevistados, hay lugar perfecto para que expliquen la realidad como un manual. ¿A quién no le gusta dar lecciones de historia, vida, sociedad, política, cultura, lo que sea cuando se lo entrevista acerca de una historia, de una époc de su vida? En ese aspecto el procedimiento, el truco está empleado a la perfección y demuestra una evolución de Palahniuk como narrador. Ya no necesita abusar del procedimiento sino que confía en él. Y le sale genial), historia, ideas retorcidas y escatología. Es por eso que puedo afirmar que 2/3 partes de la novela son lo mejor que leí de Palahniuk y que son deliciosas. El problema está en otro lado. El problema está en el robo descarado a J.G. Ballard.
Digo, está bien que las ideas circulen y que sean reutilizadas, reescritas, redescubiertas, pero robar directamente el argumento de una novela que ya se escribió, que fue adapatada al cine y que es un clásico indiscutible de la New Wave en Ciencia Ficción, me parece un poco excesivo.
En eso, Rant, el personaje de quien se nos relata su vida pierde espesor y pierde espesor la novela. Rant, se convierte en la sucia rata que nos intentan vender algunos personajes. Y es una lástima. Por tan poquito…

Las 2/3 partes buenas de la novela

Durante las primeras 100 páginas se nos describe a partir del coro de voces que hilan la narración, la infancia de Rant, un personaje que nadie deja de señalar como el asesino serial más grande de la historia, el propagador de la peor peste que haya asolado a los Estados Unidos y en la descripción de su infancia Redneck, con padres Redneck, en un pueblo Redneck, la novela va cobrando un envión que en algún momento parece imparable.
El humor negro y la escatología aparecen dosificadas con talento y uno termina riéndose de escenas bastante repugnantes. Punto a favor.
Luego tenemos desde la página 200 (aproximadamente) al final de libro descripciones de una sociedad apocalíptica (y en esto Palahniuk encontró una idea muy buena y original que plantea un tipo de segregacionismo muy inteligente y simple. Una idea que nunca había leído y que entiendo es plenamente origianl de él, aunque quizás me equivoque) y una de las vueltas de tuerca en la trama más originales que haya leído en mucho tiempo. Un cambio radical de la historia que sin embargo, como en toda obra bien hecha, se va anunciando casi desde la primer página. Sólo que, y de esto se aprovecha mucho el narrador, los elementos para poder ir atando cabos no van surgiendo sino con la lectura. De ese tipo de pequeñas perlitas está plagado el libro y sólo al final, cuando uno termina el libro se puede quedar pensando unas cuantas horas acerca de diversas asociaciones posibles.

El 1/3 malo de la novela: Ballard para principantes

La tercera parte mala de la novela en realidad depende de si uno antes haya leído Crash de J.G. Ballard o no. Ese y La exhibición de atrocidades. O cualquiera de los dos. Y es que la parte central de la novela le dedica 100 páginas (pongamos de la página 100 a la 200) a plagiar o robar de alguna manera las ideas ya expuestas por Ballard en esos libros: la búsqueda de satisfacciones en una clase media aburrida y sin emociones a través de la condensación de adrenalina y excitación sexual de accidentes de tráfico.
El hecho de que luego, la tercera parte de la novela, esos accidentes automovilísticos ganen una nueva significación respecto de la trama no salva las 100 páginas de ideas ya leídas y/o enunciadas que el lector debe atravesar.
Es una verdadera lástima porque por el resto la novela es redondita.

Conclusión

Entonces, ¿Qué tenemos? Una de las mejores novelas de Palahniuk (todavía no leí Survivor, pero la tengo en mi mesita de luz…) que sin embargo por razones que no puedo explicarme se dedica a boicotearse a sí misma depositando en el plagio de una idea muy cara a la narrativa de J.G. Ballard casi el tronco del sentido de la novela. Y pienso que Palahniuk podría haber resuelto eso de formas mucho, pero mucho más originales sin tener que recurrir al robo u homenaje tan extenso.
Una nota aparte merece la queja que ya parece figurita repetida acerca de la traducción. El dialecto ibérico que inunda las páginas del libro se hace a veces realmente insportable, trabando la lectura y dificultando el interés por el libro.
Me parece que a esta altura los editores podrían entender que leer una novela de Carson McCullers traducida al ibérico puede llegar a ser pasable, pero una novela llena de slang necesita si o sí un aggiornamiento a las necesidades dialectales de cada mercado.
Finalmente entonces, diría que Rant, aún con sus falencias es una lectura muy entretenida. Y sin dudas es más rápido y fácil de leer que Ballard. Casi como comerse una hamburguesa.

1 de febrero de 2008

NADA

- ¿Qué tiene de tan maravillosa? – le pregunté a mi amigo Guille hace unos, digamos, 6 o 7 meses.
- En realidad nada. Ese es su secreto. No pasa NADA en absoluto. El capítulo empieza lento, sigue más lento todavía y cuando quedan 5 minutos para que termine, agarran y te tiran un par de momentos tensos en los que decís: “Uhh, acá se va a aclarar todo, acá van a pasar cosas grosas. Termina el capítulo con toda la tensión ahí, pendiente de un hilo. Empieza el capítulo siguiente y de nuevo no pasa nada”.

No estoy con Jack: demasiado buenito, aburre...

Así me describió la Experiencia Lost cuando yo no había tenido todavía ningún contacto con la serie. Ni pensaba tenerlo por otra parte. Pensar en una serie que ya llevaba 3 temporadas basada en un par de naúfragos en una isla desierta me parecía una especie de mezcla de Expedición Robinson (nuestro Survivor autóctono) con Naúfrago con Tom Hanks (película que apenas pude soportar ver en el cine) y si a esos prejuicios le sumábamos a mi mezcladora otros prejuicios (que son muchos) como que:

a) En nuestro país la serie la pasan por el pedorrísimo canal AXN (creo que una sola vez intenté ver algo por ese canal y desistí al poco tiempo) o por Canal 13 doblada. Versión que ni siquiera considero ¿Quién ve series dobladas al español en nuestro país? ¿Quién ve cualquier cosa doblada al español en nuestro país?
b) Mi videocasetera hace años que está rota y no la mandé a arreglar (y sólo veo series directo de la tele si antes puedo grabar sus capítulos. Los horarios en los que las pasan nunca me convienen y necesito poder verlas cuando YO tenga mi tiempo).
c) Suelo ser bastante quisquilloso (ahora muchísimo, pero muchísmo menos que hace unos años) e inmediatamente, si algo se vuelve popular, me produce cierto rechazo. Quizás porque este fue siempre una especie de mecanismo de snobeing: ser “especial” y “mejor” (que ridículo que se me hace ahora que lo escribo) por no sucumbir a lo que las masas sucumben.

Obtendríamos entonces, en la mezcladora de prejuicios, la imposibilidad, diría espiritual y física de ver Lost.

Pero por suerte, estos fueron cayendo.
El primero que cayó fue cuando me conseguí un reproductor de DVD. Tachado el impedimento b) el impedimento c) dejó de ser un impedimento hace rato: como decía, ya no soy ni pretendo ser tan asquerosamente snob y gorila. El impedimento a) se solucionó cuando mi heramno llegó a casa con la 1er temporada de la serie y se la puso a ver enloquecido, viéndose de a 6 capítulos por noche (y sé que no es ningún record, he sabido de gente que se vio la primer temporada entera en una maratón de un día entero). Los impedimentos de los prejuicios acerca del contenido de la serie fueron cayendo a medida que la fui viendo.

Entonces, volvamos una vez más a decir lo que ya se dijo mil veces: ¿Por qué funciona Lost? ¿Por qué estamos tan ansiosos por ver qué mierda va a pasar en la 4ta temporada? ¿Por qué la gente se obsesiona con la serie? ¿Acaso estamos ante un dispositivo de control mental bizarro? ¿Será Lost la última herramienta del imperialismo yanqui para dominar el mundo?
Creo que la mayor parte de esas preguntas se responden simplemente con lo que me dijo mi amigo: NADA.
Lost funciona por NADA.
Estamos ansiosos de ver Lost por NADA.
La gente se obsesiona con Lost por NADA.
Y las otras preguntas las respondería con un Naaaah.

Tampoco estoy con Sawyer: aunque obviamente, lo prefiero antes que a Jack.

¿Qué significa que Lost funciona por NADA? En un capítulo de la 1er temporada encuentran una valija que Kate reconoce es la que llevaba el policía con la que viajaba. Durante todo un fucking capítulo el contenido de esa valija que obsesiona a Kate nos obsesiona a los espectadores también: ¡¿Qué mierda hay adentro de la valija para que Kate se desespere de tal forma por conseguirla?! Y pasa el capítulo. ¡Y no pasa NADA! Mil intentos de abrir la valija y no pueden. Que si Sawyer se la roba, que si viene Jack y la recupera y así mil boludeces hasta que finalmente se abre la valija misteriosa…

Uno a esa altura seguramente esperaba los planos para hacer una Bomba H con un coco, una hoja de palmera y un poco de agua de mar al mejor estilo McGyver o algo tan imprescindible que pudiera salvar a los losties o un radio trasmisor… pero no… lo que hay adentro de la valija, lo que desesperadamente necesitaba Kate era un puto avioncito de plástico. Y así la vemos a ella jugando con el avioncito cuando termina el capítulo.
Entonces, en ese punto de inflexión uno tiene dos opciones:
a) Sentirse estafado por la serie (y en justa medida)
b) Decir: No, seguro que hay algo oculto detrás de ese avioncito. Más adelante lo van a develar.

Con eso juegan los guionistas de la serie. Y lo hacen bien. Porque como decía entonces, la serie se basa en NADA. Así como Seinfeld se encargó en lo ´90 de plantear una serie sobre nada, Lost está sustentada en la NADA en el sentido que se sostiene a base de escatimar información al espectador, tender hilos narrativos que nunca cierra (la del avioncito es explicada, pero ¿Por qué Libby estuvo internada en el psiquiátrico en el que internaron a Hurley? Misterio que se llevó a la tumba), abusar de los Deus Ex Machina (en el sentido de revolver en el fondo de extras para sacar de la galera personajes que nunca aparecieron hasta el momento en el que se los necesita para desarrollar alguna acción necesaria para la continuidad de la serie) y el mejor estilo folletinesco televisivo: es decir telenovlesco. Triángulos amorosos, muertes de personajes protagónicos, dilatación de la narración hasta el límite de lo posible y condensación de los momentos de mayor dramatismo en los momentos finales de cada capítulo. Eso es todo. No hay otro secreto demasiado oculto. El secreto es que todo es un secreto. Pero atrás no hay nada. Cartón pintado a lo sumo.

Esto quedó muy explícito a mi criterio en la tercer temporada. Es unánime la opinión de que es la peor temporada so far. ¿Por qué? Es bastante evidente: la mayor parte de los misterios fueron resueltos: ¿Quiénes son los Otros? Resuelto. ¿Por qué secuestraban niños? Resuelto. ¿Qué es la escotilla y luego las sucesivas subestaciones? Resuelto. ¿Qué es el proyecto Dharma? Casi, casi resuelto.

Yo le aguanto los trapos a Locke: estoy con Peter Watts a morir!

Obviamente, quedan miles de pequeñas incógnitas que no se respondieron. Quizás las dos más grande dentro de estas sean ¿Por qué Locke pudo volver a caminar? y ¿Qué es el humo negro? Pero sinceramente, ¿no es acaso ese el hilo argumental más flojo? Lo mismo con toda eso del oso polar y el caballo negro que aparecen de la nada. Entiendo que a algunos el costado fantasy de la serie puede haber sido la causa de su enganche, pero a nivel de la construcción de la narración total no tienen casi importancia. En el fantasy las cosas no tienen que tener una explicación. Simplemente son. Si alguien se encanchó por el misterio del humo negro lo que está buscando es una explicación racional del por qué del humo negro. Y como no hay posibilidad de explicación racional para un humo que mate gente, ese mismo humo es un punto débil de la serie. ¿Por qué? Porque las explicaciones que podrán darle (y tendrán que dar alguna) es que es algo natural (opción fantasy) o algo creado por alguien (opción racional) y en esta última opción ya estaríamos entrando en la sci-fi. Lo que estoy seguro no le va a gustar mucho a los racionalistas que siguen como si fueran pistas cada detalle de la serie.

Aunque Sayid también me cae bien: un iraquí torturador.
¿Quién no querría tenerlo de compañero de aventuras?


Volviendo entonces al asunto, el hecho de que en la tercer temporada se hayan resuelto gran parte de los misterios arruina el gancho de la serie: el juego con la necesidad del público de saber. Si le tercer temporada fue la peor, la segunda seguramente fue la mejor: la administración de los misterios y la acción estuvo calculada como relojería suiza. Y precisamente, los misterios sin resolver y que quizás nunca se resuelvan fueron lo más fuerte. Porque paradójicamente, la resolución de los misterios aburre. La resolución corta la curiosidad y obliga a aceptar una línea argumental, una explicación posible. El misterio sin resolver hace volar la imaginación y al mismo tiempo empuja a buscar una explicación en capítulos sucesivos. Pero si esta nunca aparece, quizás hasta sería mejor.

Y de las chichis, mi opción por Kate es clara:nótese el componente homoerótico de la serie (o bien es una serie pensada para nenas) o falocéntrico si se quiere: las chicas que hay son pocas y feas (menos Kate) y las pocas que hay mueren: Shannon (que es una rubia estúpida e insportable), Ana Lucía (que si bien Michelle Rodriguez tiene algo de encanto latino, está lejos de ser una BELLEZA), Libby (otra rubia tarada), Claire (que no muere pero es una inútil a todas luces: está embarazada (y los guionistas resaltan los problemas que esto les ocasiona a los otros losties), Sun (que tampoco muere y es tan inteligente como fea) y la chica cuyo nombre no recuerdo que muere enterrada viva. Ninguna de ella alcanza el protagonismo ni la importancia para la historia que los hombres. A excepción de Kate claro, que además de ser la que está más buena, es la más masculinizada. ¿Como para escribir un ensayo sobre género no?


El capítulo del avioncito es hasta una burla al espectador: te están mostrando lo pelotudo que sos por comerte 6 temporadas de una serie en la cual, al final de cuentas, la resolución que le den, siempre va a ser decepcionante porque lo que te enganchó es el misterio.
Y después, todo lo otro, todas las pelotudeces que andan circulando que hacen relaciones entre los personajes con nombres de filósofos, las conspiraciones y las teorías rebuscadas sobre las casualidades son puros elementos decorativos. Me imagino que los guionistas se deben cagar de la risa planteando la teoría de los 6 grados de separación entre sus personajes o dotándolos de pasados más o menos oscuros.

Y finalmente, ahora que ya sabemos casi hasta el momento en que nacieron cada uno de nuestros losties y los guionistas deben sostener 3 temporadas más nos dan un flashforward, un mensaje de Charile antes de morir diciendo que “los rescatistas no son los rescatistas”, un Ben Linus pronosticando que la cosa se va a poner pesada y un Locke que parece va a jugársela solo. Nuevos misterios, nueva necesidad de saber. Lo hicieron de nuevo. Nos van a obligar gastar 48 horas más (son los capítulos que quedan) de nuestras vidas, como mínimo hasta que termine todo el asunto. Una nueva nueva temporada empezó ayer. Muchos nuevos misterios. Mucho nuevo márketing. Sin dudas Lost es la serie con mejor márketing que vi en toda mi vida. Quizás sea eso: un gran experimento de márketing. Comprás lo que no sabés qué es. Comprás porque necesitás y no necesitás saber qué es. Nadie quiere abrir la caja misteriosa. ¿O sí? Quizás, adentro no haya nada. Nada más que aire. Nada.
Volvió Lost. Volvió la NADA.

4 de enero de 2008

No voy a usar mi mejor material para caridad (Parte 2: 10 de mis más queridos posts de 2007)

Continúo con mi plan de la semana pasada de rememorar lo mejor del año que pasó. Y esto se debe en principio a dos factores:

a. La paja de año nuevo que se suma al calor infernal y la inexistencia de algo así como “Vacaciones para Bloggers”. Es decir, ¿qué esperan? Me esmero todo el año para darles contenidos de alta calidad todos los viernes sólo para recibir insultos gratuitos y encima ¿pretenden que en verano siga produciendo de la misma forma y manteniendo la misma calidad?

b. La comprobación de que al haber menos gente en Buenos Aires, al blog lo lee menos gente y por lo tanto, material fresco quedaría desperdiciado en la cruel dinámica del blog de ir pisoteando el archivo con posts viejos.

Hechas las aclaraciones…

Los 10 mejores, más polémicos, más ignorados posts de este blog durante 2007 (el orden es aleatorio):

1.Más carne a la parrilla: del porno Kistch al porno Camp

Sin dudas uno de los posts más increíbles que haya escrito. Recorriendo las páginas de una de esas revistas porno que se encuentran en los kioscos, me entretuve reproduciendo fragmentos de lo que podría considerarse un discurso porno. Un clásico de mi sección prederida: Los trabajos y las noches.

2.Diario de la hepatitis

Se me ha criticado mucho que mis posts son extensos. Bueno, este post es de los más extensos que escribí y sin embargo no me arrepiento de nada de él. Un recorrido sentimental-retrospectivo y personal por una de las series de TV más influyentes de la historia: Los Simpson. El post está coronado con el refrito de un viejo análisis que había intentado hace tiempo para intentar desmentir o desestabilizar esa noción que sugiere: “Los capítulos viejos eran una masa, los actuales son una porquería”.

3.James Ellroy: golpe de testosterona

Leer La Dalia Negra significó una antes y un después en mi consciencia de lector de policiales. Teniendo en cuenta que soy un viejo y empedernido lector de este género, podría considerar que Ellroy significó algo así como una pequeña revolución en mi cabeza. Por eso le dediqué un primer post, pero intenté relajarme y no hablar desde la academia sino desde los testículos del escritor. Es decir, plantearlo a Ellroy como pura hombría literaria, a lo Hemingway pero más extremo. Y me divertí en el intento. Además me gané alguna mención en otro blog.

4.Entero o a pedazos: más digreciones sobre el policial negro

Este post fue consecuencia del anterior y lo escribí como resultado de terminar de leer La Dalia… Descubrí con esa novela que hay todo un arsenal subgenérico poco analizado dentro del policial que está presente en las novelas policiales que incluyen como elemento fuerte de la trama la temática del descuartizamiento. En ese sentido exploré y creo que me sirvió para arribar a nuevas hipótesis interesantes.

5.Crónicas de la amargura V: especial elecciones porteñas

Si escribir las Crónicas de la amargura (especie de recuento rápido de situaciones que me llaman la atención de la vida cotidiana) es uno de mis actividades preferidas en los que refiere al blog, sin dudas este especial de las elecciones porteñas no solo fue uno de los más elaborados y que mejor me quedaron sino que además, me abrió las puertas para trabajar en la prensa gráfica. ¿Cómo no estarle agradecido entonces a la genial campaña política que nos regaló, entre otras geniales intervenciones, la imagen del Telerman-Cabeza de Pija?

6.Los 4 posts dedicados a reseñar In Fraganti

Este año también me dediqué mucho a reseñar libros. Cuando salió In Fraganti, lo recibí por cortesía de su compilador y de la editorial y entonces me sentí estimulado a retribuir esa atención dedicándome a un análisis exhaustivo del libro. Durante un mes este blog se llenó de críticas-reseñas pormenorizadas de cada uno de los cuentos. Fue un trabajo arduo, pero terminó saliendo bastante bien.

7.Evangelismo judío

Esta especie de crónica (que ya tiene una continuación preparada) sobre cómo una ultra religiosa judía me quizo convencer durante un largo rato de que yo mismo me aproxime a la rama ortodoxa del judaísmo, tuvo muy buena repercusión y además, me resulta un post de lo más divertido.

8.Un post que me costó $15, Rufián Stikes Again y La izquierda que viene con delay

Esta serie de tres posts que se alimentaron de mi adquisición de un tomo de Razón & Revolución dedicado casi íntegramente a analizar la Nueva Narrativa Argentina me granjeó muchos enemigos blogger (sorprendentemente, la cantidad de amenazas, hate mail y comments anónimos puteadores se disparó a partir de esos posts) presumiblemente enlistados en las filas de un trotskysmo bastante primario y primate.
No me arrepiento y creo que poner a disposición de un público amplio la posibilidad de leer los textos de la revista así como mis respuestas, contribuyeron a un debate que todavía no se dio demasiado en serio más allá de las puteadas que van y vienen desde ambos “bandos”.

9.Apuntes sobre pornografía: Belladona y el doble anal

Belladona.. sin dudas mi primer actriz porno fetiche. Y además la reflexión sobre los límites de lo porno. Y además el post con más comments en la historia de este blog. Sin dudas, si tengo que elegir un post de mi sección “Los trabajos y las noches”, no puedo dejar de pensar en este. Fue uno de esons posts consagratorios de algunas ideas que venía masticando. ¡Porn Studies para todo el mundo!

10.Haciendo del plagio un procedimiento

Después de una serie de comments totalmente desequilibrados de “La vieja loca del Jardín Botánico” se me ocurrió que podría tranquilamente plagiarla para construir con eso un nuevo texto literario, como en esa época se discutía todavía acerca de lo realizado por Sergio DiNucci. El resultado es uno de los textos más increíbles y delirantes que alguna vez haya leído. Una especie de Burroughs más desquiciado todavía. Como si algo así fuera posible.

En resumen, estos fueron, a mi entender, los mejores y más queridos posts de este blog durante 2007. Seguro que me quedaron unos cuantos afuera, pero el número 10 es un número cruel. Si algún lector recuerda con cariño algún post en particular, que lo mencione! No tenga miedo.
Ahora queda la posibilidad de la grata lectura o relectura. Siempre queda algo por sacar de un texto.
Como me encantan los refritos de Año Nuevo-Año Viejo.

26 de octubre de 2007

¿Vale la pena morir por el cadaver de una puta?

- ¿Cómo es que sos tan duro y tan tierno a la vez?
- Si no fuera duro no podría estar vivo, si no fuera tierno no merecería estarlo.

Philip Marlowe, en Playback de Raymond Chandler

Acerca de una escena clave en Sin City: The Hard Goodbye

Vale la pena morir por ella



No hay escena más conmovedora y crucial para la construcción de Sin City: The Hard Goodbye y luego toda la saga de Basin City que la escena en la que Marv le descerreja tres tiros a un cura, en un confesionario, cuando éste acaba de darle el nombre de los responsables de la muerte de Goldie.
Entonces, en el estampido de cada disparo se filtra la frase que sostiene sobre sus espaldas simbólicas todas las posibilidades de la narración de Sin City y acaso, uno de los factores que lo convierten en un verdadero policial noir.
Vale la pena morir por ella es decir: el héroe es un romántico, un duro que se juega la vida por una puta muerta. En ese jugarse la vida está el costado romántico del héroe: Marv, un tipo deforme y horrible tiene, en el fondo, un corazón que late y que está agradecido de por vida a la única mujer que le hizo el amor.
Casi como el Monstruo en Frankenstein, Marv es un ser que mete miedo de verlo, que tiene unas espaldas tan anchas que hace imposible pensar cómo podrías noquearlo, que resiste unos cuantos balazos, que vio cosas demasiado horribles en su vida, que necesita unas cuantas descargas de silla eléctrica para quedar frito y que para colmo, es terriblemente feo: lleno de cicatrices y la fealdad de un dolor interno inconmensurable. También, como el Monstruo, él quiere amor y ante la imposibilidad de encontrar un Doctor Frankenstein a quien perseguir y convertir en némesis de por vida por la negación de éste a crearle un ser similar para amar, Marv se conforma con el amor de una puta que se acostó con él buscando protección.
Pero ese Marv como decía, es un ser sensible que amó una sola noche en su vida y que está dispuesto a vengar el cadáver de la mujer que lo usó: le está agradecido por haber sido más amable con él que ninguna otra mujer.
Es interesante que Marv esté dispuesto a morir por el cadaver de una puta. Como Antígona sacrificándose a sí misma para dar entierro a su hermano Polinices, Marv necesita rendir un último tributo a ese cadáver que es la consumación de su vida: luego de esa noche de amor, Marv ya no tiene otro motivo para vivir más que rendir tributo a los vestigios de la mujer que amó.
El destino de Marv quedó sellado desde el momento en que se acostó con Goldie, podría considerarse que ese fue su momento de hybris: la desmesura y el desafío al orden que los dioses han impuesto. Marv no estaba destinado para amar y desde el momento en que se acuesta con ella rompe el pacto y empieza a ser perseguido.
De no haberse acostado con Goldie, de no haber amado, Marv podría terminar la historia con vida y hasta podría haber matado a toda la plana mayor de la corrupción sexual y política de Basin City sin ser apresado nunca, pero el hecho de que se acostara con Goldie y la amara selló su destino.
Marv lo reconoce cuando sentado en la silla eléctrica apura a sus verdugos: “¿Podrían apurarse? ¡¡No tengo toda la noche!!”.
Vale la pena morir por ella es el romanticismo puro, es el costado sensible y caballeresco del que se nutre el policial noir de vieja escuela, es el héroe dispuesto a morir por nada más que el honor, la justicia, la verdad y también, la venganza.


Vale la pena matar por ella



En vale la pena matar por ella se condensa el costado duro del héroe de policial noir: un tipo dispuesto a matar a quien sea necesario matar sin sentimientos de culpa o remordimientos. Simplemente, hay un trabajo que debe hacerse y se hará.
Los enemigos son obstáculos que se interponen necesariamente entre el punto de partida y la meta de llegada. Podría suponerse que hay una situación inicial que el héroe deberá investigar para llegar hasta el o los responsables y para eso, deberá atravesar un montón de obstáculos en forma de informantes, secuaces y enemigos de distinta calaña, todos ellos descartables, todos ellos asesinables.
Una vez llegado al responsable también queda la posibilidad de aniquilarlo o en todo caso, entregarlo a la justicia. Posibilidad menos glamorosa sin dudas.
Matar por ella implica el costado que hace duro a Marv. Si ya nos demostró que es un sensible porque está dispuesto a morir por el cadaver de una puta ahora nos muestra que también tiene dientes afilados y que está dispuesto a cargarse a cuantos tipos sea necesario con tal de restituir un balance en el universo.
Goldie, personaje secundario, que ya aparece muerta en la viñeta número 14, equivale a cientos de otros personajes secundarios que dejan su vida a cambio de la de ella.
El peso específico de la puta que muere para que se abra la narración es muchísimo mayor que el de otros personajes secundarios cuya muerte suman ese peso. La muerte final de Roark, el autor intelectual del asesinato, finalmente sobrepasa ese peso y la balanza, desbalanceada nuevamente, sólo puede encontrar un nuevo punto de equilibrio con la muerte de Marv.
En cualquier policial convencional, el peso desbalanceado puede quedar como forma de mostrar que finalmente, el Bien es más poderoso que el Mal, pero en Sin City el Bien y el Mal son parte de una misma sustancia indisociable, por lo tanto, debe haber un equilibrio que permita que la masa con la que se conforma esta cosmogonía vuelva a encontrar un remanso.

Vale la pena ir al infierno por ella


La última oración de la frase le imprime el costado trash y hardcore propio de la serie Sin City, casi su marca de identidad.
El exceso de ir al infierno por alguien supone la condensación, la superación casi dialéctica si se quiere, de las oraciones anteriormente enunciadas: es romántico y duro al mismo tiempo. Es romántico porque implica la noción de sacrificio por esa puta y es duro porque implica la necesidad de haber hecho algo tan terrible como para que merezca la perdición eterna de un alma.
El contexto de la Iglesia donde se dice la frase y se mata al cura le suma dramatismo e intensidad a la escena. El cura le dice a Marv cuando entiende las intenciones que se trae: “Santo cielo, hombre… esta es la casa de Dios”.
La casa de Dios no garantiza la pureza de las intenciones, el cura sabe perfectamente que el responsable de la muerte de Goldie es Roark, un sacerdote con la suma del poder paraestatal de Basin City.
Si el policial noir se construye sobre la podredumbre social y apunta a canalizar desde la violencia simbólica desatada a partir del crimen, la representación de un contexto social en proceso de derrumbe, el conflicto principal del que se nutre Sin City es el de las instituciones corruptas que han determinado un estado de casi anarquía en donde la ley del más fuerte convive dificultosamente con el poder de las fuerzas de la corrupción enquistadas en el Estado. En este sentido, la Iglesia es la única cara institucional representada, donde se condensa la maldad y el conflicto social.
La policía y la justicia, como claros subalternos de ese poder y el crimen de Goldie como parte de un delirio místico.
En ese sentido, Sin City, la Ciudad del Pecado, parece haber sido construida justamente sobre las ruinas de una Iglesia omnipotente que emana desde sí la corrupción y el cáncer social que intenta combatir.


Amén


Que así sea y la cara de Marv. Que así sea y la posibilidad de construir una venganza que limpie la injusticia, la catársis que encuentra el punto de restitución del orden desdibujado. Desdibujado en los trazos y las líneas, los juegos de claroscuros que conforman la otra pata de ese policial tan oscuro y tan sobreactuado. Tan Frank Miller y su estética del desborde.
Que así sea.

La secuencia completa:

27 de julio de 2007

Diario de la hepatitis

Mi primer recuerdo de Los Simpsons está relacionado con mi infancia. Era 1989 o 1990, no recuerdo, yo tenía 6 años y estaba traumado por las propagandas de prevención del Cólera que pasaban todo el día por la tele.

La muerte, la idea de morir, siempre fue una mis obsesiones (lo es todavía). Como todo buen temeroso de la muerte, soy un poco hipocondríaco. Cuando mi mamá me explicó de qué iba todo ese asunto del cólera y lo fácil que parecía contagiarse según la campaña de prevención mencionada, a la primer diarrea que me dio por cualquier otro motivo, pensé que mis días estaban contados.

Me acuerdo que me dije: “¡Tengo Cólera! Nunca voy a llegar a ver Los Simpsons”. Claro, víctima de la publicidad, había pasado de detestar los dibujos hepatíticos que habían empezado a salir en revistas, comentarios, notas del diario y la publicidad de Telefé que anunciaba un pronto arribo de la serie al aire televisivo, a el interés, la curiosidad, la necesidad, la obsesión por conocer ese dibujo que se presentaba como panacea ante mis ojos de niño ávidos de ese tipo de producto.

Obviamente, no tenía Cólera y llegué a ver y disfrutar el primer capítulo de la serie que emitió Telefé. Era el capítulo de la niñea asesina. Un típico capítulo de la primer temporada. En realidad, no puede decirse que sea un gran capítulo. Tenía misterio, tenía enganche para los niños como yo en esa época y por eso me encantó y quedé necesitando más.
No dudo que Telefé haya pasado otro capítulo más en esa lección inaugural, porque el formato Sitcom de ½ hora de programa no había llegado en esa época a nuestra TV (no logró imponerse ni siquiera ahora con todos los zombies que Sony ha creado, menos a principios de los años ´90) sin embargo, recordar cual fue ese segundo capítulo, me resulta imposible. Sólo te desvirgan o te desvirgás una vez y la segunda (excepto raras excepciones más relacionadas, a mi entender, con una “Segunda Primera Vez”) nadie la recuerda. La primera es la que duele. La segunda es la que acostumbra.

Entonces así los conocí. Lo loco, lo divertido es ver que en esa época, actué absolutamente simpsonianamente: me quedé boquiabierto frente a la TV no pudiendo creer la genialidad que acababa de ver. Supongo que algo de imposición cultural producto de la publicidad debió haber, pero también hubo reacción real. Me quedé boquiabierto y babeante como Bart y Lisa cuando están viendo el capítulo en el que el Itchy finalmente se venga de Scratchy (o cuando el gato se venga del ratón, nunca supe bien cuál es cuál). Absolutamente fascinados con lo que ven, los compañeros nerds de la Universidad de Homero desconectan la TV en el momento del climax narrativo del capítulo para conectar un nuevo módem o algo así. Cuando la TV vuelve a ser conectada, el capítulo terminó y Krusty dice: “¿Qué capítulo no? No nos van a permitir repetirlo ni en un millón de años” y lo que vemos es a Bart y Lisa gritando por el pánico de la decepción.


Si me quitan Los Simpsons seguramente haría lo mismo. El programa es tan profunda parte de mi vida, está tan relacionada con la esencia de los momentos más importantes de mi desarrollo como persona (infancia, pubertad, adolescencia, juventud) que pensar en una adultez y una vejez sin ellos es como quitarme un miembro. Un brazo, una pierna, un riñón, donde se concentren las marcas de todos esos momentos que me dieron Los Simpsons.

¡Tararararara Líder… tararararara Líder… ¡Líder… Líder! ¡Amo al Líder!!!!

Con mi amigo Guille, cada vez que viene de Francia, terminamos hablando de alguna manera sobre Los Simpsons o de los Simpsons.
Más allá de las competencias sobre conocimiento enciclopédico de Saber Simpson (suelo ser más bueno reteniendo argumentos, chistes o referencias culturales Pop que detalles de personajes o nombres de cada uno de los integrantes del pueblo) con las que amenizamos alguna noche de café y galletitas de chocolate, en nuestros diálogos siempre se nos escurre alguna frase, algún guiño para entendidos Simpson.

No recuerdo alguno en particular ahora, pero podría decir que no sería nada extraño que nos encontremos después de 6 meses y en vez de saludarnos con un abrazo nos miremos seriamente a la cara y uno le diga al otro: “Hola Señor Thompson” repitiendo el tono del agente del FBI que se lo dice a Homero en el capítulo en que parodian Cabo de miedo
Este tipo de referencialidad que me hace vivir con un pie adentro de ese submundo amarillo se repite con la gente con quien más confianza tengo: mi novia o algún otro buen, buen amigo. Como si el saludo masónico de nuestros días fuese repetir un chiste sacado del contexto de la serie.
“¡Es la bola en la ingle!” ese chiste, tonto, ligero, pasajero, no falla nunca.
Es que es la bola. ¡Y su ingle!

A un amigo de mi hermano le dicen Rafa. Todos pensábamos que el pibe se llamaba Rafael. Pero no. Resulta que le dicen así porque se parece a Rafa Gorgory (Ralph Wiggum). Lo cual es un extraño privilegio. Que te bauticen como un personaje de Los Simpsons no deja de tener sentido. Todos hemos sabido vernos aunque sea mínimamente reflejados en algún personaje de los que caminan por Springfield. O en varios de ellos.

Hay un dato de la producción de la serie que siempre me asombra: los guionistas actuales del programa son gente de mi edad (veintipico) que de chico, miraba el programa. Es decir, crecieron mirando el fucking show que están escribiendo ahora. ¿Qué sueño más perfecto para un fan de fandom que el poder escribir sus propios episodios?

El Sueño Americano es una rosquilla, Homero vendió su alma por ella y se la está comiendo porque es muy sabrosita

Los Simpsons son todo lo Pop que uno puede pedir de esta vida. Es más, creo que ellos reinventaron el género Pop. Lo puedo justificar pensando que generaron una nueva forma de discursividad basada en el comentario ácido, irónico, cruel, de la cultura yanqui. Como sabemos, el Imperio expande sus tentáculos y desde que acá a la vuelta tenemos un McDonald´s hasta que vemos por cable las series que ellos producen y en el cine las que ellas filman, somos en parte ese conglomerado springfieldiano. El mundo se convirtió un poco en Springfield y un poco en el New York de Seinfeld. Las dos series que permitieron que ahora tengamos otras series como South Park, o Padre de Familia, American Dad, y muchas de las bizarreadas extremas de Cartoon Network. Los Simpsons fueron condición de posibilidad de todo un discurso televisivo y cultural inédito: la burla de los valores del American Way of Life en formato chiste de 22 minutos.

En un capítulo mediocre de una de las últimas temporadas, Artie Ziff, ex prometido de Marge, le lee a Lisa un pasaje de Las correcciones de Jonathan Franzen en el jardín de la Residencia Simpson. ¿Por qué me interesa? Porque el libro de Franzen fue uno de los últimos intentos noventistas de escribir La Gran Novela Americana (ese ideal de cualquier escritor yanqui). ¿Qué es Los Simpsons sino la Gran Novela Americana? Una novela que lleva 20 temporadas, casi 500 capítulos de aire…

Si existiera un canal de TV que solamente pasara capítulos de Los Simpsons en forma continuada, podría llenar casi una semana entera de programación sin repetirse.
¿Quién puede decir que no es esta la Gran Novela Americana? Al menos será la Gran Novela Anti-Americana. Es decir, es el American Dream de cabeza. Es la acidez residual del comienzo de la caída del Imperio americano.

Si el Imperio Romano cayó en decadencia, Los Simpsons son nuestra fiesta báquica. Bien ajustada a los tiempos que corren, que ha sabido adentrarse en medio del fin de los 80, ha sabido condensar toda la posmodernidad junta, ha logrado convencer a Thomas fockin´ Pynchon de aparecer como voz invitada especial en un capítulo (con bolsa en la cabeza para evitar develar su identidad), ha sabido seguir de pie a pesar de los nuevos tiempos y de que los 90 ya hayan pasado (al menos en EEUU).

Dicen que para seguir hay que reinventarse todo el tiempo. Los Simpsons son película ahora. Como en el episodio en el que parodiaban las adaptaciones de dibujos animados populares al cine (con la película de Itchy and Scratchy). Seguramente mañana la iré a ver por primera vez. Porque como todo lo Simpson, uno lo consume una y otra vez y su valor de uso no se modifica. Los Simpons como todo producto cultural impecable permite muchas vistas, muchas lecturas, mucha insistencia. Como Asterix, como una buena novela; aunque uno ya sepa cómo será cada momento que siga en el capítulo, Aunque uno, a veces, mentalmente quiera torcer los acontecimientos y plantear otro camino, sólo para ver un “What If…”, para generar nuevas posibilidades, seguir explotando lo nuevo en el capítulo o porque piense que los guionistas desaprovecharon una buena oportunidad para dedicarse a elegir por otro camino del argumento.

Y recuerden: "Si miran mis sandalias, hay tabla, si miran por la ventana, hay tabla... si sacan menos de 9, sea quien sea, hay tabla"

No molestar, la sección en la programación de Fox que se apropió de absolutamente todo el espíritu Simpson posible siempre juega con este tipo de cosas. Habla de la Religión Simpson y otros guiños, pero en especial hay uno que me mata. Es el que dice: “Ahora un capítulo de Los Simpsons. Que solamente viste… 99999999999999999999999999999999999999999999999999999999999
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Es exacto. Es absolutamente real. Y lo vería una y otra vez más. Podría vivir viéndolos.
Como toda religión, es cuestión de Fé. Hay gente que los detesta. Mi papá siempre se quejó porque le parecía horrible el dibujo y Homero tan estúpido que lo ponía nervioso. Precisamente los valores que más me interesan a mí.

Mi tía recuerdo que una vez nos vio a mi primo y a mí mirando el programa en la casa en una isla del Tigre que tienen y nos dijo algo así como que por qué no no dejábamos de ver esa porquería e íbamos a disfrutar del aire libre.
No entienden nuestra Fé. No los necesitamos. Para eso ahora contamos con la película que se agrega a nuestros libros sagrados.

Por último quisiera incluir en ese largo post un análisis que hice hace un tiempo en viejo foro nihil respecto de ese prejuicio generalizado que habla de que “Los capítulos viejos eran los mejores, los de ahora son una mierda”.

Salud y rosquillas a la compañía.

Análisis pseudo estructural de Los Simpsons (escrito en 2005)

Creo que hay un gran autoengaño cuándo todos aclaran que aman los primeros capítulos y que las últimas temporadas son una basura. Me inquietan dichas declaraciones tan comunes, por lo que he pensado mucho en el tema. He llegado al siguiente análisis estructural de la cuestión: Los Simpson se pueden dividir en tres grandes categorías:

1. Los Viejos Capítulos: Estas son las primeras temporadas. Aproximadamente hasta mediados de los años noventa.

2. Los Capítulos del Medio: Los capítulos que van aproximadamente desde mediados de los 90 hasta el año 2000 aproximadamente.

3. Los Capítulos Contemporaneos: Del 2000 hasta esta hora.

Bien. Dentro de esta división cabe distinguir que:

1.Los Capítulos Viejos suelen tener estas caracterísiticas:

a. Dibujos feos y desagradables, colores opacos y trazos malos (como todo dibujo/cómic en sus primeros años hasta alcanzar cierto perfeccionamiento)

El primer Rafa Górgory: ejemplo de dibujo mal acabado

b. Relatan generalmente algún hecho lineal que tiene un comienzo, un desarrollo y un final: por ejemplo el capítulo en que Homero se convierte en inspector de Seguridad de la Planta.

b.1 Dentro de estos capítulos "De Aventura" se incluyen muchos capítulos de "Aventuas de los Hermanos Simpson" en los cuáles el eje pasa por cómo resuelven tal o cual caso los Lisa y Bart (ejemplo, el cap. de la niñera asesina)

c. Suelen mostrar personajes más lineales, con escaso desarrollo de personajes secundarios. En estos capítulos Homero es un padre sádico y cruel (estrangula a Bart casi por placer, no ama a sus hijos), Bart es un rebelde tonto, no tiene causa. Sólo maldad.

d. Los chistes presentes son escasos. Simplemente se trata de hacer una serie costumbrista tirando al Kistch. Situaciones exageradas y devaluación de la moral yanqui, pero con escasa incursión en el chiste. Ejemplo: las continuas jodas telefónicas a Moe. Recurso de repetición del gag como en cualquier sitcom costumbrista.

2.En los Capítulos del Medio se observa:

a. Mayor énfasis en el cuidado estético de los personajes. Los dibujos se armonizan, la paleta de colores recupera el brillo, y los trazos están bien delineados.

b. Se prioriza el desarrollo de los personajes: se les provee una mayor hondura psicológica: Bart no es rebelde sin causa sino un niño con problemas de aprendizaje, pero en el fondo un gran tipo. Lisa queda delineada como la hija pródiga de la familia. Marge es una ama de casa aburrida y conservadora que lucha en su interior por ser progre. Se desarrollan todos los personajes secundarios importantes: Barney como alcoholico pero gran poeta en su interior (la voz de los "Borbotones", el cineasta sensible que gana el premio a la mejor película del fesitval), Apu, Moe, el Jefe de Policía, Krusty, etc. Incluso se le dedican capítulos enteros al desarrollo de estos personajes. Pero no me estoy olvidando de Homero. Este es un punto importante. Homero no es sádico o cruel o mal padre. Es simplemente un imbécil. El prototipo del hombre blanco americano, del medio oeste, hijo del hippismo, descomprometido con todo, etc. Es importante tenerlo en cuenta porque ilustra el siguiente Item.

c. Gran parte de los capítulos de esta sección se basan en "Las Aventuras de Homero". Homero es el centro estructurante de gran cantidad de estos capítulos. El es el núcleo necesario para que suceda la acción. De hecho, grandes capítulos de esta sección se le deben a la interacción de Homero con el mundo. Ejemplo: el capítulo en que se mudan a la costa Oeste con Hank Skorpio (o como se llame)

3.En los Capítulos Contemporáneos se observa:

a. Las mismas características estéticas con un leve acento en la autoparodia y la autoreferencialidad (Homero diciendo: "El baboso que me dibujó si que dió en el clavo")

b. Un intento de aggiornamiento de Los Simpson a la realidad actual del mundo: Homero tiene e-mail ("amantedelacomida66@aol.com"), Homero tiene su webpage, Homero tiene su empresa de internet.

c. De lo anterior se desprende que Homero sigue siendo el gran eje generador de las situaciones cómicas. Incluso se produce una profundización de esto. No se lo muestra más como patético, sino como imbécil a secas. El capítulo del crayón incrustado en el cerebro intenta explicar el origen de la imbecilidad citada.

d. Introducción de una idea de continuidad histórica: de repente pasan cosas en el mundo de los Simpson. Cosas que afectan a todos menos a ellos: se muere la esposa de Flanders, Apu tiene septillizos, Barney se rehabilita de su adicción al alcohol, etc. Antes se habían dado hechos que cambiaran la vida de los personajes, pero nunca se les dio demasiada importancia para la continuidad de la serie: separación de los padres de Millhouse. Estos pequeños cambios afianzan la idea de que todo cambia menos para esta familia: Bart sigue en 4to grado y Lisa en 2do, Maggie nunca deja de ser un bebé.

e. Las tramas de los capítulos pierden en linealidad. Ahora para llegar a la situación que encadene la historia del capítulo se aprovecha mucho más los primeros 5 minutos en una sucesión de hechos que parecen fortuitos pero que desencadenan la trama: en el capítulo en que "Enviado de Santa" se convierte en el Perro de Duff, todo comienza con Bart y sus amigos en la casita del árbol, espiando a Lisa y sus amigas, luego eso genera que la casa del árbol se destruya, luego la reconstruyen los Amish (!!!!), luego se incendia, luego el perro no salva Homero pero sí es el gato quien lo salva, lo que lleva a Homero a decir: "Yo no tengo un perro" y esa es la puerta de acceso a que el antiguo dueño del perro lo reclame para sí y se lo venda a Duff. Esta sobresaturación de continuidades absurdas son en las que se sustenta la trama y por lo general, constituyen gran parte del chiste del capítulo. Ya no se trata de seguir una aventura lineal sino de maravillarse ante las retorcidas vueltas de tuerca de la trama.

e.1 De este mecanismo también alguien podría objetar: se les están acabando las ideas. Parece indudable que luego de 15 años de serie, las ideas empiecen a escasear. Pero me parece evidente por lo expuesto a esta altura, que la serie no ha hecho más que reinventarse desde que surgió.

Conclusión: Creo que los Capítulos Viejos no divierten a nadie. Hagan la prueba de verlos y se horrorizarán. Los Capítulos del Medio formaron la base de añoranza melancólica que se suscita en comentarios de tanta gente respecto de que los únicos buenos capítulos son los capítulos viejos.
Finalmente los Capítulos Contemporáneos se han dedicado a prolongar de la manera posible esta base. Evidentemente es imposible que una serie que se mantiene al aire tanto tiempo se conserve intacta porque pierde su atractivo (recordemos que Seinfeld se retiró sabia y dolorosamente, a los 10 años). Estas temporadas no han hecho más que reinventar una vez más el programa y a mi criterio, tiene capítulos excelentes. Incluso prefiero esta tanda que la de los Capítulos Viejos.
Creo que todavía queda potencial y que incluso esto puede ser una transición hacia otra nueva "Época Dorada". De todos modos repito, creo que no está para nada mal y que el límite incluso es hasta difuso. Hay capítulos excepcionales de los nuevos. Nuevamente enfatizo: la clave está en Homero. El programa podría llamarse "El Show de Homero Simpson" porque realmente es el núcleo de los mejores capítulos (dato que ha sabido captar Seth McFarlane para diagramar su querido Family Guy). Si hacemos una comparación entre los capítulos protagonizados por Homero en las 3 etapas, allí encontraremos lo mejor y lo que alimenta el recuerdo mítico de esa época dorada. De hecho creo que si tenemos en cuenta las dos últimas etapas con diferencias estéticas casi nulas, sería imposible definir qué capítulo corresponde a Media y qué a Contemporanea (esto si no se sabe con exactitud la fecha original de emisión, claro está) En fin. Esta ha sido mi exposición. Creo que he dado buenas razones para desterrar el mito de que "Los capítulos viejos eran geniales, los de ahora son una bosta".

Atte. Rufián Melancólico