Mi primer recuerdo de Los Simpsons está relacionado con mi infancia. Era 1989 o 1990, no recuerdo, yo tenía 6 años y estaba traumado por las propagandas de prevención del Cólera que pasaban todo el día por la tele.
La muerte, la idea de morir, siempre fue una mis obsesiones (lo es todavía). Como todo buen temeroso de la muerte, soy un poco hipocondríaco. Cuando mi mamá me explicó de qué iba todo ese asunto del cólera y lo fácil que parecía contagiarse según la campaña de prevención mencionada, a la primer diarrea que me dio por cualquier otro motivo, pensé que mis días estaban contados.
Me acuerdo que me dije: “¡Tengo Cólera! Nunca voy a llegar a ver Los Simpsons”. Claro, víctima de la publicidad, había pasado de detestar los dibujos hepatíticos que habían empezado a salir en revistas, comentarios, notas del diario y la publicidad de Telefé que anunciaba un pronto arribo de la serie al aire televisivo, a el interés, la curiosidad, la necesidad, la obsesión por conocer ese dibujo que se presentaba como panacea ante mis ojos de niño ávidos de ese tipo de producto.
Obviamente, no tenía Cólera y llegué a ver y disfrutar el primer capítulo de la serie que emitió Telefé. Era el capítulo de la niñea asesina. Un típico capítulo de la primer temporada. En realidad, no puede decirse que sea un gran capítulo. Tenía misterio, tenía enganche para los niños como yo en esa época y por eso me encantó y quedé necesitando más.
No dudo que Telefé haya pasado otro capítulo más en esa lección inaugural, porque el formato Sitcom de ½ hora de programa no había llegado en esa época a nuestra TV (no logró imponerse ni siquiera ahora con todos los zombies que Sony ha creado, menos a principios de los años ´90) sin embargo, recordar cual fue ese segundo capítulo, me resulta imposible. Sólo te desvirgan o te desvirgás una vez y la segunda (excepto raras excepciones más relacionadas, a mi entender, con una “Segunda Primera Vez”) nadie la recuerda. La primera es la que duele. La segunda es la que acostumbra.
Entonces así los conocí. Lo loco, lo divertido es ver que en esa época, actué absolutamente simpsonianamente: me quedé boquiabierto frente a la TV no pudiendo creer la genialidad que acababa de ver. Supongo que algo de imposición cultural producto de la publicidad debió haber, pero también hubo reacción real. Me quedé boquiabierto y babeante como Bart y Lisa cuando están viendo el capítulo en el que el Itchy finalmente se venga de Scratchy (o cuando el gato se venga del ratón, nunca supe bien cuál es cuál). Absolutamente fascinados con lo que ven, los compañeros nerds de la Universidad de Homero desconectan la TV en el momento del climax narrativo del capítulo para conectar un nuevo módem o algo así. Cuando la TV vuelve a ser conectada, el capítulo terminó y Krusty dice: “¿Qué capítulo no? No nos van a permitir repetirlo ni en un millón de años” y lo que vemos es a Bart y Lisa gritando por el pánico de la decepción.

Si me quitan Los Simpsons seguramente haría lo mismo. El programa es tan profunda parte de mi vida, está tan relacionada con la esencia de los momentos más importantes de mi desarrollo como persona (infancia, pubertad, adolescencia, juventud) que pensar en una adultez y una vejez sin ellos es como quitarme un miembro. Un brazo, una pierna, un riñón, donde se concentren las marcas de todos esos momentos que me dieron Los Simpsons.
¡Tararararara Líder… tararararara Líder… ¡Líder… Líder! ¡Amo al Líder!!!!
Con mi amigo Guille, cada vez que viene de Francia, terminamos hablando de alguna manera sobre Los Simpsons o de los Simpsons.
Más allá de las competencias sobre conocimiento enciclopédico de Saber Simpson (suelo ser más bueno reteniendo argumentos, chistes o referencias culturales Pop que detalles de personajes o nombres de cada uno de los integrantes del pueblo) con las que amenizamos alguna noche de café y galletitas de chocolate, en nuestros diálogos siempre se nos escurre alguna frase, algún guiño para entendidos Simpson.
No recuerdo alguno en particular ahora, pero podría decir que no sería nada extraño que nos encontremos después de 6 meses y en vez de saludarnos con un abrazo nos miremos seriame
nte a la cara y uno le diga al otro: “Hola Señor Thompson” repitiendo el tono del agente del FBI que se lo dice a Homero en el capítulo en que parodian Cabo de miedo
Este tipo de referencialidad que me hace vivir con un pie adentro de ese submundo amarillo se repite con la gente con quien más confianza tengo: mi novia o algún otro buen, buen amigo. Como si el saludo masónico de nuestros días fuese repetir un chiste sacado del contexto de la serie.
“¡Es la bola en la ingle!” ese chiste, tonto, ligero, pasajero, no falla nunca.
Es que es la bola. ¡Y su ingle!
A un amigo de mi hermano le dicen Rafa. Todos pensábamos que el pibe se llamaba Rafael. Pero no. Resulta que le dicen así porque se parece a Rafa Gorgory (Ralph Wiggum). Lo cual es un extraño privilegio. Que te bauticen como un personaje de Los Simpsons no deja de tener sentido. Todos hemos sabido vernos aunque sea mínimamente reflejados en algún personaje de los que caminan por Springfield. O en varios de ellos.
Hay un dato de la producción de la serie que siempre me asombra: los guionistas actuales del programa son gente de mi edad (veintipico) que de chico, miraba el programa. Es decir, crecieron mirando el fucking show que están escribiendo ahora. ¿Qué sueño más perfecto para un fan de fandom que el poder escribir sus propios episodios?
El Sueño Americano es una rosquilla, Homero vendió su alma por ella y se la está comiendo porque es muy sabrosita
Los Simpsons son todo lo Pop que uno puede pedir de esta vida. Es más, creo que ellos reinventaron el género Pop. Lo puedo justificar pensando que generaron una nueva forma de discursividad basada en el comentario ácido, irónico, cruel, de la cultura yanqui. Como sabemos, el Imperio expande sus tentáculos y desde que acá a la vuelta tenemos un McDonald´s hasta que vemos por cable las series que ellos producen y en el cine las que ellas filman, somos en parte ese conglomerado springfieldiano. El mundo se convirtió un poco en Springfield y un poco en el New York de Seinfeld. Las dos series que permitieron que ahora tengamos otras series como South Park, o Padre de Familia, American Dad, y muchas de las bizarreadas extremas de Cartoon Network. Los Simpsons fueron condición de posibilidad de todo un discurso televisivo y cultural inédito: la burla de los valores del American Way of Life en formato chiste de 22 minutos.
En un capítulo mediocre de una de las últimas temporadas, Artie Ziff, ex prometido de Marge, le lee a Lisa un pasaje de Las correcciones de Jonathan Franzen en el jardín de la Residencia Simpson. ¿Por qué me interesa? Porque el libro de Franzen fue uno de los últimos intentos noventistas de escribir La Gran Novela Americana (ese ideal de cualquier escritor yanqui). ¿Qué es Los Simpsons sino la Gran Novela Americana? Una novela que lleva 20 temporadas, casi 500 capítulos de aire…
Si existiera un canal de TV que solamente pasara capítulos de Los Simpsons en forma continuada, podría llenar casi una semana entera de programación sin repetirse.
¿Quién puede decir que no es esta la Gran Novela Americana? Al menos será la Gran Novela Anti-Americana. Es decir, es el American Dream de cabeza. Es la acidez residual del comienzo de la caída del Imperio americano.
Si el Imperio Romano cayó en decadencia, Los Simpsons son nuestra fiesta báquica. Bien ajustada a los tiempos que corren, que ha sabido adentrarse en medio del fin de los 80, ha sabido condensar toda la posmodernidad junta, ha logrado convencer a
Thomas fockin´ Pynchon de aparecer como voz invitada especial en un capítulo (con bolsa en la cabeza para evitar develar su identidad), ha sabido seguir de pie a pesar de los nuevos tiempos y de que los 90 ya hayan pasado (al menos en EEUU).
Dicen que para seguir hay que reinventarse todo el tiempo. Los Simpsons son película ahora. Como en el episodio en el que parodiaban las adaptaciones de dibujos animados populares al cine (con la película de Itchy and Scratchy). Seguramente mañana la iré a ver por primera vez. Porque como todo lo Simpson, uno lo consume una y otra vez y su valor de uso no se modifica. Los Simpons como todo producto cultural impecable permite muchas vistas, muchas lecturas, mucha insistencia. Como Asterix, como una buena novela; aunque uno ya sepa cómo será cada momento que siga en el capítulo, Aunque uno, a veces, mentalmente quiera torcer los acontecimientos y plantear otro camino, sólo para ver un “What If…”, para generar nuevas posibilidades, seguir explotando lo nuevo en el capítulo o porque piense que los guionistas desaprovecharon una buena oportunidad para dedicarse a elegir por otro camino del argumento.

Y recuerden: "Si miran mis sandalias, hay tabla, si miran por la ventana, hay tabla... si sacan menos de 9, sea quien sea, hay tabla"
No molestar, la sección en la programación de Fox que se apropió de absolutamente todo el espíritu Simpson posible siempre juega con este tipo de cosas. Habla de la Religión Simpson y otros guiños, pero en especial hay uno que me mata. Es el que dice: “Ahora un capítulo de Los Simpsons. Que solamente viste… 99999999999999999999999999999999999999999999999999999999999
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Es exacto. Es absolutamente real. Y lo vería una y otra vez más. Podría vivir viéndolos.
Como toda religión, es cuestión de Fé. Hay gente que los detesta. Mi papá siempre se quejó porque le parecía horrible el dibujo y Homero tan estúpido que lo ponía nervioso. Precisamente los valores que más me interesan a mí.
Mi tía recuerdo que una vez nos vio a mi primo y a mí mirando el programa en la casa en una isla del Tigre que tienen y nos dijo algo así como que por qué no no dejábamos de ver esa porquería e íbamos a disfrutar del aire libre.
No entienden nuestra Fé. No los necesitamos. Para eso ahora contamos con la película que se agrega a nuestros libros sagrados.
Por último quisiera incluir en ese largo post un análisis que hice hace un tiempo en viejo foro nihil respecto de ese prejuicio generalizado que habla de que “Los capítulos viejos eran los mejores, los de ahora son una mierda”.
Salud y rosquillas a la compañía.
Análisis pseudo estructural de Los Simpsons (escrito en 2005)
Creo que hay un gran autoengaño cuándo todos aclaran que aman los primeros capítulos y que las últimas temporadas son una basura. Me inquietan dichas declaraciones tan comunes, por lo que he pensado mucho en el tema. He llegado al siguiente análisis estructural de la cuestión: Los Simpson se pueden dividir en tres grandes categorías:
1. Los Viejos Capítulos: Estas son las primeras temporadas. Aproximadamente hasta mediados de los años noventa.
2. Los Capítulos del Medio: Los capítulos que van aproximadamente desde mediados de los 90 hasta el año 2000 aproximadamente.
3. Los Capítulos Contemporaneos: Del 2000 hasta esta hora.
Bien. Dentro de esta división cabe distinguir que:
1.Los Capítulos Viejos suelen tener estas caracterísiticas:
a. Dibujos feos y desagradables, colores opacos y trazos malos (como todo dibujo/cómic en sus primeros años hasta alcanzar cierto perfeccionamiento)
El primer Rafa Górgory: ejemplo de dibujo mal acabado
b. Relatan generalmente algún hecho lineal que tiene un comienzo, un desarrollo y un final: por ejemplo el capítulo en que Homero se convierte en inspector de Seguridad de la Planta.
b.1 Dentro de estos capítulos "De Aventura" se incluyen muchos capítulos de "Aventuas de los Hermanos Simpson" en los cuáles el eje pasa por cómo resuelven tal o cual caso los Lisa y Bart (ejemplo, el cap. de la niñera asesina)
c. Suelen mostrar personajes más lineales, con escaso desarrollo de personajes secundarios. En estos capítulos Homero es un padre sádico y cruel (estrangula a Bart casi por placer, no ama a sus hijos), Bart es un rebelde tonto, no tiene causa. Sólo maldad.
d. Los chistes presentes son escasos. Simplemente se trata de hacer una serie costumbrista tirando al Kistch. Situaciones exageradas y devaluación de la moral yanqui, pero con escasa incursión en el chiste. Ejemplo: las continuas jodas telefónicas a Moe. Recurso de repetición del gag como en cualquier sitcom costumbrista.
2.En los Capítulos del Medio se observa:
a. Mayor énfasis en el cuidado estético de los personajes. Los dibujos se armonizan, la paleta de colores recupera el brillo, y los trazos están bien delineados.
b. Se prioriza el desarrollo de los personajes: se les provee una mayor hondura psicológica: Bart no es rebelde sin causa sino un niño con problemas de aprendizaje, pero en el fondo un gran tipo. Lisa queda delineada como la hija pródiga de la familia. Marge es una ama de casa aburrida y conservadora que lucha en su interior por ser progre. Se desarrollan todos los personajes secundarios importantes: Barney como alcoholico pero gran poeta en su interior (la voz de los "Borbotones", el cineasta sensible que gana el premio a la mejor película del fesitval), Apu, Moe, el Jefe de Policía, Krusty, etc. Incluso se le dedican capítulos enteros al desarrollo de estos personajes. Pero no me estoy olvidando de Homero. Este es un punto importante. Homero no es sádico o cruel o mal padre. Es simplemente un imbécil. El prototipo del hombre blanco americano, del medio oeste, hijo del hippismo, descomprometido con todo, etc. Es importante tenerlo en cuenta porque ilustra el siguiente Item.
c. Gran parte de los capítulos de esta sección se basan en "Las Aventuras de Homero". Homero es el centro estructurante de gran cantidad de estos capítulos. El es el núcleo necesario para que suceda la acción. De hecho, grandes capítulos de esta sección se le deben a la interacción de Homero con el mundo. Ejemplo: el capítulo en que se mudan a la costa Oeste con Hank Skorpio (o como se llame)
3.En los Capítulos Contemporáneos se observa:
a. Las mismas características estéticas con un leve acento en la autoparodia y la autoreferencialidad (Homero diciendo: "El baboso que me dibujó si que dió en el clavo")
b. Un intento de aggiornamiento de Los Simpson a la realidad actual del mundo: Homero tiene e-mail ("amantedelacomida66@aol.com"), Homero tiene su webpage, Homero tiene su empresa de internet.
c. De lo anterior se desprende que Homero sigue siendo el gran eje generador de las situaciones cómicas. Incluso se produce una profundización de esto. No se lo muestra más como patético, sino como imbécil a secas. El capítulo del crayón incrustado en el cerebro intenta explicar el origen de la imbecilidad citada.
d. Introducción de una idea de continuidad histórica: de repente pasan cosas en el mundo de los Simpson. Cosas que afectan a todos menos a ellos: se muere la esposa de Flanders, Apu tiene septillizos, Barney se rehabilita de su adicción al alcohol, etc. Antes se habían dado hechos que cambiaran la vida de los personajes, pero nunca se les dio demasiada importancia para la continuidad de la serie: separación de los padres de Millhouse. Estos pequeños cambios afianzan la idea de que todo cambia menos para esta familia: Bart sigue en 4to grado y Lisa en 2do, Maggie nunca deja de ser un bebé.
e. Las tramas de los capítulos pierden en linealidad. Ahora para llegar a la situación que encadene la historia del capítulo se aprovecha mucho más los primeros 5 minutos en una sucesión de hechos que parecen fortuitos pero que desencadenan la trama: en el capítulo en que "Enviado de Santa" se convierte en el Perro de Duff, todo comienza con Bart y sus amigos en la casita del árbol, espiando a Lisa y sus amigas, luego eso genera que la casa del árbol se destruya, luego la reconstruyen los Amish (!!!!), luego se incendia, luego el perro no salva Homero pero sí es el gato quien lo salva, lo que lleva a Homero a decir: "Yo no tengo un perro" y esa es la puerta de acceso a que el antiguo dueño del perro lo reclame para sí y se lo venda a Duff. Esta sobresaturación de continuidades absurdas son en las que se sustenta la trama y por lo general, constituyen gran parte del chiste del capítulo. Ya no se trata de seguir una aventura lineal sino de maravillarse ante las retorcidas vueltas de tuerca de la trama.
e.1 De este mecanismo también alguien podría objetar: se les están acabando las ideas. Parece indudable que luego de 15 años de serie, las ideas empiecen a escasear. Pero me parece evidente por lo expuesto a esta altura, que la serie no ha hecho más que reinventarse desde que surgió.
Conclusión: Creo que los Capítulos Viejos no divierten a nadie. Hagan la prueba de verlos y se horrorizarán. Los Capítulos del Medio formaron la base de añoranza melancólica que se suscita en comentarios de tanta gente respecto de que los únicos buenos capítulos son los capítulos viejos.
Finalmente los Capítulos Contemporáneos se han dedicado a prolongar de la manera posible esta base. Evidentemente es imposible que una serie que se mantiene al aire tanto tiempo se conserve intacta porque pierde su atractivo (recordemos que Seinfeld se retiró sabia y dolorosamente, a los 10 años). Estas temporadas no han hecho más que reinventar una vez más el programa y a mi criterio, tiene capítulos excelentes. Incluso prefiero esta tanda que la de los Capítulos Viejos.
Creo que todavía queda potencial y que incluso esto puede ser una transición hacia otra nueva "Época Dorada". De todos modos repito, creo que no está para nada mal y que el límite incluso es hasta difuso. Hay capítulos excepcionales de los nuevos. Nuevamente enfatizo: la clave está en Homero. El programa podría llamarse "El Show de Homero Simpson" porque realmente es el núcleo de los mejores capítulos (dato que ha sabido captar Seth McFarlane para diagramar su querido Family Guy). Si hacemos una comparación entre los capítulos protagonizados por Homero en las 3 etapas, allí encontraremos lo mejor y lo que alimenta el recuerdo mítico de esa época dorada. De hecho creo que si tenemos en cuenta las dos últimas etapas con diferencias estéticas casi nulas, sería imposible definir qué capítulo corresponde a Media y qué a Contemporanea (esto si no se sabe con exactitud la fecha original de emisión, claro está) En fin. Esta ha sido mi exposición. Creo que he dado buenas razones para desterrar el mito de que "Los capítulos viejos eran geniales, los de ahora son una bosta".
Atte. Rufián Melancólico