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10 de febrero de 2010

Salinger, you have it inside


I was almost 30. I wanted to do things. I wasn´t stealing. I wasn´t lusting for my mother. I had my brain back on permanent loan from God or other cosmic sources. I did not hear voices. I was not as fucked-up as I used to be.
And I was not a civilized human being.
James Ellroy, My dark places, Vintage Books, New York, 1997, página 184

Creo que es la mejor frase literaria que leí en mi vida.

3 de febrero de 2010

Avatar o de cuando el Che Guevara llegó a Pandora

Foto de acá.

Avatar es una de esas películas que si criticás, quedás bien. Nadie puede decir simplemente que la pasó bien mientras la veía o que le gustó y muchísimo menos, sostener como lo voy a hacer yo, que es una de las películas más progresistas que la factoría hollywoodense ha producido en años.
Hoy leía una interpretación muy políticamente correcta de un filósofo canadiense que si bien me parece una lectura posible y respetable, al mismo tiempo la entiendo como parte de la forma en que se suben a la ola algunos para criticar desde las posiciones más cómodas.
Avatar es efectivamente una película militarista, es una película épica y como tal, trata sobre héroes en tiempos de guerra, por lo que partir de una lectura ecologista no es leer mal, es simplemente ingenuidad.
También es un tanque de la industria y verla en 3D creo que es la única forma en que realmente vale la pena si no quiere uno colgarse viendo un refrito de otras historias y unos pitufos en un muy buen CGI.
Entendiendo la película entonces, como la mejor inversión en un espectáculo 3D (su duración hace que el precio de la entrada se amortice mejor) y relajado el cinismo de los que cultivan el cine-arte como única expresión válida del séptimo arte (me hace pensar en la dicotomía entre literatura baja y literatura seria y en especial entre el cómic y la literatura) sentarse a ver Avatar, es casi como sentarse a ver El secreto de sus ojos.
Ambas películas son productos masivos, pensados para públicos masivos pero que al mismo tiempo, sirven de vehículo para expresarle a las masas, ideas e inquietudes que por lo menos valen la pena ser discutidas y que de otro modo, nunca hubieran llegado a públicos amplios.
Pero Avatar es una película ambigua. Por un lado es indudable que el ataque al “Arbol-Casa” de los nativos asemeja la escena del desplome de las Torres Gemelas de New York, pero también puede asemejar la caída de la estatua de Saddam Hussein en Irak a manos de un ejército invasor muchísimo más poderoso, con mejor armamento y mucho más cruel.
Dice el autor de la columna de Clarín:
Cuando a uno lo atacan, tiene que saber defenderse. Este es un derecho absoluto. Tal es el mensaje central de esta superproducción estadounidense de 300 millones de dólares que es la expresión de la ideología guerrera, es decir la de la guerra llamada justa o, si se quiere, la del bien contra el mal .

Efectivamente, la película es la puesta en escena de la defensa ante el ataque de un invasor, pero no está contada desde la perspectiva de la guerra desproporcionada y desigual que los Estados Unidos llevan a cabo en Irak y Afganistán sino que está contada desde el bando de los que resisten la invasión.
Los Na´avi son el pueblo alzado en armas para defender su lugar de vida y sus costumbres ante la invasión de un ejército guerrero que busca extraerles por la fuerza, sus recursos naturales.
¿Acaso no invadió la coalición aliada Irak y Afganistán sobre el soporte de un colchón de petróleo subterráneo?
Avatar es una película de la guerrilla, de los movimientos de resistencia ante la invasión. No flamea una sola bandera estadounidense en toda la película y los invasores, como representantes de la Tierra, en ningún momento lo hacen por su Patria sino que lo hacen, al igual que los mercenarios que actúan en las guerras imperiales de Estados Unidos, en base a contratos, empresas que pagan sus servicios para limpiar el terreno local y extraer las riquezas naturales del lugar.
Continúa Desjardins:
Armado con una ametralladora para aniquilar al invasor, este na'vi de un nuevo tipo con el aspecto de un feroz exterminador se ofrecerá como ejemplo y mostrará a esos pobres nativos cómo luchar sin piedad y establecer su supremacía. Esto trae a la memoria los westerns americanos en los que casi siempre un valiente cowboy termina asociándose con los indios para incitarlos a luchar a muerte contra el ejército estadounidense. Al servir de justiciero, ese héroe participaba sutilmente en una desculpabilización necesaria respecto del genocidio de los pueblos amerindios.
Efectivamente, Jake Sully o Jakesully en su avatar, en su transformación en el Otro, es el héroe que viene a iluminar el sendero de la resistencia, es un traidor de clase, es un Che Guevara de ciencia ficción que abandona las comodidades y convicciones de su casta militar para luchar del lado de los oprimidos.
La ingenuidad de muchas lecturas escandalizadas con la película lee desde la miopía de clase que sólo puede pensar desde la acción de sus propias tropas. En ese sentido, es posible leer a contramano, viendo en los nativos a un ejército que se alza en armas para defenderse de la caída de sus Torres Gemelas, con un héroe netamente estadounidense conduciéndolos por el único camino de la victoria.
Nadie lee que en la película el Árbol-Casa es mucho más que las Torres Gemelas. Es exactamente eso, la casa de los nativos y su ataque y destrucción es comparable al ataque y la destrucción de los hogares de civiles que se ven sometidos por la lógica del capitalismo imperialista. En respuesta a ese ataque desigual y desproporcionado (los nativos cuentan con arcos y flechas, los invasores con naves espaciales, ametralladoras y Mech Warriors) la única defensa posible es explotar el conocimiento del campo de batalla y atacar para replegarse (es decir, el foquismo) antes de ser exterminados por la superioridad del enemigo.
La batalla ni siquiera la gana el héroe, que aporta su cuota de carisma para remoralizar al pueblo nativo, sino que el aporte fundamental lo aporta el entorno: si en el ecosistema de Pandora todo es una unidad somática y de vida, los animales en manada que atacan al invasor representan el triunfo del entorno natural, del desconocimiento de los soldados enemigos que como en Irak o Afganistán, mueren emboscados por no conocer el terreno.
Dice Desjardins:
Toda guerra, aun la que parece más insensata, se libra por motivos que se consideran justos puesto que son de defensa. Recordemos que hasta para Hitler la guerra era justa: se trataba de extender el territorio alemán para asegurar la supervivencia de su pueblo. No vamos a la guerra para combatir, nos dirá todo beligerante, sino para defendernos.
Nuevamente, pierde el eje al pensar desde los ojos del invasor. Sí, para Hitler la guerra era justa, pero recurriendo al reductio ad Hitlerum el autor se pierde a sí mismo. ¿Entonces cuál sería la propuesta del filósofo? ¿Que Polonia no debería haberse defendido (miserablemente, ante la supremacía militar aplastante del enemigo) ante la invasión del Tercer Reich? ¿Hay que denostar el alzamiento del Guetto de Varsovia porque fue una acción beligerante?
Es absurdo pensar que una invasión física real (que es lo que sucede en Avatar y no el atentado fantasma a las Torres Gemelas) no deba ser rechazada por el pueblo oprimido.
La lectura políticamente correcta que considera que hay beligerancia y por eso la película es reprobable pierde de vista la misma concepción del derecho a la defensa en un sentido real y no especulativo como fueron las invasiones en Afganistán e Irak.
Piden que los pueblos se sometan mansamente al invasor y le estrechen la mano mientras éste les roba los recursos naturales.
La guerra podrá ser indeseable, pero es inevitable.
Avatar, contrariamente a épicas bélicas como Día de la Independencia, habla de la resistencia, de la guerrilla y del derecho de los pueblos a su existencia soberana.
Algunos deberían colocarse los anteojitos 3D a ver si de esa forma dejan de ver con miopía.

29 de diciembre de 2009

Cumplí mi misión en esta vida

Hacer que Ricardo Fort aparezca en una web yanqui.

29 de noviembre de 2009

El nazismo está de moda en la Argentina

Mi amigo Mario (Un buen tipo), sacó dos hojas de papel arrugadas del bolsillo.
"Leelo en voz alta" me propuso, "lo encontré el domingo pasado, cuando nos despedimos de ustedes y fuimos a tomar algo a Tiende de Café. En el baño encontré las hojas esas..."

Entonces me puse a leer en voz alta las hojas. Esto es lo que leí.

20 de septiembre de 2009

Legalizada

17 de septiembre de 2009

Cosas que suceden en Puán

Capturadas con mi celular. La última tiene que ser obra de un nerd.

2do Piso, Baño de hombres

Leyenda: Arte urbano (?) Agarrámela con la mano

UPDATE 17/09/09: El compañero JL me comentó esta mañana por Gtalk que él mismo había visto la obra de arte y se había aprestado a fotografiarla ayer pero que lo olvidó, con lo que el hecho de que yo sí lo hiciera constituyó uno de esos eventos que llama "Sincronicidad". Hoy me mandó la foto que le sacó el con mucha mejor definición y técnica:

Se aprecia en la fotografía tomada por JL con mayor precisión el epígrafe de la obra de arte urbano (?), agarrámela con la mano.





3er Piso, Hall

Leyenda:
Yo te daré niña hermosa una cosa que empieza con "P" PERÓN

Bonus:
Puerta de entrada de locutorio de S.Ortiz y Cabello

Leyenda: Lea, piense y ejecute EMPUJE

28 de agosto de 2009

La juventud como vanguardia

La Guardia Imperial


Que el título de la nota sea La eterna discusión sobre lo nuevo resulta bastante adecuado ya que la discusión acerca de esta presunta novedad, creo, nos tiene un poco cansados a todos.
Buscar un valor literario en el concepto de novedad es algo que se viene haciendo desde que la literatura se autonomizó, la diferencia es que antes, la novedad era la vanguardia y ahora viene determinada por una fecha en el D.N.I.
Con la superación de las vanguardias históricas, la búsqueda de “novedad” en literatura la desplazamos al concepto de juventud. En algún momento quizás la jugada tuvo sentido porque había una punta de lanza generacional que estaba buscando hacerse un espacio en un mercado destruido por la megacrisis de lectura que sufrimos desde que la conjunción del desbaratamiento del aparato educativo, la insolvencia económica de la producción nacional, las tecnologías de entretenimiento más fácil y menos costoso (TV por cable, internet, banda ancha, Youtube, etc.) dejaron a la Literatura al dudoso privilegio de lectura de colectivos, baños o de viejos.
Para peor (para los escritores inéditos, claro) si cuando uno envejece se va haciendo más conservador, eso mismo es aplicable a las lecturas que elije. Atiendo todos los días en la Biblioteca en la que trabajo a gente que sobrepasaron los 50 años por varias décadas y lo que quieren leer siempre son novelas pasatistas de escritores probados y manufacturados para este género. A lo que voy, muy a pesar de MI gusto por el trash literario, es a que difícilmente un libro de un escritor nuevo en el mercado tenga posibilidades con la masa crítica de lectores que todavía queda. Por supuesto que esta masa crítica no es la que pulula por los pasillos de Puan o Marcelo T. sino que son los viejos o gente que superó la mitad de su vida, que tienen la lectura incorporada como costumbre y no encuentran fascinación en pasar horas viendo videos o leyendo Cracked.com como posesos durante toda la noche. A esa gente (pongamos el caso de mi viejo por ejemplo, que me pide constante asesoramiento literario) les llega más un libro de Sandor Marai o Henning Mankell antes que la millonésima antología de “Literatura Joven Argentina”.
Partiendo de esa base de reconocimiento de que la literatura joven argentina es insolvente (menos claro, para el reducidísimo círculo de snobs que la consumimos y los españoles fascinados con el redescubrimiento del nuevo mundo, buscando el placer onanista de una literatura que adquirió relevancia por el derrumbe social de 2001, como si en esta tierra yerma no hubiera espacio ya para la civilización. Ese pensamiento tan Martinezestradiano que circula por la superficialidad del común de la gente de Europa (durante la crisis de 2001 estaba de mochilero en Europa y en una librería de Viena (porque claro, de viaje por Europa lo que me interesaba sobre todo era localizar y registrar toda librería posible, igual que acá o en cualquier otro lado del mundo) la vendedora preguntó de dónde éramos (viajamos con el Bolchevique Superstar) y cuando le dijimos Argentina no fue su respuesta: “Ah Maradona” sino “Ah, ¿Y cómo es que están acá si su país está como está?”) encuentra en esta literatura, quizás el mismo último baluarte de dignidad que tenemos, como el prestigio que tenemos de saber buen inglés y ser baratos para las compañías multinacionales de telemarketing) me pregunto dónde podríamos buscar la inserción que buscan tantos escritores.
La nota de Aguirre dice que las narrativas de los “escritores jovenes” que puede leerse en las antologías conforman un conglomerado bien heterodoxo. Disiento: si hay algo que puede leerse es una uniformidad aplastante que alisa los textos hasta convertirlos en capítulos de una novela esquizofrénica.
Es dato conocido que la mayor parte de quienes integran la mayoría de las antologías que se instrumentaron como red de pescador en un mar revuelto de gente con intenciones o no de convertirse en escritores profesionales (tiraron la red en el mar a ver si pescaban algún pez) provienen de las redes propias de amistad que se formaron en un taller literario con la impronta estatal de provenir en última instancia, del aparato productivo del Centro Cultural Ricardo Rojas (sueño cultural del radicalismo post-1983 y como me dijo el otro día un tipo: “En mi partido tenemos un dicho: “Calma, radicales”).
Entonces lo que quedó, en gran parte, es una escritura uniformizada por la mirada rectora de un coordinador con sus propias convicciones literarias (que podrían pensarse en alguna instancia, conservadoras del statu quo).
No me quejo, me parece una estrategia lógica en última instancia: con el “encargo” de armar una antología y ante el páramo vacío, el antologador recurrió a la materia prima que conocía.
El Taller Literario que ya tenía sus propias antologías editadas anualmente por la librería Clásica y Moderna se volvió Mainstream: una editorial grande, con el respaldo de un buen diseñador gráfico para las tapas, temáticas definidas para darle una coherencia aún más uniformizadora y la esperanza del antologador (que me confesó en una entrevista que le hice para la Revista Guapo) de que esos cuentitos publicados en la editorial grande sirvieran de puerta de entrada para esos escritores a la publicación de su obra inédita en esa misma editorial. Algo que no sucedió a excepción de algunos casos aislados de escritores que iban a llegar, seguramente, a esa instancia por otro lado.
Entonces, superando estos obstáculos, nos encontramos con un mercado que insiste con la intención de colocar nuevos productos para seguir ampliando la oferta, pero al mismo tiempo con la obturación de los canales de venta: ¿A qué público masivo le van a vender una novela de uno de los escritores antologados?
La salida que muchos encontraron para buscar esa masividad perdida fue la incursión en performances literario-neohippies, lo que podrá haber aceitado los lazos de amistad pero poco habrá hecho por la literatura. La forma de leer que tenemos asimilada es en voz baja, por lo menos desde hace unos cuantos siglos y las perfomances suelen caracterizarse por el embotamiento y aburrimiento que producen en su público, algo que no se dice sino por lo bajo precisamente. Ni que hablar que esas perfomances tampoco llevaron a la creación de públicos masivos ni trajeron aceite fresco a los engranajes crujientes.
Lo único con lo que se insiste es con la Vanguardia de la Juventud (en ese sentido el título de la antología de Tomas se quedaba en el límite: Joven Guardia, porque sabía que de Vanguardia nada) ya no como un movimiento estético (aunque es posible ver la uniformidad de la narrativa) sino como concepto de construcción de un producto de mercado (lo que me parece perfecto: baruch hashem, el modernismo ya está superado).
El movimiento implica una despolitización de la Vanguardia. Le quita lo revolucionario, lo que va para adelante, y le deja la “guardia”, lo conservador, lo que defiende lo ya hecho. La nueva literatura argentina se plantea como una lucha de trincheras: no dejar que el enemigo pase, no dejar que las traducciones de Anagrama de Ian McEwan y Martin Amis nos ganen los lectores de clase media argentina. Bueno, ya lo hicieron. Ya nos ganaron. No hay forma de defender una posición perdida. La lucha para tener alguna posibilidad de éxito debería ir para adelante y politizarse. Volver a recuperar lo único recuperable de la vanguardia: la consistencia política, la intervención.
Con las perfomances puestas como mera exhibición narcisista se recupera el chismerío barato porque juega esa lógica: la de acaparar una posición como carne en muestra. La literatura se vedettiza y cualquier estupidez sugiere una pelea mediática. La literatura argentina actual se está convirtiendo, justamente, en el reino de “los mediáticos”, los Jacobo Winograd y los que en cualquier momento se van a poner a cantar El beso seco en su próxima performance.
Esta juventud que acapara la literatura lleva la impronta del posmodernismo más berreta en el rostro: es la literatura del histeriqueo y la falta de convicciones. Una muestra triste del arrasamiento de la literatura. Precisamente, ¿Cómo pedir que se produzca literatura cuando no es la literatura la mayor pasión de una generación como la mía y la que está un poquito más allá, creció viendo el Big Channel o el Magic? La literatura fue reemplazada por un entretimiento más efectivo y eso también se nota en la abulia de una escritura que no suele procesar las referencias clave de una vida pop en provecho de un compromiso político sino como manifestación subsidiaria, apéndice, de las políticas neoliberales y la globalización sobre la propia subjetividad.
En tanto, “literatura joven” es la forma económica y descomprometida de seguir hurgando en el mar revuelto para ver si se encuentra un escritor en serio (algunos hay y lo demuestran con trabajo y constancia). Mientras tanto, el reino de las ventas de ejemplares seguirá siendo de las traducciones berretas de Anagrama y la renovación en la literatura argentina deberá seguir esperando porque joven no es sinónimo ni garantía de nuevo.

24 de agosto de 2009

Los nuevos chicos ricos que tienen tristeza

La presunta ironía de los detractores del "impuestazo tecnológico" de lo único que habla es de la despolitización cínica posmoderna de postadolescentes infantilizados que lloran porque ya no van a poder comprarse el periférico para el Guitar Hero III.

Me acusan de no entender nada, pero les voy a decir lo que sí entiendo: un impuesto que grave las importaciones de productos tecnológicos con la intención de estimular la industria nacional (eso se llama proteccionismo y es una idea de izquierda) no me parece, a priori, una mala idea teniendo en cuenta que estamos hablando de productos de lujo. Los artículos e intervenciones que se han estado haciendo contra el “impuestazo tecnológico” recurren a un vocabulario y una simbología regresiva y sí, de derecha.
Los links que recomienda leer la presunta geek que lo entiende todo hablan por sí solos de lo absurdo ya no del proyecto de impuesto sino de las intervenciones en contra del mismo (dale, en serio PO, ¡no me podés decir que el Rozitchner Bobo es tu referente en cualquier aspecto o tema de la vida!).
Dice Julián Gallo en su artículo: “El chico argentino que trabaje en McDonald´s nunca podrá comprarse una MacBook Pro, ni tampoco una Nikon D90, como la que aparece abajo” y después la remata con un firulete estilístico que inserta una tristeza patética envidiable: “La historia puede continuar de muchas maneras. El joven norteamericano empleado en McDonald´s podrá incorporar conocimientos y evolucionar en empleos relacionados con esos conocimientos. El empleado argentino seguirá yendo al cybercafé de su barrio a jugar Counter Strike hasta malograrse y maldecirse.”
En una reactualización del cuento con moraleja, el nene pobre se queda sin poder jugar al Crysis en su PC personal y tiene que conformarse con jugar al Counter-Strike. Pobrecito. Ni quiero pensar lo que va a sufrir cuando salga el Crysis 2. Le pasa por haber nacido en un país comunista como la Argentina. En cambio el chico yanqui va a poder volar con su MacBook Pro.
No estamos hablando acá de una necesidad básica para los estándares de trabajo de hoy en día, el autor habla de equipamiento de última generación. Si actualmente son pocos los que pueden acceder a esta tecnología significa que es un bien de lujo y por lo tanto lo lógico, en una política tributaria progresiva, sería que se la grave en mayor medida que a un producto de necesidad básica. Como no conozco el texto de la ley ni la situación de la producción de productos tecnológicos en Tierra del Fuego no me interesa opinar sobre si en efecto va a estimular la producción nacional de tecnología. Lo que me interesa es discutir el nivel de patetismo que tiene la campaña que va contra el impuesto. ¡Las argumentaciones son de un grado tan alto de infantilismo que lloriquean porque el periférico de guitarra para jugar al Guitar Hero III le vas a salir más caro!

"¡Horror! ¡La PS3 ya no me va a salir $3.000 ¡Me va a costar $3.300! Mi vida ya no tiene sentido. Con mi sueldo de Mac Donald's nunca llegaré a juntar esos $300 de diferencia."

La queja pasa por las dificultades que vamos a tener para acceder a nueva tecnología y yo pregunto si es tan necesario para tanto tener un iPhone o si de lo que estamos hablando es de un status de clase media que necesita de esa careta tecnológica para aparentar lo que no es. Si vivimos en un país pobre es hora de asumirlo. Taiwán le debe su industria al estímulo de la producción de tecnología de última generación. En mi ignorancia suprema de las condiciones locales, si me dicen que una ley va a encarecer las importaciones supongo que entonces se abrirán las puertas para la sustitución de las importaciones. Y ahí vemos llorar a tantos de los que se dicen peronistas porque se les va a encarecer la posibilidad de comprarse una máquina de fotos de más megapíxeles que la que ya tiene.
Vivir sometidos a los inventos tecnológicos foráneos también es una forma de dependencia y en el afán de tener la última consola no hay una búsqueda de trabajar con la PC (porque para escribir basta mucho menos que una Mac Book Pro y para trabajar en otros ámbitos también se puede prescindir de ella).
Un profesor de computación de la facultad me dijo una vez: “El mayor achicador de la brecha digital en la Argentina está en Parque Rivadavia”. Y tiene razón: la tecnología ya nos está vedada en tanto el acceso al software legal en la argentina es una utopía dificil de conseguir dado sus precios desorbitantes. Los que se dicen geeks no lo son, porque son los primeros en comprar el Windows Vista trucho en un puestito de Parque Rivadavia. El geek usa Linux y pregona formas de sociabilización del conocimiento y la información que no corren por la Mac Book Pro.
Lo que hay es un miedo a la pérdida del reino modesto que algunos conseguimos, con mayor o menor esfuerzo. En vez de preocuparse de otros impuestos regresivos que cortan el acceso a la información y el conocimiento (le preguntaría al Rozitchner Bobo qué piensa por ejemplo, del proyecto de Ley del Libro) se preocupan porque la PS3 les va a salir un poco más cara y ni que hablar de los juegos para la PS3 que sólo se consiguen originales porque todavía no hay forma de truchar un Blu-Ray.
El acceso a la tecnología debería estar garantizado para todos, pero la discusión sobre si un empleado de Mac Donald's en Argentina tendrá más o menos posibilidades de adquirir una Mac Book Pro teniendo infinidad de analfabetos digitales como tenemos todavía, con miles de imposibilitados de acceder a equipos económicos (que bien podrían ser accesibles y lo serán algún día si se estimula la industria nacional) es seguir repitiendo el discurso de la Dictadura que fomentaba el “Compre extranjero” como resentimiento por la pérdida de uno de los últimos placeres que nos dejaron los años '90. En cualquier momento se viene la campaña para que baje el dólar y podamos volver a viajar a Europa.

14 de agosto de 2009

Zombies nazis


Mis expectativas con Dead Snow eran altas. Desde que descubrí la fascinación que me genera investigar la explotación del nazismo y el neonazismo en la cultura popular (nazisploitation) a partir de pensar una monografía para la facultad, no puedo dejar de consumir productos culturales que incluyan nazis.
Entonces cuando en el videoclub vi la cajita de una película que prometía incluir zombies nazis, motosierras y gore, decidí que se ajustaba a mi nueva obsesión momentánea.
Pero me decepcionó. La película, noruega y de este año, plantea una trama básica pero funcional donde un grupo de chicos y chicas deciden pasar unas vacaciones en unas montañas nevadas, alejadas de todo rastro de humanidad, haciendo deportes extremos y teniendo sexo en el baño que comparten. Después llegan los zombies, hacen un festín de sangre y títulos finales. La descripción es la de cualquier otro producto de zombies sólo que hablado en Noruego y con menos exhibición de senos que cualquier película Clase B más o menos conocida (aunque reconozco que no es mi fuerte este género). Pero el atractivo con el que juega es precisamente con el hecho de que esos muertos vivos son soldados del Tercer Reich vueltos a la vida y ahí es donde me interesa el asunto.
El hecho de que estos zombies lleven (algunos pocos) el brazalete con la svástica y los uniformes de las SS o de soldados rasos no modifica en absoluto nada que tenga que ver con la trama. Podrían ser zombies nazis como zombies argentinos o zombies noruegos no-nazis o lo que sea, porque en definitiva no hay nada que los distinga como nazis más allá de su uniforme. Un personaje secundario da una explicación bastante básica diciendo que en esa zona un grupo de soldados alemanes de la Segunda Guerra se había exiliado luego de ser expulsados de un pueblo ocupado, robándose en su huída joyas de sus ocupantes. Los chicos descubren una cajita con las joyas, la desentierran, se las roban y por eso los nazis retornan de la tumba para proceder a descuartizarlos (y parece ser que acá es el único momento donde la película intenta aprovecharse de la identidad nazi de sus zombies) con formas de tortura bastante brutales y sanguinarias. La identificación de lo nazi como posibilidad de un mal absoluto y absurdo está puesto en estos pequeños episodios y retoma la tradición histórica clásica de entender al nazismo como un grupo de maniáticos fanáticos de la sangre en vez de indagar en sus significados más profundos. En ese sentido podría decir que funciona la idea de nazis zombies porque por principio, los zombies son encarnaciones de un mal absoluto sin razón (no tienen cerebro, buscan consumirlo). Pero están tan despersonalizados esos zombies que incluso tienen la excusa de levantarse de sus tumbas para recobrar las joyas robadas (lo que me parece la peor excusa dada a un zombie ever). La película que se permite ciertos guiños cómplices al género y un poco de metarreflexión y humor, parece achacarse y no ir a fondo: ¿Por qué no se levantaron los nazis porque olieron que había judíos entre los chicos? por ejemplo. Y sin dudas lo más vergonzoso es que en ningún momento (ni siquiera en el que lo esperaba como espectador con toda la expectativa) los zombies nazis hagan el saludo imperial romano a Hitler.
Entonces la película encuentra una justificación para estos zombies en la codicia. Si le iban a buscar una excusa a lo dificil de excusar como el nazismo y el zombismo, es bastante claro que podían haberle encontrado una vuelta un poco más interesante.
El lunes pasado discutíamos con el Conejo acerca de las dificultades de transitar toda esa cultura Pop que nos nutrió de niños y adolescentes en los años de la posdictadura, con la emergencia de la Globalización y trasladarla a una literatura Argentina que tuviera sentido y no fuese una mera rerpoducción de una estructura como una carcaza vacía. La respuesta que encontramos es aprovecharse de esos elementos que nos constituyen pero dándoles una vuelta política y convertirlos en motivo de intervención desde la literatura.
Exactamente lo contrario de lo que hace Dead Snow.

Calificación: 5/10 Rufiancitos.

P.D.: Me comentó mi amigo el Outsider que hay otra película con zombies nazis: Outpost. Voy a ver si la veo. Espero que sea mejor.

17 de julio de 2009

Mi gata Chuletas como metáfora del pensamiento político predominante en la argentina contemporánea

Mi gata Chuletas. Aurora de un nuevo día en sus años mozos y juveniles.

Realmente adoro a mi gata Chuletas. Tengo dos gatas que el lunes y el miércoles cumplen 8 años cada una. Maruca y Trudy, pero le decimos chuletas porque es más simpático. Además porque es obesa. A veces le digo “Fruly” o “Gato Tarado” o diversos apelativos que total, por ser gato ni la mosquean. En otras ocasiones me pongo en cuatro patas al lado de ella y le maúllo como ella me maúlla a mí. Es en esos momentos que el gato (es nena pero le cambio el género cuando me refiero a ella bastante seguido) me mira extrañado, inclina levemente la cabeza y me devuelve el maúllido y así podemos estar un rato en un ida y vuelta de maullidos que supongo, a ella le dirán mucho pero para mí resultan tan extraños como cuando ella me escucha cantarle la canción de cancha adaptada por mi bro y yo que dice: “Gata / Gata Tarada / Fui a mi cama y te encontré tirada” porque sí, siempre anda durmiendo arriba de mi cama y mi bro se la pasaba todo el tiempo cantando eso de "Cuervo, sos un tarado / fui a tu cancha y me encontre con un mercado / Estaba pintado de rojo y azul / con un cartel grande que decia Carrefour / Compre frutas y verduras / y pescados me afane!!! / Nuestra cancha es de cemento / la tuya es un almacen!!"
Chuletas es una de las gatas más lindas que vi y eso que soy un fanático de los gatos por lo que dedico bastante tiempo a observarlos cada vez que veo alguno por la calle. He conocido gente que se enamoró de tal forma de mi Gatín (otro apelativo que hace mucho que no le dedico pero que fue bastante utilizado por mí para referirme a ella) que pasó de la distancia y el desinterés por el género gatuno al amor incondicional por el mismo y la consecuente incorporación de un felino en su vida.

Mi gata Chuletas en una inusual muestra de amistad con su Tía Maruca.

Nadie se puede resistir a la mejor cara de gato que hayan visto y su cuerpo de colchón de pelambre tipo almohadón.
Claro, por ser gato tiene otras características garfieldianas que yo resumo en la Triple D: Dormir, Deglutir y Defecar. Básicamente su vida consiste en eso. Supervivencia pura sin complicaciones. A veces sin embargo, tiene que correr a esconderse bajo la cama porque es muy cagona y cuando viene gente se asusta y no sale hasta que hayan pasado unos cuantos minutos de que el invitado se haya ido de casa. De tan solo escuchar el timbre del portero eléctrico, esté donde esté, corre moviendo sus mollejones en un rítmico bailoteo para meterse a duras penas abajo de la cama. Un descontrol total de su anatomía, y recemos para que no tenga ningún obstáculo en el camino porque apenas es capaz de controlarse y corre riesgo de porrazo. La pobre para dar un satltito lo tiene que preparar con mucha fuerza porque ya ni a mi cama puede subirse con destreza y agilidad.
Está un poquito obesa como dije, y es que en casa la complacemos y ella se fue haciendo caprichosa... dos veces por día exige a los maullidos, los quejidos y la arrastrada de cabeza sobre el cuerpo de uno que quiere, necesita comer.

Mi gata Chuletas haciendo dos de las cosas que más le gustan hacer en su gatuna vida: tirarse en la cama como si estuviera muerta y abrir la boca.

Además, supo ganarse otro apelativo: “Gato Poronga” porque a poco de llegar a casa se ganó su lugar de Gato Alfa sacando a cabezazos a su tía Maruca del pote de la comida. Primero come ella, la otra se tiene que conformar con lo que quedó y obviamente yo no intervine en estas luchas territoriales.
Mi Gata Chuletas lo que quiere es servicios. Ella sólo quiere que le solucionen la vida: un lugar donde dormir, un poco de agua y comida cuando ella quiere y un buen lugar para cagar. Limpito y sin cosas de color negro por favor.
Mi Gata Chuletas no entiende de las condiciones necesarias para que las cosas funcionen. Ella, con su limitada y preciosa cabecita sólo entiende de impulsos biológicos y quiere que se los satisfagan.
Mi Gata Chuletas es la mayoría que votó para que los tecnócratas recibidos de la UP les hablen de que no hay ideologías sino que hay equipos y soluciones. Mi Gata Chuletas no puede entender dada su escasa capacidad cerebral que para que en casa haya comida, agua, piedras donde cagar y una cama donde dormir, ciertas condiciones de relaciones de trabajo, clases dominantes y clases dominadas se juegan todos los días.
Mi Gata Chuletas al igual que la mayoría vota para que le den todo masticado en el discruso posideológico que es una mentira porque oculta precisamente lo que años de pensamiento crítico nos permitieron ver.

No sé por qué a mi Gata Chuletas le gusta ponerse siempre en posición de recibir.

Pero mi Gata Chuletas no tiene la culpa de no poder ver. Ella no puede elegir no poder ver.
Abandonar el pensamiento crítico es dar por perdida la batalla y quedarnos en el estadío de la Triple D, como animalitos simpáticos y un poco estúpidos.

10 de julio de 2009

Stieg Larsson de la mierda

Lisbeth Salander en versión figurín de Lucas Varela. Pasen por su blog que tiene otros más que interesantes dibujos sobre la Saga Millenium que le pasan la escoba a las feas producciones gráficas de las tapas de las ediciones castellanas.


Cuando el año pasado vi por primera vez la tapa negra con el dibujo bastante feo (a mi entender, los figurines que hizo Lucas Varela son mucho más interesantes) de Los hombres que no amaban a las mujeres (como dice Peseta (@diariodelectura), un título que parece gay-friendly) pensé que nunca lo leería. Best-seller, más gente enfervorizada con su lectura, más ladrillo de más de 600 páginas no son precisamente el tipo de combo literario que me interesa.
Entonces pasó que un socio de la biblioteca donde trabajo, que tiene un olfato literario muy bueno para no ser un especialista en el tema, me lo recomendó con mucho énfasis y hasta se propuso a prestármelo. Lo leí.

Larsson no es un genio de la pluma, aunque tampoco es malo. Su prosa parece un poco esquemática y trabada en algunas situaciones que son difíciles de describir, abunda en descripciones largas sobre sus personajes (ha creado todo un teatro de títeres bastante interesante por contrapartida) y las cosas empiezan a ponerse realmente buena a partir de la página 300 cuando es casi la mitad del libro.
Y sin embargo, engancha, se lee de un tirón y uno puede pasarse horas leyendo el ladrillo sin darse cuenta y cuando mira la hora ver que pasaron por lo menos dos horas y más de cien páginas. No genera ni culpa por el tiempo perdido al sueño ni nada por el estilo sino más bien, el lamento de saber que uno ya no puede seguir leyendo por cansancio ocular o tener que levantarse al día siguiente para ir a trabajar o tener que dejar el bar antes que el mozo se ponga a rondarnos señalando que un cortadito por tres horas de lectura no es una ecuación que vaya a funcionar ahí.

Los hombres que no amaban a las mujeres
no es tampoco, en sí mismo, una novela tan inolvidable o genial. Me acuerdo que cuando Mario (Un buen tipo) me preguntó que me iba pareciendo, le dije: “Mirá, por ahora parece el típico caso del crimen en el cuarto cerrado pero en una isla” y que la vez siguiente que me puse a leerlo, Blomkvist (el periodista protagonista de la saga junto con Lisbeth Salander) decía exactamente lo mismo, casi con palabras calcadas.
Es un poco predecible (otra socia de la biblioteca que lo estaba leyendo me dijo: “Me parece que va a pasar tal cosa ¿no? ¡No me digas! ¡No me digas!” Y me guardé de confirmarle que efectivamente, su suposición era acertada y que yo mismo lo había supuesto) lo que no sé si es un pecado o un error en el libro. Decía Raymond Chandler que en una novela policial es imposible que el lector resuelva el misterio en base a los datos que la novela provee a priori. Si uno lo adivina es de puro azar. No sé entonces si fue que hubo demasiado azar o una construcción un tanto deficiente en el enigma porque que dos lectores hayan llegado a la resolución del misterio muchas páginas antes que este quede al descubierto no lo había visto nunca antes.

Hacia el final, el gusto que me quedó fue de que era una novela entretenida, con personajes queribles y un buen manejo de ciertos registros juveniles: la inclusión de palabras en inglés, como creo que muchos de los que interactuamos con la cultura global, con internet y con los trends que bajan en anglosajón poseemos, marca un punto de quiebre interesante en la literatura que veníamos leyendo.
Si Suecia se viene formando una pequeña tradición de Nueva Literatura Policial con Papá Henning Mankell, lo que tenemos acá es a Stieg Larsson que masticó ese policial con “mensaje social” (si hay algo que me resultó insoportable de Los hombres... fue la inclusión de datos estadísticos sobre el maltrato a las mujeres en Suecia en la portadilla de cada parte del libro) y lo llevó a un tono jovial y adolescente/post-adolscente con una protagonista inadaptada social y hacker y otro periodista de izquierda euroepa y sueca.
Larsson nos quitó a ese Walander viejo chocho y nos puso a la anoréxica sola contra el mundo que tiene mucho más swing.

Y ese es otro error a mi entender, de ese primer título de la trilogía Millenium. Al menos en la edición castellana: el título debería estar enfocado en Lisbeth que a fin de cuentas es la columna vertebral de la trilogía o eso parece ser al menos hasta el segundo libro (porque sí, ayer terminé de leer Millenium 2: La chica que soñaba con una cerrilla y un bidón de gasolina y en breve me referiré a él). En inglés entendieron esto y acertadamente la traducción le puso: La chica con el tatuaje del dragón. El segundo tomo es La chica que jugaba con fuego (un título muchísimo más sutil y acorde a la trama).
Entonces llegamos a ese libro. Millenium 2. Es pertinente introducir en este momento la variable “traducción”. Parece ser la traducción más esquizofrénica que haya visto. El libro se llama como ya saben: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina pero no bien empezar el libro, en el prólogo se nos dice: “Fantaseó con un bidón de gasolina y un fósforo.” Hasta donde yo sabía gracias a las miles de horribles traducciones que leí, en IbericaLand, a los fósforos siempre les dicen “cerillas”. De hecho en el DRAE, la definición de Fósoforo tiene la acepción que nosotros conocemos recién en segundo lugar: 2. m. Trozo de cerilla, madera o cartón, con cabeza de fósforo y un cuerpo oxidante, que sirve para encender fuego. ¡Y que me cuelguen si no es tautológica! Veamos la definición de “cerilla” según el DRAE: 1. f. Varilla fina de cera, madera, cartón, etc., con una cabeza de fósforo que se enciende al frotarla con una superficie adecuada. WTF? ¿Qué se supone entonces que es un fósforo? Nosotros lo sabemos, pero los traductores habrán considerado que era más adecuado poner de título del puto libro “cerilla” y en la página 10 del mismo usar “fósoforo” que me imagino, algún ibérico habrá confundido con el elemento químico del cual en nuestra concepción es metonimia.
Máxime cuando es evidente que, La chica que jugaba con fuego es un título MUCHÍSIMO más acorde al juego que propone la trama.
Pero a lo que quiero ir es a que la traducción, por raro que parezca, es de las más tolerables que he leído en años. No contabilicé ningún “tío” (aunque sí una sóla “tía”. En dos tomos de 700 páginas promedio es récord. Quizás me haya confundido y los haya leído acostumbrado, pero lo importante es que no cortan el tono de la lectura), menos un “follar”, “polla”, “tíovivo”, “fornicio”, “folleque”, “follón”, y variables similares. Un gran alivio que hizo de la lectura un placer mucho más intenso, sin las insolentes interrupciones del gallego hablándome en slang ibérico. Excepción sea hecha: que alguien me expliqué qué re-carajos significa "inri" en slang ibérico juvenil.

La chica que jugaba con fuego (de ahora en más me referiré así a Millenium 2) es todo lo que La chica con el tatuaje del dragón (de ahora en más me referiré así a Millenium 1) no llegó a ser.
Se nota una trama muchísima más elaborada, una prosa más ágil, situaciones mejor resueltas (aunque parece ser estructural (porque aparece en las dos novelas) que haya una escena donde un personaje salve de la muerte a otro que está siendo amenazado por un maniático) y un ritmo más veloz (aunque también, la cosa empieza a ponerse buena justo a la mitad del libro, cuando uno ya se comió 300 páginas).
Definitivamente la balanza empieza a inclinarse hacia Lisbeth y Mikael “Kalle Blomkvist de la mierda” como lo llama ella, no deja de ser un personaje interesante, pero que ahonda en su sosez de “buen sueco/buen europeo” que a veces aburre. “Señor Perfecto” también lo llama Lisbeth que es justamente, cualquier cosa menos perfecta.

A veces peca de excesivo Larsson pero lo hace con una ingenuidad que provoca ternura. La inclusión del boxeador Paolo Roberto y la rememoración de su combate con el “boxeador argentino (!!!!!) Sebastián Luján” parecen un exceso típico de exotismo. Pero lo soportamos al igual que Lisbeth soporta a Mikael Blomkvist. Y es que los personajes terminan siendo, por lo general, muy adorables. ¿Cómo explicar si no la empatía por el policía “Burbuja” Bublanski? Porque el narrador se encarga de enternecernos con esos pequeños rasgos de personalidad. Lo que a veces se le va de las manos con un maniqueísmo un poco torpe: los malos son malísimos (y estúpidos) y los buenos son buenísimos (y brillantes). Los malos son monstruos de la naturaleza o errores sociabilización y los buenos... son los buenos y punto.

Un punto bastante cómico para un lector de estos lares es la parte de la trama que se ocupa de Blomkvist enfrentando face to face a tipos que va a denunciar por trata de blancas, para asegurarse de que no serán denuncias infundadas. La posibilidad de pensar en un investigador acercándose a un tratante de blancas en la argentina para preguntarle si realmente tiene putas escondidas en un local de Once para entonces denunciarlo a la justicia y no pensar que ese intrépido que haga la pregunta va a aparecer al día siguiente en una zanja, causa gracia.
Y en esta inverosimilitud, hay una escena en particular hacia el final de la novela que descalabra cualquier intención de mantener un mínimo de realismo digna de ser considerada un homenaje a cierta escena famosa de Kill Bill 2, pero que sin embargo, logra mantenerse en pie.

Y ahora el 1 de agosto es el día esperado. Algunos cumplirán años ese día, otros esperarán que llegue el nuevo mes para cobrar un nuevo sueldo y otros, esperarán que salga en castellano y en Buenos Aires el volumen 3 de la trilogía Millenium con la que se cortó prematuramente el monumental proyecto de Larsson de hacer 10 novelas en su cosmogonía de la Revista Millenium.
Sabremos finalmente si el tercer libro es al segundo lo que el segundo es al primero. Y espero que sí lo sea. Ese Stieg Larsson de la mierda se lo tiene merecido. En especial porque no es un Stieg Larsson de la hostia como era de esperarse de una traducción gallega. Es de la mierda.

3 de julio de 2009

Catch the flow, get the flu

Lo criticamos por usar barbijo, ¡pero tenía sus motivos!
Foto vista acá.

Ayer en la biblioteca una mujer que suele venir a perder su tiempo (que de todos modos no parece ocupar de ninguna otra forma) se sentó en soledad en una de las PC que tenemos para uso público.
Desde que explotó la psicosis colectiva por la GripA, es decir, desde ayer precisamente, mis tardes en la biblioteca pintan bastante solitarias, con poca gente que viene más allá de los dos o tres vagabundos que no se pierden un sólo día de internet gratuito.
Uno nunca piensa en qué haría con todo su tiempo libre si fuese un vagabundo ¿no? Bueno, las opciones parecen estar en repartir ese tiempo entre ir a buscar comida a hogares y centros de beneficencia, leer diarios en las bibliotecas públicas (como mi lugar de laburo) y leer más diarios en internet, mandar cientos de e-mails quejosos, un tanto psicotizados a remitentes que nunca los contestarán y leer más diarios, noticias y sitios de tarot virtual en la web.
Como decía antes de perder el hilo, esta mujer entró con un gorro de lana y bufanda cubriéndole toda la cara que parecía E.T. en la escena de las bicicletas.


Yo mientras estaba leyendo sobre judaísmo (un recomendable libro aunque bastante apoyado en el costado religioso: “¿Qué es el judaísmo?” de Emil Fackenheim, Editorial Limond, Buenos Aires, 2004). Entonces fue cuando escuché un crujido, como de alguien abriendo una bolsa. No me sorprendió porque de última, suelen traer bolsas con lo que reciben en algunos lugares. Pero cuando vi que el crujido de la bolsa era insistente me levanté y me puse al lado de ella. Tenía puestos unos guantes de nylon tipo panadero y con eso intentaba teclear.
No sé bien qué le dije, pero se sacó los guantes y me preguntó dónde podía encontrar un baño entonces para lavarse las manos.
La tarde pasó aburrida y vacía. Cuando fui para Puan me encontré con que el boletero del subte atendía con barbijo. La gente sacaba a cada rato sus potecitos de alcohol en gel y debo admitir que mi viejo vicio de usar ese producto por el cuál me gané apelativos de ser un metrosexual o el menos eufemístico “aputasado”, se conjugó con mi neurosis obsesiva: Si voy por la calle pero no toco nada ¿me tengo que lavar las manos con alcohol en gel? ¿Cada cuanto tiempo? Si me agarro del barral de metal del subte y me pican los ojos ¿Tengo que lavarme con alcohol en gel, rascarme, agarrarme de vuelta y cuando me vuelva a picar, volver a aplicarme el alcohol? ¿Si quiero mandar un SMS? ¿Cómo hago? ¡Porque no voy a dejar todas las teclas infectadas con el virus! ¿Y si me estoy agarrando de la argolla de plástico del Subte? Porque todos sabemos que el virus vive en lugares fríos y húmedos como el metal del barral, ¿pero y el plástico?
A todo esto la gente con barbijos hacen justicia póstuma con Máicol de quien tanto nos burlamos por su look post-apocalíptico y me da la sensación que en cualquier momento vamos a empezar a vivir en un mundo Fallout-eado.

¿Querías barbijo? ¡Tomá! Como es evidente a esta altura, el Apocalipsis al "Fallout Style" está a la vuelta de la esquina, por lo que recomiendo que vayan comprando sus Power Armors así no tienen que bancarse el canto de la tribuna que desenfrenada les gritará: "Compra-te un barbi-jo la puta que lo parioooo / Compra-te un barbi-jo la puta que lo parioooo, etc." o el menos popular pero no por ello menos cruel: "X (pongan su nombre aquí) mi buen amigo / vi tu barbijo y me encontré con un mercado" bueno, no, no tiene sentido, pero quería decirlo igual.


Llegé a Puan y noté menos gente. Pero bien podía ser por el fin del cuatrimestre. Entré por el pasillo principal, a la escalera y ahí estaba, un dispenser de alcohol en gel para uso público.
Entonces otra tortura: estar sentado y pensar que el banco quizás tuviera gripA y entonces lavarme las manos a cada rato y pensar que cualquiera puede ser el enemigo y entonces pienso: “Bueno, che, ¡pero es una puta gripe de última! ¿Qué puede pasar? Un poco de dolor de cabeza, un poco de congestión, unos días en cama tomando tecitos...”. Entonces pienso una vez más que no entiendo cómo es que la gente se muere de gripe común. Algo que nunca entendí.
Me fueron llegando mensajes de texto: que cerraban Puan, que no lo cerraban, que en cualquier momento venían los tipos con trajes antirradiación a ponernos en cuarentena. No pude dejar de mirar las paredes y ver virus por todos lados, como si la materialidad del mundo se hubiera convertido en código binario al estilo Matrix y todo ese código estuviera infectado con gripA.
Fue una semana dura. El apocalipsis empezó el domingo en el cuarto de votación, con la almohadita para mojarte los dedos y cerrar los sobres. Ya en la cola había muchísimos con sus barbijos encasquetados y no pude evitar algunos LOLs.
Mi profesor de Prácticos de Pensamiento Argentino y Latinoamericano contó el martes a la noche que fue fiscal de mesa y que cuando se le acercaron con barbijo los apuró hasta que un tipo le dijo muy serio: “Lo hago para protegerte a vos” y ahí tuvo que quedarse en estado WTF.
Pero una compañera retrucó con una anécdota mejor: según contó, estando en el colectivo tuvo la mala idea de toser un poquito lo que llevó a que inmediatamente, dos personas que estaban cerca sacaran de sus bolsillos los barbijos para ponérselos a toda velocidad.
Todos sabemos que esta plaga es un castigo de Dios a los Argentinos por haber hecho que el Pro ganara en los dos mayores distritos del país (es fácilmente comprobable: hasta la semana pasada, pre-elecciones, había tan solo 1300 infectados promedio y hoy ya son 100.000), y por eso es que Rodríguez Berreta se agarrara la gripA fue una forma de Dios de marcarnos dónde está el mal. Cuando me enteré de este notición, fue el único momento en el que lamenté que esta epidemia no sea realmente mortal, como la Peste Bubónica o algo más doloroso porque si hay alguien que merecería una gripe PROcina en ese caso, sería ese arlequín.
Otra cosa que nunca entendí es cuándo empezamos a hablar de “Infleunza”. Y lo de “Gripe A” es bastante gracioso si consideramos que “Gripe Porcina” le trajo dolores de cabeza a los criadores de chanchos que vieron caer sus ventas por este desliz (in)significante.
Entonces Influenza, Gripe, Gripa, Flu, Catch da Flow, Get the Flu y todos los chistes malos que se les ocurran.
Estoy sentado en la PC escribiendo, releyendo el poema que mandó el Departamento de Letras para hacer acto de presencia en esta crisis y se acerca mi jefe a paso lento, me paro para recibirlo y me señala que no hace falta, que me quede sentado, pero me paro igual.
Me avisa que después de una reunión con un conocido infectólogo se decidió que a partir de este sábado y por 15 días cierran todo el club donde trabajo.
Se va y me quedo pensando en qué van a hacer con su tiempo los vagabundos que vienen a la biblioteca durante las próximas dos semanas.

5 de junio de 2009

Crónicas de la amargura: Especial Elecciones 2009

Dificilmente vayamos a volver a ver algún día una campaña tan bizarra y divertida como la de elección de Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2007.
Sin embargo esta campaña para las elecciones de Junio tiene sus highlights que hay que destacar.

No voy a negar mi sorpresa cuando el otro día, volviendo de mi clase de Psicoanálisis I en la Facultad de Psicología me encontré en Rivadavia y Pueyrredón, con este cartel que es toda una declaración de las políticas macristas en la Ciudad:

¡Cuidado! ¿Cuántos muertos tendrá el gobierno de Macri en el placard?


Teniendo en cuenta que la gestión macrista no ha sido otra cosa más que arreglar un par de baches y pintar los bancos de algunas plazas (en ese amarillo hepatítico y chillón que revuelve las tripas al tiempo que nos recuerda que vivimos en la Ciudad Taxi de Macri) el cadáver en el suelo lo único que hace es alertarnos de que no todo es color de rosa en Macriland. Todo es amarillo.
Y hablando de taxis, la campaña del Pro guy Daniel Amoroso realmente no tiene sentido. ¿La vieron? Esta foto la saqué en Libertad y Corrientes. Que alguien me explique ¿dónde tiene sentido? ¿Qué tiene sentido?

Sin sentido.

En todo caso le encuentro más sentido a esta señorita caracterizada como The Pro:

The Pro. Tiene el mismo color amarillo y es tan puta como Macri trata a la Ciudad. Tiene sentido.

No habría elección sin los postulados ignotos de siempre y los que se postulan insistentemente una y otra vez. En este caso nuestro amigo el Juez Julio Cruciani vuelve a la carga con su inefable moñito convertido ya en un símbolo, un escudo partidario.
El volante es realmente confuso. Con la cara de mozo gallego del Bar Inglés que tiene Cruciani y su gesto típicamente porteño de "pedir un cortadito" el Juez podría ser el candidato de todos los mozos revelados de la Ciudad que dicen: "¡Esta vez, el cortado lo pido yo!"

Múltiples personalidades. No teníamos suficiente con el "Francisco + Gabriela + Mauricio = Vos(ta)" que ahora le agregamos el "Yo, soy usted" del Juez "Moñito Loco" Cruciani. Claro, el problema es que él se pide un cortado pero como él es vos, el que lo garpa, ¡Sos vos!


No conforme con andar pidiendo cortados para que los pague Usted o Vos o ya ni sé si te tutea o te trata de Señor o Señora que la cosa se sigue poniendo interesante.
Como podemos comprobar en la foto que acompaña su plataforma, el Juez Cruciani es un distendido que le gusta usar la ropa por fuera del pantalón que así es mejor, más cheronga y no se arruga.



La juventud que viene marchando. Como dice Cruciani entre los moños y la afirmación temeraria de que él es vos, su partido está lleno de jóvenes como lo demuestra la foto. Y para estar en la moda juvenil, Julio (es decir, vos) se saca la ropa de adentro del pantalón sólo a la mitad de la prenda.


Pero está muy mal comentar todos estos aspectos del Juez Cruciani sin poner a disposición de todos los lectores sus propuestas. Acá van:

Caps Lock. La tecla favorita del redactor de este volante-plataforma que parece haberse copado mal con la teclita y como en una sesión de chat desaforada, te grita sus verdades.
En especial la referida a Seguridad ¿Alguien me explica qué se supone que significa que "El que mata no mata dos veces"?


Y por último, el Juez sabe que el valor legal de la firma importa por lo que estampa su rúbrica haciendo el hecho de que él sea vos un asunto bien espinoso que ni el propio J. Derrida en su Firma, acontecimiento y contexto podría dilucidar.

Ponele la firma. No, mejor no. Cruciani la pone por vos.

Ahora, volviendo a los asuntos más serios de la vida, una preocupación realmente espeluzante me agarró cuando leyendo un volante de la Facultad de Ciencias Económicas me enteré que el kirchnerismo se habría aliado con la Internacional Comunista (¡Horror!). ¡Esta importación de pensamientos que son contrarios al sentir nacional, Cristiano y Campestre debe acabarse cuanto antes!

Cruciani es vos, Kirchner es Altamira. Obviamente en Económicas me lincharían.

Ahora, lo realmente interesante del volante McCarthysta es la parte de abajo donde denuncian a los componentes socialistas e internacionalistas (y por ende, kirchneristas como el Partido Obrero) de la agrupación MxE que supongo gobierna el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Mauricio Macri.

S.O.S. No sé ustedes, pero yo sí votaría a una corriente que se dice deudora de un tipo que fundó una Liga Anticlerical, una Liga Antiimperialista de las Américas y el PC Cubano.

Lo que pasa es que en Económicas están para cosas más serias. Y como son más resolutivos y prácticos, ¡Ni papel derrochan! En los volantes políticos te metene el chivo como para no ser acusados de Comunistas derrochones.

Belgrano te enseña. El prócer también era un maestro en los análisis de Balances y ahora te enseña sus habilidades.


Es que claro, la gente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Mauricio Macri son todo lo contrario del fundamentalismo de izquierda radical que acapara los pasillos de las facultades de Filosofía y Letras de la Universidad del Porro en el Patio o la de Ciencias Sociales de la Universidad de la Protesta en el Garage Privado:

Radicales. Pero de izquierda y no de la Unión Cívica.

Lamentablemente, y a pesar del ultra-cool saco color mostaza de Jorge Altamira y su incursión por el mundo de la Web 2.0 para ganar adeptos, las cosas no paren estar yendo tan bien para la izquierda que quedó como si hubieran integrado una bomba fragmentaria explotada: todos por todos lados y tan chiquitos que apenas si los podés distinguir del polvo.

Por suerte siempre nos quedarán las paredes de los baños de Puan. Pese a su muy a la moda saco mostaza, la campaña del PO viene picada. Pero por suerte siempre habrá baños en Puan donde hacer pegatinas. En cualquier momento se viene el Comité Central de Campaña en el Boquitas Pintadas.

La centroizquierda también tiene sus problemas:

Las paredes de los baños de Psicología también hablan. Y dicen que: a) Evidentemente tengo una compulsión a ir a mear después de cada clase. b) Psicología es bastión del kirchnerismo. c) Plantean la siguiente pregunta: "¿Y este Pinito cómo se fuma?"

Evidentemente Pinito Solanas es un porrito dificil de fumar para Heller y Co.

De todos modos la innovación más impresionante de esta campaña es el gran salto hacia adelante dado por los Trotskystas buenos y voluntariosos del PTS. Siempre rezagados, ellos no se dan por vencidos y le ponen buena onda a la campaña. Porque al mal tiempo, ¡Cara de papa!

Combatiendo la Majulización de la TV argentina. ¿Cansado de verlo a De Narváez en TODOS los programas políticos de TV abierta y privada? ¡No te preocupes! Llegó PTS TV! Con los mismos estándares de calidad que Canal 26 pero con menos Grondona y más Christian Castillo.

29 de mayo de 2009

Liberalism for dummies


Leía el otro día a J.B. Alberdi y me encontré en sus Bases el siguiente párrafo:

Ya América está conquistada, es europea y por lo mismo inconquistable. La guerra de conquista supone civilizaciones rivales, estados opuestos, el salvaje y el europeo, v.gr. Este antagonismo no existe, el salvaje está vencido, en América no tiene dominio ni señorío. Nosotros, europeos de raza y civilización, somos los dueños de la América.
No pude evitar pensarlo en relación al video de Macri diciendo que si la ciudad está como está es por problema de las invasiones de paraguayos y bolivianos. Mauricio Macri, descendiente, hijo pródigo del liberalismo argentino, como Alberdi pero menos inteligente, y pienso que para un tipo como él, ver que la ciudad se llena de paraguayos y bolivianos no es sólo la tragedia de ver a gente pobre invadir sus palacios, sino que es el problema del color de piel, de la herencia racial.
La mayor parte de la población paraguaya y boliviana es de ascendencia indígena directa, sin mezcla con europeo.
Nuestra triste tradición liberal, entremezclada con romanticismo e ilustración (sí, una mezcla tan extraña y excepcional parece que sólo era posible en esta misma tierra que tantos hombre consideraron la creadora de tantos oxímorones) veía con verdadero asco a las masas. Alberdi veía con asco a las masas de indios, Sarmiento veía con asco a las masas rurales que le hacían la guerra a la Ciudad y necesitaron de un hombre fuerte como Rosas para contenerlas y ponerlas a su servicio: la vieja idea machacona del clientelismo político que tanto escuchamos, Ramos Mejía veía con asco a las masas en general y Macri actualiza el asco hacia todo lo que no es su chillón amarillo hepatítico.
Entrad en nuestras universidades, y dadme ciencia que no sea europea; en nuestras bibliotecas, y dadme un libro útil que no sea extranjero.
Reparad en el traje que lleváis, de pies a cabeza, y será raro que la suela de vuestro calzado sea americana. ¿Qué llamamos buen tono sino lo que es europeo? ¿Quién lleva la soberanía de nuestras modas, usos elegantes y cómodos? Cuando decimos confortable, conveniente, bien, comme il faut ¿aludimos a cosas de los araucanos?
¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Aracucaria, y no mil veces con un zapatero inglés?
Decía Alberdi y el liberalismo local se lo inyectó en la sangre como por hipodérmicas y le hicieron creer a la gente que todo lo que es argentino es malo, berreta, que la industria nacional no sirve para nada porque todo lo que vale la pena viene de afuera. Acá tenemos el Campo. Como dijo otro energúmeno, El Campo, los Militares y la Iglesia son lo que hicieron grande a este país.
En América todo lo que no es europeo es bárbaro: no hay más división que esta: 1°. el indígena, es decir, el salvaje; 2°. el europeo, es decir, nosotros, los que hemos nacido en América y hablamos español, creemos en Jesucristo y no en Pillán (dios de los indígenas).
No hay otra división del hombre americano.
Sigue Alberdi y lo vemos a Macri echar espuma por la Boca, emocionado con sus propias palabras, porque todo hace sentido, porque los negros de mierda, los cabecitas negra, los indios, los araucanos y los boliguayos son todos la misma mierda, pero él se encargó de limpiarles bien el culo poniendo a Boca, Boquita, en el centro del escenario Mundial, llevando al Primer Mundo ese Club que merece un público más respetable que esa manga de fronterizos.
Haced pasar al roto, al gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares, por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción: en cien años no haréis de él un obrero inglés, que trabaja, consume, vive digna y confortablemente.
La claridad de Alberdi es impresionante. Macri lo lee y asiente. Macri lo lee y se golpea la frente con la palma de la mano: “¡Pero claro! Este tipo está diciendo lo que yo siempre pensé pero nunca pude articular en discurso” y se siente reconfortado porque tiene al fin, los argumentos para llevar a cabo lo que hasta este momento venía siendo en él, instintivo: destruir la escuela pública. Total, ¿Para qué la necesitamos? Si los negros paraguayos y bolivianos que nos invadieron no sirven para nada, si ni toda la instrucción que les demos los va a sacar de la Barbarie.
La clase media que no puede ver que vota a sus verdugos, a los que les quieren quitar el privilegio social y hundirlos en el proletariado de esos paraguayos y bolivianos que nos invaden sigue pensando en votarlos porque son gente nueva, sangre fresca, se visten como europeos pero de los buenos, de los que quería traer Alberdi, esos obreritos ingleses obedientes y silenciosos que iban del trabajo a casa y de casa al trabajo y no hacían piquetes, ni huelgas, ni molestaban cortando el tránsito. La clase media que repite a Ramos Mejía diciendo que “El verdadero hombre de la multitud ha sido entre nosotros el individuo humilde, de conciencia equívoca, e inteligencia vaga y poco aguda, de sistema nervioso relativamente rudimentario e inadecuado que percibe por el sentimiento, que piensa con el corazón y a veces con el vientre...” y se queja porque esos negros que van a las marchas, van todos por el choripán y la coca-cola, piensan con el vientre.
Cada vez que me subo al colectivo veo las caras de la gente, veo sus ojos, trato de imaginarme cómo piensan, me hierve la sangre con la certeza de que estadísticamente, más de la mitad de la gente ahí arriba lo votó a Macri y lo va a votar de nuevo y que así, en 2011 lo vamos a tener de Presidente, y como nuestra Constitución es tan alberdiana que incluye eso de “Una presidencia monárquica”, tener un Presidente es casi como tener un Amo y Señor y eso va a ser Macri dentro de unos años. Cumpliendo el sueño de Alberdi, pero el sueño Bobalicón de Alberdi, la Versión For Dummies de Alberdi.
Recorro otros textos, otros pensadores y por ahora, en todo el fucking siglo XIX, no encuentro nada y hasta con Juan B. Justo, ya en el siglo XX por quien empiezo a sentir alguna leve simpatía, no termino de encontrar ese pensador que me haga decir: “La puta madre che, al final de cuentas hay alguien en quien fijarse como modelo para hacer algo.” Y después leo el diario, una nota de Pigna en la Revista Viva que cuenta el martirio de Simón Radowitzky y ahí sí, suspiro.