
Un compañero de fuckultad me decía que él ya está más allá del nihilismo, el está en el cinismo.
Creo que es una excelente idea: en un mundo que se cae a pedazos el nihilismo hasta tiene una cuota de esperanza.
Destruyamos el mundo para crear algo nuevo. No sabemos qué nuevo, pero algo.
El estado de cinismo actual es un paso más allá. Es una declaración de que todas las batallas están perdidas y que no vale la pena seguir luchando.
Pero todavía hay que vivir y entonces, nos queda el sentido del humor.
Reírnos de lo que nos está pasando, de lo que nos rodea, de la miseria, del horror.
Si no se puede escribir poesía después de Auschwitz, al menos podemos escribir parodia, humor, desencanto.
El fin de las ideologías significa una cosa concreta: ya no hay nada por qué luchar. Cuidar tu propio culito parece ser la idea que ganó las calles.
Me acuerdo que cuando fui a ver una adaptación de El malentendido de Camus hace unos años entre actos caía un telón donde proyectaban frases del Albert. Una en particular siempre me la acuerdo: “Que esté todo permitido no significa que nada esté prohibido”.
Está buena: que no haya nada por qué luchar no significa que no haya que luchar.
El Cinismo es entonces, nuestra armadura para bancarnos levantarnos a la mañana y saber que este mundo es y será una porquería.
En una Barcelona del año pasado venía una doble página justo a la mitad del número ocupada por un juego de la Oca remozado en “El gran juego de Julio López”.
Las instrucciones del juego decían:
Hay que encontrar a Julio López y el máximo esfuerzo que puede hacerse es arrojar un dado. Cada participante lo lanzará a su turno y avanzará por la grilla tantos casilleros como indique dicho dado. El “ganador” será quien llegue al casillero final y encuentre a Julio López. Todos los demás participantes serán considerados “perdedores”.
En cada casillero tenemos, indicaciones caústicas:
“Encuentran el llavero de Julio López, pero la mafia de las cerrajerías embarra la cancha y pierde el turno” ; “Nina Pelozo pide la “aparición de Carlos López” en Bailando por un sueño y se presentan en los estudios de Ideas del Sur cientos de Carlos López, pero Julio no aparece. Pierde un turno.” ; “El líder de Quebracho no logra golpear a Etchecolatz. Retrocede tres casilleros” ; etc., etc. La revista la comprábamos en mi laburo por lo que cuando lo leí se lo comenté a mi compañera que me miró extrañada y me dijo algo así como que la
Barcelona es una revista que sí o sí ofende a alguien, que nadie puede leerla entera sin sentirse ofendido en algún momento.
Puede que sea cierto. En particular nunca me ofendió la revista.
Su secreto es sencillo, es fácil, es tonto y por eso ha sido imitado con mayor o menos grado de genialidad (hay una polución de revistas sarcásticas/cínicas como
Telaví,
Nah!, e infinidiad de websites y blogs).
Telaví. Cinismo judío.El secreto entonces es tomarse todo con ojos escépticos. Cubrir de un manto de desesperanza el futuro devastado que nos espera.
Es muy difícil pedirle a la gente que acepte su cinismo.
Que sea el espíritu de época (si en los 90 el espíritu fue el individualismo egoísta de los ochenta entremezclado con la aspereza de la desilusión y la pérdida de las certezas, la nueva era es la de la autorreferencialidad Pop y el consumo que consume) no significa que la gente esté dispuesta a admitirlo.
Por eso vota como consume productos en el supermercado y por eso se dedica a la rotación de productos.
Lo importante es no aburrirse.
Cuando recién salió al mercado Michel Houellebecq, su narrativa planteó algo que muchos no querían escuchar: el consumo ha llegado a captar el consumo del cuerpo que se ha convertido en valor de cambio. El aburrimiento es la tendencia y lo único que queda es mirar la tele o comprarse las temporadas de
Lost.
Uno de los mejores cómics de los últimos años es
Y: The Last Man. Plantea un presente en el que una extraña peste mata a todos los hombres del mundo excepto a uno y a su monito de compañía.
A partir de ahí el tipo tiene que vivir en un mundo dominado por las mujeres.
Además de estar escrito por Brian K. Vaughn que es uno de los mejores guionistas del cómic yanqui del momento, esta novela gráfica se nutre de algo básico: muchas referencias a la cultura pop.
Yorick Brown y Ampersand. Los protagonistas de Y: The Last ManReferencias más o menos cultas, referencias al mundo del cómic (como a
Preacher), referencias a libros, referencias a leyendas, películas, etc., etc.
La referencialidad pop marca el límite narrativo: ya no hay nada que decir, no hay forma nueva de decirlo. Y algo más. Lo más interesante: llama a consumir. La referencia Pop llama al lector/espectador a encontrar la fuente de la intertextualidad.
Para poder reírte del chiste tenés que conocer el producto que se menciona.
Algo parecido pasa con la parodia: para poder reírte del chiste de la Barcelona tenés que saber que Nina Pelozo estuvo pasando papelones en el programa de Tinelli y que su marido, Raúl Castells atribuyó la expulsión por el voto de la gente que puede garpar 3 mangos más IVA en una llamada telefónica a una conspiración del gobierno de Kirchner.
La parodia y el cinismo entran de la mano. Es una desgracia reírse de la desaparición de López. ¿Pero qué vamos a hacer? ¿Ir a pedirle permiso a Macri para que nos deje manifestar para que aparezca López?
El cinismo opera cuando ya no hay energía, cuando ya no hay ganas de hacer nada porque sabemos que las cosas están negras y no van a estar claras.
El cinismo es el último guiño, es una forma de rebeldía.
La parodia es rebeldía también. Entramos en la era de lo que Camus llamó
El hombre rebelde. La revolución está muerta, pero nos queda la rebeldía, la resistencia.
Es un poco triste.
Pero encaja con los tiempos. El cinismo y la rebeldía. Una parejita feliz.
La última novela de Houellebecq es una cagada. No se le puede pedir a un autor que se dedicó a hablarnos de la realidad cotidiana de la vida en Occidente y que lo hizo con agudeza y certeza, que escriba Ciencia Ficción pedorra, porque lo que queda es eso: una pedorrada.
Los telepredicadores tienen mucha más tela para cortar que hablar de clonaciones y una sociedad cyberpunk distópica.
Hay un libro más:
Plop de Rafeal Pinedo. Una novela de ciencia ficción absolutamente distópica que opera en base al: un futuro en el que una catástrofe liquidó a la civilización. Lo que queda es una humanidad regenerada que necesita volver a crear todos los ritos de una cultura.
El libro parece una especie de mirada antropológica y por eso triunfa: su seca objetividad y la rica imaginación de cómo sería una nueva civilización.
Decir que al ritmo que vamos la catástrofe es inminente me suena a prédica de viejo hippie.
Prefiero la descripción. Prefiero la risa. Prefiero el gesto Pop. Prefiero el Cinismo. Prefiero leer
Cinismo de Sergio Bizzio antes que ver
XXY de su mujer.
Era un título mucho mejor